Mi ofrenda 207 para mi árbol de dorados frutos de mi año 2020
En
el proceso de enseñanza a veces es beneficioso, especialmente después de haber
pasado revista a lo que aparenta ser teórico y estar más allá del alcance de lo
que el estudiante ha aprendido, volver de nuevo a las cuestiones prácticas. Esto
es lo que vamos a hacer hoy. No vamos a hablar de ideas sublimes de alcance
mundial, sino que simplemente nos vamos a ocupar de los beneficios que te
aguardan a ti.
No
pides demasiado de la vida, al contrario, pides demasiado poco. Cuando dejas
que tu mente se ocupe de asuntos corporales, de las cosas que compras y de lo
que es eminente de acuerdo con los valores del mundo, estás invitando al pesar,
no a la felicidad. Este curso no pretende despojarte de lo poco que tienes. Tampoco
trata de sustituir las satisfacciones que el mundo ofrece por ideas utópicas. En
el mundo no se puede hallar ninguna satisfacción.
Hemos
subrayado ya que sólo hay dos alternativas entre las que elegir, aunque parezca
haber muchas. Lo que elijas no puede aportarte solamente parte de sus resultados,
pues en esto no hay términos medios. Cada elección que llevas a cabo o bien te
aporta todo o bien no te aporta nada. Por lo tanto, si aprendes los criterios
mediante los cuales puedes distinguir entre lo que es todo y lo que no es nada,
elegirás la mejor alternativa.
En
primer lugar, si eliges algo que no ha de durar para siempre, lo que estas
eligiendo carece de valor.
En
segundo lugar, si eliges quitarle algo a alguien, te quedas sin nada: Esto se
debe a que cuando le niegas a alguien su derecho a todo, te lo niegas a ti mismo.
El
siguiente criterio que debe examinarse es aquel sobre el que se basan los
demás. Pues el ego no reconoce lo que quiere. Ni siguiera dice la verdad tal
como la percibe, ya que necesita el halo del que se vale para proteger sus
objetivos del deslustre y del enmohecimiento a fin de que tú puedas ver cuán
"inocente" es él. Mas su
camuflaje no es más que un fino velo, que sólo podría engañar a los que les
place ser engañados.
Y
con esto llegamos al criterio de elección más difícil de creer porque, si bien
es evidente, se halla oculto bajo muchas capas de oscuridad. Si sientes el más
mínimo vestigio de culpabilidad con respecto a lo que has elegido, es que has
permitido que los objetivos del ego nublen las verdaderas alternativas. Todas las cosas o bien son valiosas o bien no
tienen ningún valor; o bien son dignas de que se las procure o bien indignas de
ello; esto es lo que hace que elegir sea fácil. La complejidad no es sino una
cortina de humo que oculta el simple hecho de que tomar decisiones no es algo
difícil.
Hoy
intentaremos alcanzar este estado, dejando a un lado el autoengaño y estando
sinceramente dispuestos a darle valor únicamente a lo que en verdad es valioso
y real. Nuestras dos sesiones de práctica deben comenzar con lo siguiente: No le
daré valor a lo que no lo tiene, pues lo que tiene valor me pertenece.
Repaso Lección
134 Permítaseme poder percibir el perdón tal como es.
Repasemos hoy lo que
significa "perdonar" ya que es algo
que puede, tergiversarse muy fácilmente y percibirse como que entraña un
sacrificio injusto de la justa indignación, como una dádiva injustificada e
inmerecida y como una total negación de la verdad. Desde esta perspectiva,
perdonar no puede sino verse como una extravagancia, y que este curso aparenta
basar la salvación sobre un capricho.
Esta perspectiva
distorsionada de lo que significa perdonar puede corregirse fácilmente, si
puedes aceptar el hecho de que no se te está pidiendo que perdones lo que es
verdad. El perdón se limita únicamente a lo que es
falso.
La mayor dificultad a la
que te enfrentas para poder perdonar realmente, es que todavía crees que tienes
que perdonar lo que es verdad, no lo que es ilusorio. Consideras que el
perdón es un vano intento de ignorar lo que se encuentra ahí y de pasar por
alto lo que es verdad, lo cual es parte de un esfuerzo inútil por engañarte a
ti mismo al querer hacer que una ilusión sea verdad. Este punto de vista
tergiversado no hace sino reflejar el dominio que la idea del pecado todavía
ejerce sobre tu mente tal como tú te consideras a ti mismo.
Desde esta perspectiva,
el perdón no es un escape. Es simplemente una señal más de que el pecado
es imperdonable, algo que en el mejor de los casos se debe ocultar, negar o
llamar por otro nombre, ya que es una traición a la verdad. La culpabilidad
no se puede perdonar. Si pecas, tu culpabilidad es eterna. Aquellos
que son perdonados desde la perspectiva de que sus pecados son reales son
víctimas de la burla y de una doble condena: en primer lugar, la suya propia
por lo que creen haber hecho, y en segundo lugar; la de los que los perdonan.
La irrealidad del pecado
es lo que hace que el perdón sea algo completamente
natural y sano; un profundo consuelo para todos aquellos que lo conceden y una
silenciosa bendición allí donde se recibe. El perdón no apoya las
ilusiones, sino que, riendo dulcemente, las congrega a todas sin muchos
aspavientos y las deposita tiernamente ante los pies de la verdad: Y ahí
desaparecen por completo.
El perdón es lo único que
representa a la verdad en medio de las ilusiones del mundo. Ve las
mentiras, pero no se deja engañar por ellas. No hace caso de los alaridos
autoacusadores de los pecadores enloquecidos por la culpabilidad. Los mira
con ojos serenos, y simplemente les dice: "Hermano mío; lo que crees no es
verdad".
Hay una manera muy
sencilla de encontrar la puerta que conduce al verdadero perdón y de percibir
que está abierta de par en par en señal de bienvenida. Cuando te sientas
tentado de acusar a alguien de algún pecado, no permitas que tu mente se detenga
a pensar en lo que esa persona hizo, pues eso es engañarse uno a
sí mismo. Pregúntate, en cambio: "¿Me acusaría a mí mismo de
eso?"
Son únicamente las
mentiras las que condenan. En realidad, lo único que existe es la
inocencia. El perdón se alza entre las ilusiones y la verdad;
entre el mundo que ves y lo que se encuentra más allá; entre el infierno de la
culpabilidad y las puertas del Cielo.
No tiene que luchar para salvarse. No
tiene que matar a los dragones que pensaba le perseguían. Tampoco tiene
que erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó
que lo mantendrían a salvo. Ahora. puede deshacerse de la pesada e inútil
armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al
temor. Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso
hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a
aquellos que le siguen.
Hoy vamos a practicar el
verdadero perdón, para que el momento de la unión no se demore más. Pues
deseamos encontrarnos con nuestra realidad en libertad y en paz. Nuestras
prácticas se convierten en las pisadas que alumbran el camino a todos nuestros
hermanos, quienes nos seguirán a la realidad que compartimos con ellos. A
tal efecto, dediquemos hoy nuestra práctica a pasarlo con el Guía que entiende
el significado del perdón y que nos fue enviado para enseñárnoslo: Pidámosle:
Permítaseme poder
percibir el perdón tal como es.
Escoge entonces un
hermano tal como Él te indique, y cataloga sus "pecados" uno por uno
a medida que crucen tu mente. Examina brevemente todas las cosas negativas
que hayas pensado acerca de él y pregúntate en cada caso: "¿Me condenaría
a mí mismo por haber hecho eso?"
Libéralo de todos los
pensamientos de pecado que hayas tenido en relación con él. Y entonces tú
mismo estarás listo para la libertad. Si has estado practicando hasta
ahora de buen grado y con honestidad, empezarás a notar una sensación de ser
elevado; un gran
alivio en tu pecho y un sentimiento profundo e inequívoco de
desahogo. Debes dedicar el resto del tiempo a experimentar que te escapas
de todas las pesadas cadenas con las que
quisiste encadenar a tu hermano; pero con las que en realidad te encadenabas a
ti mismo.
Debes practicar el perdón
a lo largo del día, pues todavía habrá muchas ocasiones en las que te olvidarás
de su significado
y te atacarás a ti mismo. Cuando esto ocurra, permite que tu mente vea más
allá de esa ilusión según repites para tus adentros: Permítaseme poder recibir el perdón tal como es. ¿Me
acusaría a mí mismo de eso? No me voy a encadenar a mí mismo de esta manera.


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