domingo, 26 de julio de 2020
2020 HÁBLAME DE TI: Día 148 un curso de milagros
2020 HÁBLAME DE TI: Día 148 un curso de milagros: Ofrenda 208 para mi árbol de dorados frutos que es mi vida. Lección 135 Si me defiendo he sido atacado. ¿Quién se defendería a sí mi...
2020 HÁBLAME DE TI: Día 147 un curso de milagros.
2020 HÁBLAME DE TI: Día 147 un curso de milagros.: Mi ofrenda 207 para mi árbol de d orados frutos de mi año 2020 En el proceso de enseñanza a veces es beneficioso, especialmente desp...
Día 148 un curso de milagros
Ofrenda 208 para mi árbol de dorados frutos que es mi vida.
Lección 135 Si me
defiendo he sido atacado.
¿Quién se defendería a sí mismo a menos que creyese que ha sido atacado,
que el ataque es real y que defendiéndose es cómo puede salvarse? En esto
radica la insensatez de las defensas, las cuales otorgan absoluta realidad a
las ilusiones y luego intentan lidiar con ellas como si fuesen reales. Actúas
basándote en la creencia de que tienes que protegerte de lo que está ocurriendo
porque ello encierra una amenaza para ti.
Sentirte amenazado es el reconocimiento de una debilidad inherente; es,
asimismo, la creencia de que hay un peligro que tiene el poder de incitarte a
que busques una defensa apropiada. El mundo está basado en esta creencia
demente. Y todas sus estructuras,
pensamientos y dudas, sus castigos y su pesado armamento, sus definiciones
legales y sus códigos, su ética, sus líderes y sus dioses, no hacen sino
perpetuar esta sensación de amenaza.
Las defensas son atemorizantes. Surgen del miedo, el cual se
intensifica con cada defensa adicional.
Examinemos en primer lugar qué es lo que defiendes. Debe ser algo
muy débil y vulnerable. Algo que es presa fácil, incapaz de protegerse a
sí mismo y que, por lo tanto, necesita que tú lo defiendas.
Debe ser tu cuerpo, sin embargo, tu
cuerpo no necesita ninguna defensa. El cuerpo se mantendrá fuerte y saludable
si la mente no abusa de él asignándole funciones que no puede cumplir,
propósitos que están fuera de su alcance y elevadas metas que no puede
alcanzar. Tales intentos ridículos, aunque celosamente atesorados, son la
fuente de los múltiples y dementes ataques a que lo sometes. Pues el
cuerpo parece frustrar tus esperanzas, tus valores y tus sueños, así como no
satisfacer tus necesidades.
Defiende el cuerpo y habrás atacado a tu mente. Pues habrás visto
en ella las debilidades, las limitaciones, las faltas y los defectos de los
cuales crees que el cuerpo debe ser liberado. De este modo, no podrás ver
a la mente como algo separado de las condiciones corporales. Y
descargarás sobre el cuerpo todo el dolor que procede de concebir a la mente
como frágil, limitada y separada de las demás mentes y de su Fuente.
Estos son los pensamientos que necesitan curación, y una vez que hayan
sido corregidos y reemplazados por la verdad, el cuerpo gozará de perfecta
salud. La verdad es la única defensa real del cuerpo.
La mente que ha sanado no planifica. Simplemente lleva a cabo los
planes que recibe al escuchar a una Sabiduría que no es la suya. Espera
hasta que se le indica lo que tiene que hacer, y luego procede a
hacerlo. No depende de sí misma para nada, aunque confía en su capacidad
para llevar a cabo los planes que se le asignan. Descansa serena en la
certeza de que ningún obstáculo puede impedir su avance hacia el logro de
cualquier objetivo que sirva al gran plan que se diseñó para el bien de
todos.
Forzar al cuerpo a que se amolde a los planes que una mente no curada
traza para salvarse a sí misma es lo que hace que el cuerpo enferme. En
tal caso el cuerpo no es libre para ser un instrumento de ayuda en un plan que
le ofrece mucha más protección de la que él podría prestarse a sí mismo, y que
por un tiempo requiere de sus servicios. Cuando se utiliza con este propósito,
la salud está asegurada. Pues todo aquello de lo que la mente se valga
para tal fin funcionará perfectamente y con la fortaleza que se le ha otorgado,
la cual no puede fallar.
La mente que se dedica a hacer planes para sí misma está tratando de
controlar acontecimientos futuros. No cree que se le vaya a proveer de
todo cuanto pueda necesitar, a menos que ella misma lo haga.
¿Qué no ibas a poder aceptar si supieses que todo cuanto sucede, todo
acontecimiento, pasado, presente y por venir; es amorosamente planeado por
Aquel cuyo único propósito es tu bien? Tal vez no hayas entendido bien Su
plan, pues Él nunca podría ofrecerte dolor. Mas tus defensas no te dejaron ver Su amorosa bendición iluminando cada
paso que jamás diste. Mientras hacías planes para la muerte, Él te
conducía dulcemente hacia la vida eterna.
Esperaremos hoy con gran expectación ese momento lleno de absoluta
confianza en el presente, pues esto es parte de lo que se planeó para
nosotros. Descansaremos en la certeza de que se nos proveerá de todo cuanto podamos necesitar para
lograr esto hoy. No haremos planes acerca de cómo se va a lograr, sino que
nos daremos cuenta de que nuestra indefensión es lo único que se requiere para
que la verdad alboree en nuestras mentes con absoluta certeza.
Durante quince minutos, en dos ocasiones hoy, nos abstendremos de
elaborar planes sin sentido y de albergar pensamientos que le impidan la
entrada a la verdad en nuestras mentes. Hoy recibiremos en lugar de planear, de manera que podamos dar en vez de
organizar. Y en verdad se nos da cuando decimos: Si me
defiendo he sido atacado. Mas en mi indefensión seré fuerte. Y descubriré lo
que mis defensas ocultan.
Si en cualquier momento a lo largo del día adviertes que cosas pueriles
e insignificantes parecen ponerte a la defensiva y tentarte a urdir planes,
recuerda que éste es un día dedicado a un aprendizaje especial, y reconócelo
repitiendo lo siguiente: Ésta es mi Pascua Florida. Y quiero conservarla
santa. No me defenderé, pues el Hijo de Dios no necesita defensas contra la
verdad de su realidad.
LECCIÓN 136 La enfermedad
es una defensa contra la verdad.
Nadie puede sanar a menos
que comprenda cuál es el propósito que aparentemente tiene la enfermedad. Pues
entonces comprende también que dicho propósito no tiene sentido. Al no tener la
enfermedad causa ni ningún propósito válido, es imposible que exista. Una vez
que se reconoce esto, la curación es automática. Pues dicho reconocimiento
desvanece esta ilusión sin sentido, valiéndose del mismo enfoque que lleva a
todas las ilusiones ante la verdad, y simplemente las deja allí para que
desaparezcan.
La enfermedad no es un
accidente. Al igual que toda defensa, es un mecanismo demente de autoengaño. Y
al igual que todos los demás mecanismos, su propósito es ocultar la realidad,
atacarla, alterarla, incapacitarla, distorsionarla, tergiversarla y reducirla a
un insignificante montón de partes desarmadas.
Las defensas no son
involuntarias ni se forjan inconscientemente. Son como varitas mágicas secretas
que utilizas cuando la verdad parece amenazar lo que prefieres creer. Todo esto no puede hacerse de manera
inconsciente. Mas una vez que lo has hecho, tu plan requiere que te olvides de
que fuiste tú quien lo hizo, de manera que parezca ser algo ajeno a tu propia
intención; un acontecimiento que no guarda relación alguna con tu estado
mental; un desenlace que produce un efecto real en ti, en vez de uno que tú
mismo has causado.
La enfermedad es una decisión. No es algo que
te suceda sin tú mismo haberlo pedido, y que te debilita y te hace sufrir. Es
una decisión que tú mismo tomas, un plan que trazas, cuando por un instante la
verdad alborea en tu mente engañada y todo tu mundo parece dar tumbos y estar a
punto de derrumbarse. Ahora enfermas, para que la verdad se marche y deje de
ser una amenaza para tus falsos castillos.
La verdad sólo desea
brindarte felicidad, pues ése es su propósito. Quizá exhala un pequeño suspiro
cuando rechazas sus dones. No obstante, sabe con absoluta certeza que recibirás
lo que Dios dispone para ti. El poder de la verdad es muy superior al de
cualquier defensa, pues ninguna ilusión puede permanecer allí donde se le ha
dado entrada a la verdad. Y ésta alborea en cualquier mente que esté dispuesta
a deponer sus armas y a dejar de jugar con necedades. La verdad se puede
encontrar en cualquier momento; incluso hoy mismo, si eliges practicar darle la
bienvenida.
Este es nuestro objetivo
hoy. Dedicaremos un cuarto de hora en dos ocasiones a pedirle a la verdad que
venga y nos libere. Y la verdad vendrá, pues jamás ha estado separada de
nosotros. Tan sólo aguarda la invitación que hoy le hacemos. Introducimos dicha
invitación con una plegaria de curación para que nos ayude a. superar nuestra
actitud defensiva y permita que la verdad sea como siempre ha sido: La
enfermedad es una defensa contra la verdad. Aceptaré la verdad de lo que soy, y
dejaré que mi mente sane hoy completamente.
La mente sanará de todo
deseo enfermizo que jamás haya tratado que el cuerpo obedeciera. Ahora el
cuerpo está sano porque la fuente de la enfermedad está dispuesta a recibir
alivio. Y reconocerás que practicaste bien por lo siguiente: el cuerpo no
sentirá nada en absoluto. Si has tenido éxito, no habrá sensación alguna de
enfermedad o de bienestar, de dolor o de placer. La mente no responderá en absoluto
a lo que el cuerpo haga. Lo único que se conserva es su utilidad y nada más.
Más para conservar esta
protección es preciso que te mantengas extremadamente alerta. Si permites que
tu mente abrigue pensamientos de ataque, juzgue o trace planes para
contrarrestar cosas que tal vez puedan pasar en el futuro, te habrás vuelto a
extraviar, y habrás forjado una identidad corporal que atacará al cuerpo, pues
en ese caso la mente estará enferma.
De ocurrir esto, remédialo
de inmediato, no permitiendo que tu actitud defensiva te siga haciendo daño. No
te confundas con respecto a lo que necesita sanar, sino que di para tus adentros:
He olvidado lo que realmente soy, pues me confundí a mí mismo con mi cuerpo. La
enfermedad es una defensa contra la verdad. Mas yo no soy un cuerpo. Y mi mente
es incapaz de atacar. Por lo tanto, no puedo estar enfermo.
sábado, 25 de julio de 2020
Día 147 un curso de milagros.
Mi ofrenda 207 para mi árbol de dorados frutos de mi año 2020
En
el proceso de enseñanza a veces es beneficioso, especialmente después de haber
pasado revista a lo que aparenta ser teórico y estar más allá del alcance de lo
que el estudiante ha aprendido, volver de nuevo a las cuestiones prácticas. Esto
es lo que vamos a hacer hoy. No vamos a hablar de ideas sublimes de alcance
mundial, sino que simplemente nos vamos a ocupar de los beneficios que te
aguardan a ti.
No
pides demasiado de la vida, al contrario, pides demasiado poco. Cuando dejas
que tu mente se ocupe de asuntos corporales, de las cosas que compras y de lo
que es eminente de acuerdo con los valores del mundo, estás invitando al pesar,
no a la felicidad. Este curso no pretende despojarte de lo poco que tienes. Tampoco
trata de sustituir las satisfacciones que el mundo ofrece por ideas utópicas. En
el mundo no se puede hallar ninguna satisfacción.
Hemos
subrayado ya que sólo hay dos alternativas entre las que elegir, aunque parezca
haber muchas. Lo que elijas no puede aportarte solamente parte de sus resultados,
pues en esto no hay términos medios. Cada elección que llevas a cabo o bien te
aporta todo o bien no te aporta nada. Por lo tanto, si aprendes los criterios
mediante los cuales puedes distinguir entre lo que es todo y lo que no es nada,
elegirás la mejor alternativa.
En
primer lugar, si eliges algo que no ha de durar para siempre, lo que estas
eligiendo carece de valor.
En
segundo lugar, si eliges quitarle algo a alguien, te quedas sin nada: Esto se
debe a que cuando le niegas a alguien su derecho a todo, te lo niegas a ti mismo.
El
siguiente criterio que debe examinarse es aquel sobre el que se basan los
demás. Pues el ego no reconoce lo que quiere. Ni siguiera dice la verdad tal
como la percibe, ya que necesita el halo del que se vale para proteger sus
objetivos del deslustre y del enmohecimiento a fin de que tú puedas ver cuán
"inocente" es él. Mas su
camuflaje no es más que un fino velo, que sólo podría engañar a los que les
place ser engañados.
Y
con esto llegamos al criterio de elección más difícil de creer porque, si bien
es evidente, se halla oculto bajo muchas capas de oscuridad. Si sientes el más
mínimo vestigio de culpabilidad con respecto a lo que has elegido, es que has
permitido que los objetivos del ego nublen las verdaderas alternativas. Todas las cosas o bien son valiosas o bien no
tienen ningún valor; o bien son dignas de que se las procure o bien indignas de
ello; esto es lo que hace que elegir sea fácil. La complejidad no es sino una
cortina de humo que oculta el simple hecho de que tomar decisiones no es algo
difícil.
Hoy
intentaremos alcanzar este estado, dejando a un lado el autoengaño y estando
sinceramente dispuestos a darle valor únicamente a lo que en verdad es valioso
y real. Nuestras dos sesiones de práctica deben comenzar con lo siguiente: No le
daré valor a lo que no lo tiene, pues lo que tiene valor me pertenece.
Repaso Lección
134 Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.
Repasemos hoy lo que
significa "perdonar" ya que es algo
que puede, tergiversarse muy fácilmente y percibirse como que entraña un
sacrificio injusto de la justa indignación, como una dádiva injustificada e
inmerecida y como una total negación de la verdad. Desde esta perspectiva,
perdonar no puede sino verse como una extravagancia, y que este curso aparenta
basar la salvación sobre un capricho.
Esta perspectiva
distorsionada de lo que significa perdonar puede corregirse fácilmente, si
puedes aceptar el hecho de que no se te está pidiendo que perdones lo que es
verdad. El perdón se limita únicamente a lo que es
falso.
La mayor dificultad a la
que te enfrentas para poder perdonar realmente, es que todavía crees que tienes
que perdonar lo que es verdad, no lo que es ilusorio. Consideras que el
perdón es un vano intento de ignorar lo que se encuentra ahí y de pasar por
alto lo que es verdad, lo cual es parte de un esfuerzo inútil por engañarte a
ti mismo al querer hacer que una ilusión sea verdad. Este punto de vista
tergiversado no hace sino reflejar el dominio que la idea del pecado todavía
ejerce sobre tu mente tal como tú te consideras a ti mismo.
Desde esta perspectiva,
el perdón no es un escape. Es simplemente una señal más de que el pecado
es imperdonable, algo que en el mejor de los casos se debe ocultar, negar o
llamar por otro nombre, ya que es una traición a la verdad. La culpabilidad
no se puede perdonar. Si pecas, tu culpabilidad es eterna. Aquellos
que son perdonados desde la perspectiva de que sus pecados son reales son
víctimas de la burla y de una doble condena: en primer lugar, la suya propia
por lo que creen haber hecho, y en segundo lugar; la de los que los perdonan.
La irrealidad del pecado
es lo que hace que el perdón sea algo completamente
natural y sano; un profundo consuelo para todos aquellos que lo conceden y una
silenciosa bendición allí donde se recibe. El perdón no apoya las
ilusiones, sino que, riendo dulcemente, las congrega a todas sin muchos
aspavientos y las deposita tiernamente ante los pies de la verdad: Y ahí
desaparecen por completo.
El perdón es lo único que
representa a la verdad en medio de las ilusiones del mundo. Ve las
mentiras, pero no se deja engañar por ellas. No hace caso de los alaridos
autoacusadores de los pecadores enloquecidos por la culpabilidad. Los mira
con ojos serenos, y simplemente les dice: "Hermano mío; lo que crees no es
verdad".
Hay una manera muy
sencilla de encontrar la puerta que conduce al verdadero perdón y de percibir
que está abierta de par en par en señal de bienvenida. Cuando te sientas
tentado de acusar a alguien de algún pecado, no permitas que tu mente se detenga
a pensar en lo que esa persona hizo, pues eso es engañarse uno a
sí mismo. Pregúntate, en cambio: "¿Me acusaría a mí mismo de
eso?"
Son únicamente las
mentiras las que condenan. En realidad, lo único que existe es la
inocencia. El perdón se alza entre las ilusiones y la verdad;
entre el mundo que ves y lo que se encuentra más allá; entre el infierno de la
culpabilidad y las puertas del Cielo.
No tiene que luchar para salvarse. No
tiene que matar a los dragones que pensaba le perseguían. Tampoco tiene
que erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó
que lo mantendrían a salvo. Ahora. puede deshacerse de la pesada e inútil
armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al
temor. Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso
hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a
aquellos que le siguen.
Hoy vamos a practicar el
verdadero perdón, para que el momento de la unión no se demore más. Pues
deseamos encontrarnos con nuestra realidad en libertad y en paz. Nuestras
prácticas se convierten en las pisadas que alumbran el camino a todos nuestros
hermanos, quienes nos seguirán a la realidad que compartimos con ellos. A
tal efecto, dediquemos hoy nuestra práctica a pasarlo con el Guía que entiende
el significado del perdón y que nos fue enviado para enseñárnoslo: Pidámosle:
Permítaseme poder
percibir el perdón tal como es.
Escoge entonces un
hermano tal como Él te indique, y cataloga sus "pecados" uno por uno
a medida que crucen tu mente. Examina brevemente todas las cosas negativas
que hayas pensado acerca de él y pregúntate en cada caso: "¿Me condenaría
a mí mismo por haber hecho eso?"
Libéralo de todos los
pensamientos de pecado que hayas tenido en relación con él. Y entonces tú
mismo estarás listo para la libertad. Si has estado practicando hasta
ahora de buen grado y con honestidad, empezarás a notar una sensación de ser
elevado; un gran
alivio en tu pecho y un sentimiento profundo e inequívoco de
desahogo. Debes dedicar el resto del tiempo a experimentar que te escapas
de todas las pesadas cadenas con las que
quisiste encadenar a tu hermano; pero con las que en realidad te encadenabas a
ti mismo.
Debes practicar el perdón
a lo largo del día, pues todavía habrá muchas ocasiones en las que te olvidarás
de su significado
y te atacarás a ti mismo. Cuando esto ocurra, permite que tu mente vea más
allá de esa ilusión según repites para tus adentros: Permítaseme poder recibir el perdón tal como es. ¿Me
acusaría a mí mismo de eso? No me voy a encadenar a mí mismo de esta manera.
viernes, 24 de julio de 2020
2020 HÁBLAME DE TI: Dia 146 un curso de milagros
2020 HÁBLAME DE TI: Dia 146 un curso de milagros: Ofrenda 206 en mi árbol de dorados frutos que es la vida LECCIÓN 131 Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar. El...
Dia 146 un curso de milagros
Ofrenda 206 en mi árbol de dorados frutos que es la vida
LECCIÓN
131 Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar.
El
fracaso te acechará mientras persigas metas inalcanzables.
Las
metas que no tienen sentido son inalcanzables. No hay manera de alcanzarlas,
pues los medios que empleas para ello están tan desprovistos de sentido como
ellas mismas. Ir en pos de lo imaginario conduce a la muerte porque es la
búsqueda de lo que no es nada, y mientras vas en pos de la vida estás clamando
por la muerte. Quieres estar a salvo y tener seguridad, mientras que en tu
corazón clamas por el peligro y por protección para el mísero sueño que
urdiste.
No
obstante, la búsqueda es inevitable aquí. Para eso viniste, y es indudable que
harás lo que viniste a hacer. Pero el mundo no puede determinar la meta que
debes perseguir, a menos que tú le otorgues ese poder. Y si esto es así, aún
eres libre de elegir una meta que se encuentra más allá del mundo y de todo
pensamiento mundano, y que procede de una idea que rechazaste, pero que aún
recuerdas; una idea ancestral, pero a la vez nueva; un eco de un patrimonio
olvidado, pero que encierra todo lo que realmente anhelas.
¿Por
qué esperar al Cielo? Se encuentra aquí hoy. El tiempo es la gran ilusión de
que el Cielo se encuentra en el pasado o en el futuro. Mas esto no puede ser
cierto si el Cielo es el lugar en el que la Voluntad de Dios dispone que Su
Hijo esté.
El
Cielo sigue siendo la única alternativa a este extraño mundo que construiste y
a todas sus idiosincrasias; a sus patrones cambiantes y metas inciertas; a sus
dolorosos placeres y trágicas alegrías.
Dios
no está en conflicto, ni Su creación está dividida en dos. No sigamos tratando
de imponer una voluntad ajena al único propósito de Dios.
Deja
hoy atrás esos pensamientos tan absurdos y haz que tu mente se vuelva receptiva
a ideas verdaderas. Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar, y
es la verdad lo que nos proponemos alcanzar hoy. Dedicaremos diez minutos a
este objetivo en tres ocasiones hoy, y pediremos que se nos conceda poder ver
el despuntar del mundo real para que reemplace las imágenes descabelladas que
en tanta estima tenemos por ideas verdaderas que ocupen el lugar de los
pensamientos que no tienen significado, efectos, ni fundamento o sustancia
basados en la verdad.
Hoy
no puedes fracasar. Contigo va el Espíritu que el Cielo te envió para que algún
día pudieras aproximarte a esa puerta y deslizarte fácilmente con Su ayuda más
allá de ella hasta llegar a la luz. Hoy ha llegado ese día. Hoy Dios cumple la
promesa que antaño le hiciera a Su santo Hijo, y Su Hijo recuerda la que le
hizo a Él. Éste es un día de júbilo, pues hemos llegado al lugar y momento
señalados en los que encontrarás el objetivo de toda tu búsqueda aquí y de toda
la búsqueda del mundo, las cuales finalizan al unísono al cruzar tú el umbral
de esa puerta.
La
hora de la salvación ha llegado. Hoy es el día señalado por el mismo Cielo como
un tiempo de gracia para ti y para el mundo. Si te olvidas de este feliz hecho
tráelo nuevamente a tu conciencia repitiendo lo siguiente: Hoy busco y
encuentro todo lo que deseo. Mi único propósito me lo brinda. Nadie que se
proponga alcanzar la verdad puede fracasar.
LECCIÓN
132 Libero al mundo de todo lo que jamás pensé que era.
El
poder de las creencias es ciertamente formidable. Los pensamientos que albergas
son poderosos, y los efectos que las ilusiones producen son tan potentes como
los efectos que produce la verdad. Los locos creen que el mundo que ven es real,
y así, no lo ponen en duda. No se les puede persuadir cuestionando los efectos
de sus pensamientos.
La
salvación, no obstante, puede alcanzarse fácilmente, pues todo el mundo es
libre de cambiar de mentalidad, y al hacerlo todos sus pensamientos cambian
también. Ahora la fuente de los pensamientos ha cambiado, pues cambiar de
mentalidad significa que has efectuado un cambio en la fuente de todas las
ideas que tienes ahora, que jamás hayas tenido o que algún día puedas tener. Liberas
al pasado de todo lo que antes pensabas. Liberas al futuro de todas tus viejas
ideas de ir en busca de lo que realmente no deseas encontrar.
El
único tiempo que queda ahora es el presente. Aquí, en el presente, es donde el
mundo queda liberado. Pues al dejar que el pasado quede cancelado y al liberar
el futuro de tus viejos temores, encuentras escape y se lo ofreces al mundo.
El
mundo en sí no es nada. Tu mente tiene que darle significado. Y lo que contemplas
en él es la representación de tus deseos, de modo que puedas verlos y creer que
son reales. Tal vez pienses que no fuiste tú quien construyó este mundo, sino
que viniste en contra de tu voluntad a lo que ya estaba hecho, un mundo que no
estaba precisamente esperando a que tus pensamientos le confiriesen
significado.
No
hay ningún mundo aparte de lo que deseas, y en eso radica, en última instancia,
tu liberación. Cambia de mentalidad con respecto a lo que quieres ver, y el
mundo cambiará a su vez. Las ideas no abandonan su fuente.
Pero
sí es el orgullo el que sostiene que has venido a un mundo que está
completamente separado de ti, que es insensible a lo que piensas y totalmente
diferente de lo que pudieras pensar que es. ¡El mundo no existe! Éste es el
pensamiento básico que este curso se propone enseñar. No todo el mundo está
listo para aceptar esto, y cada cual irá tan lejos a lo largo del camino que conduce
a la verdad, como se permita a sí mismo ser guiado.
Mas
la curación es el regalo que se les hace a aquellos que están listos para
aprender que el mundo no existe y que pueden aceptar esta lección ahora. El hecho de que estén listos hará que la
lección les llegué en una forma que ellos puedan entender y reconocer. Algunos
la entienden de súbito al borde de la muerte y se levantan para enseñarla. Otros
la encuentran en una experiencia que no es de este mundo, lo cual les demuestra
que el mundo no existe porque lo que contemplan tiene que ser la verdad a pesar
de que contradice claramente al mundo.
Y
algunos la encontrarán en este curso y en los ejercicios que hoy llevaremos a
cabo. La idea de hoy es verdad porque el
mundo no existe. Y, si en verdad éste no es más que un producto de tu
imaginación, puedes entonces liberarlo de todo lo que jamás pensaste que era,
cambiando simplemente todos aquellos pensamientos que le daban su apariencia. Los
enfermos se curan a medida que abandonas todo pensamiento de enfermedad, y los
muertos resucitan cuando permites que los pensamientos de vida reemplacen a
todos los pensamientos de muerte que jamás albergaste.
Liberar
al mundo de toda clase de dolor no es otra cosa que cambiar de mentalidad con
respecto a ti mismo. Niega las ilusiones, pero acepta la verdad. Libera a tu
mente, y contemplarás un mundo liberado. Nuestro propósito hoy es liberar al
mundo de todos los pensamientos vanos que jamás hayamos tenido acerca de él y
acerca de todos los seres vivientes que vemos en él.
Comienza
cada una de las dos sesiones de quince minutos de práctica de hoy con lo
siguiente: Yo que sigo siendo tal como Dios me creó quiero liberar al mundo de
todo lo que jamás pensé que era. Pues yo soy real porque el mundo no lo es. Y
quiero conocer mi propia realidad. Luego simplemente descansa, alerta, pero sin
tensión, y permite que en la quietud se efectúe un cambio en tu mente, de
manera que el mundo pueda quedar libre junto contigo.
Haz
que la liberación que a lo largo del día envías a todo el mundo mediante tus ideas
sea cada vez mayor, y siempre que sientas la tentación de negar el poder de
este simple cambio de mentalidad, di: Libero al mundo de todo lo que jamás
pensé que era, y en lugar de ello elijo mi propia realidad.
jueves, 23 de julio de 2020
Día 145 de un curso de milagros
Ofrenda 205 colocada en mi árbol de dorados frutos que es la vida.
Lección
129 Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.
Este
pensamiento es el que naturalmente sigue al que practicamos, ayer. No puedes
detenerte en la idea de que el mundo no tiene valor, pues a menos que veas que
hay algo más por lo que sentirte esperanzado, no podrás evitar caer en la
depresión. No estamos haciendo hincapié en que renuncies al mundo, sino en que
lo intercambies por algo mucho más satisfactorio, algo rebosante de alegría y
capaz de ofrecerte paz. ¿Crees acaso que este mundo puede ofrecerte eso?
Quizá
valga la pena dedicar un rato a reflexionar una vez más sobre el valor de este
mundo. Tal vez estés dispuesto a conceder que nada se pierde con renunciar a
cualquier pensamiento que le adjudique algún valor. El mundo que ves es ciertamente
despiadado, inestable y cruel, indiferente en lo que a ti respecta, presto a la
venganza y lleno de odio inclemente. Da únicamente para más tarde quitar, y te
despoja de todo aquello que por un tiempo creíste amar. En él no se puede
encontrar amor duradero, porque en él no hay amor. Dicho mundo es el mundo del
tiempo, donde a todo le llega su fin.
¿Cómo
podría ser una pérdida, entonces, encontrar un mundo en el que es imposible
perder, en el que el amor perdura eternamente y en el que el odio no existe y
la venganza no tiene sentido? ¿Cómo podría ser una pérdida hallar todas las
cosas que realmente anhelas, y saber que no tienen fin y que perdurarán a
través del tiempo exactamente tal como las deseas?
La
comunicación, inequívoca y clara como la luz del día, permanece ilimitada por
toda la eternidad. Y Dios Mismo le habla a Su Hijo, así como Su Hijo le habla a
Él.
El
lenguaje en el que se comunican no tiene palabras, pues lo que se dicen no
puede ser simbolizado. Su conocimiento es directo, perfectamente compartido y
perfectamente uno.
¡Qué
lejos te encuentras de esto tú que sigues encadenado a este mundo! Y, sin
embargo, ¡qué cerca te encontrarás cuando lo intercambies por el mundo que sí
deseas!
Practica
estar dispuesto a efectuar este cambio diez minutos por la mañana, diez por la
noche y una vez más entremedias. Comienza con lo siguiente: Más allá de este mundo hay un mundo que
deseo. Elijo ver ese mundo en lugar de éste, pues no hay nada aquí que
realmente desee. Cierra entonces los ojos al mundo que ves, y en la silenciosa
oscuridad contempla cómo unas luces que no son de este mundo se van encendiendo
una por una, hasta que deja de ser relevante donde comienza una y donde termina
la otra al fundirse todas en una sola.
Ahora
comprendemos que es imposible perder. Pues por fin hemos visto su opuesto, y damos
gracias de que la elección ya se haya llevado a cabo.
Lección
130 Es imposible ver dos mundos.
La
percepción es congruente Lo que ves refleja lo que piensas. Y lo que piensas no
es sino un reflejo de lo que quieres ver. Tus valores determinan esto, pues no
puedes sino desear ver aquello que valoras, al creer que lo que ves existe
realmente. Nadie puede ver un mundo al que su mente no le haya conferido valor.
Y nadie puede dejar de ver lo que cree desear.
Es
imposible ver dos mundos que no tienen nada en común. Si vas en pos de uno, el
otro desaparece. Sólo uno de ellos puede permanecer.
El
mundo que ves es la prueba de que ya has elegido algo que es tan completamente
abarcador como lo es su opuesto: Lo que deseamos aprender hoy es algo más que
la simple lección de que no puedes ver dos mundos.
Hoy,
llenos de gratitud, dedicaremos gustosamente cinco minutos al pensamiento que
pone fin a toda transigencia y a toda duda, y las transcenderemos todas como si
de una sola se tratase. No haremos miles de distinciones sin sentido, ni
intentaremos conservar una pequeña porción de la irrealidad cuando consagremos
nuestras mentes a hallar sólo lo que es real.
Comienza
tu búsqueda del otro mundo pidiendo que se te conceda una fortaleza superior a
la tuya, y reconociendo qué es lo que persigues. No deseas más ilusiones. Y te
preparas para esos cinco minutos vaciando tus manos de todos los vanos tesoros
de este mundo. Esperas la ayuda de Dios, según dices: Es imposible ver dos
mundos. Permítaseme aceptar la fortaleza que Dios me ofrece y no ver valor
alguno en este mundo, para así poder hallar mi libertad y mi salvación.
Rechaza
hoy de inmediato cualquier tentación que se presente, recordando simplemente la
gama de tus alternativas. Pues lo que ves, y lo único que ves, es lo irreal o
lo real, lo falso o lo verdadero. La percepción es congruente con tu elección,
y según elijas, experimentarás el Cielo o el infierno.
Lo
único que necesitas decirle a cualquier parte del infierno, sea cual sea la
forma que adopte, es esto: Es imposible
ver dos mundos. Lo único que deseo es mi libertad y mi salvación, y esto no
forma parte de lo que quiero.
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