miércoles, 29 de julio de 2020
2020 HÁBLAME DE TI: Día 151 un curso de milagros
2020 HÁBLAME DE TI: Día 151 un curso de milagros: Ofrenda 211 colocada en el árbol de dorados frutos de mi vida. 1. Nadie puede juzgar basándose en pruebas parciales. Eso no ...
2020 HÁBLAME DE TI: Día 151 un curso de milagros
2020 HÁBLAME DE TI: Día 151 un curso de milagros: Ofrenda 211 colocada en el árbol de dorados frutos de mi vida. 1. Nadie puede juzgar basándose en pruebas parciales. Eso no ...
Día 151 un curso de milagros
Ofrenda 211 colocada en el árbol de dorados frutos de mi vida.
1. Nadie puede juzgar basándose en pruebas parciales. Eso no es
juzgar. Es simplemente una opinión basada en la ignorancia y en la duda. Su
aparente certeza no es sino una capa con la que pretende ocultar la
incertidumbre. Necesita una defensa irracional porque es irracional. Y la
defensa que presenta parece ser muy sólida y convincente, y estar libre de toda
duda debido a todas las dudas subyacentes.
2. No pareces poner en tela de juicio el mundo que ves. No
cuestionas realmente lo que te muestran los ojos del cuerpo. Tampoco te
preguntas por qué crees en ello, a pesar de que hace mucho tiempo que te diste
cuenta de que los sentidos engañan. El que creas lo que te muestran hasta el
último detalle es todavía más extraño si te detienes a pensar con cuánta
frecuencia su testimonio ha sido erróneo. ¿Por qué confías en ellos tan ciegamente?
¿No será por la duda subyacente que deseas ocultar tras un alarde de certeza?
3. ¿Cómo ibas a poder juzgar? Tus juicios se basan en el testimonio
que te ofrecen los sentidos. No obstante, jamás hubo testimonio más falso que
ése. Mas ¿de qué otra manera excepto ésa, juzgas al mundo que ves? Tienes una
fe ciega en lo que tus ojos y tus oídos te informan. Crees que lo que tus dedos
tocan es real y que lo que encierran en su puño es la verdad. Esto es lo que
entiendes, y lo que consideras más real que aquello de lo que da testimonio la
eterna Voz que habla por Dios Mismo.
4. ¿A eso es a lo que llamas juzgar? Se te ha exhortado en muchas
ocasiones a que te abstengas de juzgar, mas no porque sea un derecho que se te
quiera negar. No puedes juzgar. Lo único que puedes hacer es creer en los
juicios del ego, los cuales son todos falsos. El ego dirige tus sentidos
celosamente, para probarte cuán débil eres, cuán indefenso y temeroso, cuán
aprehensivo del justo castigo, cuán ennegrecido por el pecado y cuán miserable
por razón de tu culpabilidad.
5. El ego te dice que esa cosa de la que él te habla, y que
defendería a toda costa, es lo que tú eres. Y tú te lo crees sin ninguna sombra
de duda. Mas debajo de todo ello yace oculta la duda de que él mismo no cree en
lo que con tanta convicción te presenta como la realidad. Es únicamente a sí
mismo a quien condena. Es en sí mismo donde ve culpabilidad. Es su propia
desesperación lo que ve en ti.
6. No prestes oídos a su voz. Los testigos que te envía para
probarte que su propia maldad es la tuya, y que hablan con certeza de lo que no
saben, son falsos. Confías en ellos ciegamente porque no quieres compartir las
dudas que su amo y señor no puede eliminar por completo. 4Crees que dudar de
sus vasallos es dudar de ti mismo.
7. Sin embargo, tienes que aprender a dudar de que las pruebas que
ellos te presentan puedan despejar el camino que te lleva a reconocerte a ti
mismo, y dejar que la Voz que habla por Dios sea el único juez de lo que es
digno que tú creas. Él no te dirá que debes juzgar a tu hermano basándote en lo
que tus ojos ven en él, ni en lo que la boca de su cuerpo le dice a tus oídos o
en lo que el tacto de tus dedos te informa acerca de él. Él ignora todos esos
testigos, los cuales no hacen sino dar falso testimonio del Hijo de Dios. Él
reconoce sólo lo que Dios ama, y en la santa luz de lo que Él ve todos los
sueños del ego con respecto a lo que tú eres se desvanecen ante el esplendor
que Él contempla.
8. Deja que Él sea el Juez de lo que eres, pues en Su certeza la
duda no tiene cabida, ya que descansa en una Certeza tan grande que ante Su faz
dudar no tiene sentido. Cristo no puede dudar de Sí Mismo. La Voz que habla por
Dios puede tan sólo honrarle y deleitarse en Su perfecta y eterna
impecabilidad. Aquel a quien Él ha juzgado no puede sino reírse de la
culpabilidad, al no estar dispuesto ya a seguir jugando con los juguetes del
pecado, ni a hacerle caso a los testigos del cuerpo al encontrarse extático
ante la santa faz de Cristo.
9. Así es como Él te juzga. Acepta Su Palabra con respecto a lo
que eres, pues Él da testimonio de la belleza de tu creación y de la Mente Cuyo
Pensamiento creó tu realidad. ¿Qué importancia puede tener el cuerpo para Aquel
que conoce la gloria del Padre y la del Hijo? ¿Podrían acaso los murmullos del
ego llegar hasta Él? ¿Qué podría convencerle de que tus pecados son reales? Deja
asimismo que Él sea el Juez de todo lo que parece acontecerte en este mundo.
Sus lecciones te permitirán cerrar la brecha entre las ilusiones y la verdad.
10. Él eliminará todo vestigio de fe que hayas depositado en el
dolor, los desastres, el sufrimiento y la pérdida. Él te concede una visión que
puede ver más allá de estas sombrías apariencias y contemplar la dulce faz de
Cristo en todas ellas. Ya no volverás a dudar de que lo único que te puede
acontecer a ti a quien Dios ama, son cosas buenas, pues Él juzgará todos los
acontecimientos y te enseñará la única lección que todos ellos encierran.
11. Él seleccionará los elementos en ellos que representan la verdad,
e ignorará aquellos aspectos que sólo reflejan sueños fútiles. Y reinterpretará
desde el único marco de referencia que tiene, el cual es absolutamente íntegro
y seguro, todo lo que veas, todos los acontecimientos, circunstancias y sucesos
que de una manera u otra parezcan afectarte. Y verás el amor que se encuentra
más allá del odio, la inmutabilidad en medio del cambio, lo puro en el pecado
y, sobre el mundo, únicamente la bendición del Cielo.
12. Tal es tu resurrección, pues tu vida no forma parte de nada de lo
que ves. Tu vida tiene lugar más allá del cuerpo y del mundo, más allá de todos
los testigos de lo profano, dentro de lo Santo, y es tan santa como Ello Mismo.
En todo el mundo y en todas las cosas Su Voz no te hablará más que de tu
Creador y de tu Ser, el Cual es uno con Él. Así es como verás la santa faz de
Cristo en todo, y como oirás en ello el eco de la Voz de Dios.
13. Hoy practicaremos sin palabras, excepto al principio del período
que pasamos con Dios. Introduciremos estos momentos con una repetición lenta
del pensamiento con el que comienza el día. Después observaremos nuestros
pensamientos, apelando silenciosamente a Aquel que ve los elementos que son
verdad en ellos. Deja que Él evalúe todos los pensamientos que te vengan a la
mente, que elimine de ellos los elementos de sueño y que te los devuelva en
forma de ideas puras que no contradicen la Voluntad de Dios.
14. Ofrécele tus pensamientos, y Él te los devolverá en forma de
milagros que proclaman jubilosamente la plenitud y la felicidad que como prueba
de Su Amor eterno Dios dispone para Su Hijo. Y a medida que cada pensamiento
sea así transformado, asumirá el poder curativo de la Mente que vio la verdad
en él y no se dejó engañar por lo que había sido añadido falsamente. Todo
vestigio de fantasía ha desaparecido. Y lo que queda se unifica en un
Pensamiento perfecto que ofrece su perfección por doquier.
15. Pasa así quince minutos al despertar, y dedica gustosamente quince
más antes de irte a dormir. Tu ministerio dará comienzo cuando todos tus
pensamientos hayan sido purificados. Así es como se te enseña a enseñarle al
Hijo de Dios la santa lección de su santidad. Nadie puede dejar de escuchar
cuando tú oyes la Voz que habla por Dios rendirle honor al Hijo de Dios. Y
todos compartirán contigo los pensamientos que Él ha re-interpretado en tu
mente.
16. Tal es tu Pascua. Y de esa manera depositas sobre el mundo la
ofrenda de azucenas blancas como la nieve que reemplaza a los testigos del
pecado y de la muerte. Mediante tu transfiguración el mundo se redime y se le
libera jubilosamente de la culpabilidad. Ahora elevamos nuestras mentes
resurrectas llenos de gozo y agradecimiento hacia Aquel que nos restituyó la
cordura.
17. Y recordaremos cada hora a Aquel que es la salvación y la
liberación. Y según damos las gracias, el mundo se une a nosotros y acepta
felizmente nuestros santos pensamientos, que el Cielo ha corregido y
purificado. Ahora por fin ha comenzado nuestro ministerio, para llevar
alrededor del mundo las buenas nuevas de que en la verdad no hay ilusiones, y
de que, por mediación nuestra, la paz de Dios les pertenece a todos.
martes, 28 de julio de 2020
2020 HÁBLAME DE TI: Día 150 un curso de milagros
2020 HÁBLAME DE TI: Día 150 un curso de milagros: Ofrenda 210 en mi árbol de dorados frutos que es la vida. Con esto se acaban todas las decisiones. Pues con ésta lección llegamos ...
Día 150 un curso de milagros
Ofrenda 210 en mi árbol de dorados frutos que es la vida.
Con esto se acaban todas
las decisiones. Pues con ésta lección llegamos a la decisión de aceptarnos a
nosotros mismos tal como Dios nos creó. No hay conflicto que no entrañe la
simple pregunta: "¿Qué soy?" Mas ¿quién podría hacer esta pregunta
sino alguien que se ha negado a reconocerse a sí mismo? Sólo esta negativa a
aceptarte a ti mismo es lo que hace que la pregunta parezca sincera. Lo único
que cualquier cosa viviente puede saber con certeza es lo que ella es. Desde
esta perspectiva de certeza, contempla otras cosas que tienen tanta certeza
como ella misma.
Tener incertidumbre con
respecto a lo que indudablemente eres es una forma de auto-engaño tan
monumental, que es difícil concebir su magnitud. Estar vivo y no conocerte a ti
mismo es creer que en realidad estás muerto. Pues, ¿qué es la vida sino ser lo
que eres?
Sin embargo, no podría
estar vivo si no supiese la respuesta. Si pregunta como si no supiese, ello es
señal de que no quiere ser lo que es.
De esta manera, se vuelve
inseguro con respecto a su vida, pues lo que ésta es, él mismo lo ha negado. Esta
negación es lo que hace que tengas necesidad de la Expiación. Tu negación no
cambió en nada lo que eres. Pero tú has dividido tu mente en dos partes: una
que conoce la verdad y otra que no. Tú eres tú mismo. De esto no hay duda. Sin
embargo, lo dudas. Más no te preguntas qué parte de ti es la que puede
realmente poner en duda lo que eres. Aquello que hace esa pregunta no puede
realmente ser parte de ti. Pues le hace la pregunta a alguien que sabe la
respuesta. Mas si fuese parte de ti, entonces la certeza sería imposible.
La Expiación pone fin a la
extraña idea de que es posible dudar de ti mismo y no estar seguro de lo que
realmente eres. Esto es el colmo de la locura. Sin embargo, es la pregunta
universal del mundo.
Nada de lo que el mundo
cree es verdad. Pues el mundo es un lugar cuyo propósito es servir de hogar
para que aquellos que dicen no conocerse a sí mismos puedan venir a cuestionar
lo que son. Y seguirán viniendo hasta que se acepte la Expiación y aprendan que
es imposible dudar de uno mismo, así como no ser consciente de lo que se es.
Lo único que se te puede pedir es tu
aceptación, pues lo que eres es algo incuestionable. Lo que eres fue
establecido para siempre en la santa Mente de Dios y en la tuya propia.
Tenemos una misión aquí. No
vinimos a reforzar la locura en la que una vez creímos. No nos olvidemos del
objetivo que aceptamos. Vinimos a alcanzar mucho más que nuestra propia felicidad.
Lo que aceptamos ser, proclama lo que todo el mundo no puede sino ser junto con
nosotros. No les falles a tus hermanos, pues, de lo contrario, te estarás
fallando a ti mismo. Contémplalos con amor, para que puedan saber que forman
parte de ti y que tú formas parte de ellos.
Esto es lo que la Expiación
enseña, y lo que demuestra que la unidad del Hijo de Dios no se ve afectada por
su creencia de que no sabe lo que es. Acepta hoy la Expiación, no para cambiar
la realidad, sino simplemente para aceptar la verdad de lo que eres, y luego
sigue tu camino regocijándote en el infinito Amor de Dios. Esto es lo único que
se nos pide hacer. Esto es lo único que haremos hoy.
Comenzaremos con este repaso
acerca de nuestra misión: Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal
como Dios me creó. No hemos perdido el conocimiento que Dios nos dio cuando nos
creó semejantes a Él.
Lección 140 La salvación es
lo único que cura.
La palabra "cura” no
puede aplicársele a ningún remedio que el mundo considere beneficioso. Lo que
el mundo percibe como un remedio terapéutico es sólo aquello que hace que el
cuerpo se sienta "mejor". Mas cuando trata de curar a la mente, no la
considera como algo separado del cuerpo, en el que cree que ella existe. Sus
medios de curación, por lo tanto, no pueden sino sustituir una ilusión por
otra. Una creencia en la enfermedad adopta otra forma, y de esta manera el
paciente se percibe ahora sano.
Mas no se ha curado. Simplemente
soñó que estaba enfermo y en el sueño encontró una fórmula mágica para
restablecerse. Sin embargo, no ha despertado del sueño, de modo que su mente
continúa en el mismo estado que antes. No ha visto la luz que lo podría
despertar y poner fin a su sueño.
Los dulces sueños que el
Espíritu Santo ofrece son diferentes de los del mundo, donde lo único que uno
puede hacer es soñar que está despierto. Los sueños que el perdón le permite
percibir a la mente no inducen a otra forma de sueño, a fin de que el soñador
pueda soñar otro sueño. Sus sueños felices son los heraldos de que la verdad ha
alboreado en su mente. Te conducen del sueño a un dulce despertar, de modo que
todos los sueños desaparecen. Y así, sanan para toda la eternidad.
La Expiación cura
absolutamente, y cura toda clase de enfermedad. Pues la mente que entiende que
la enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las
formas que el sueño pueda adoptar. Donde no hay culpabilidad no puede haber
enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpabilidad. La Expiación no
cura al enfermo, pues eso no es curación. Pero sí elimina la culpabilidad que
hacía posible la enfermedad. Y eso es ciertamente curación. Pues ahora la
enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar.
¡Que la paz sea contigo que
has sido curado en Dios y no en sueños vanos! Pues la curación tiene que
proceder de la santidad, y la santidad no puede encontrarse allí donde se
concede valor al pecado. Dios mora en templos santos.
Lo que hoy nos proponemos es
tratar de cambiar de mentalidad con respecto a lo que constituye la fuente de
la enfermedad, pues lo que buscamos es una cura para todas las ilusiones, y no
meramente alternar entre una y otra. Hoy vamos a tratar de encontrar la fuente
de la curación, la cual se encuentra en nuestras mentes porque nuestro Padre la
ubicó ahí para nosotros. Está tan cerca de nosotros como nosotros mismos. Está
tan cerca de nosotros como nuestros propios pensamientos, tan próxima que es
imposible que se pueda extraviar. Sólo necesitamos buscarla y la hallaremos.
Hoy iremos más allá de las
apariencias hasta llegar a la fuente de la curación, de la que nada está
exento. Así pues, dejamos a un lado
nuestros amuletos y nuestros talismanes, así como nuestras encantaciones y
trucos mágicos de la clase que sean.
Hoy escucharemos una sola
Voz, la cual nos habla de la verdad en la que toda ilusión acaba, y la paz
retorna a la eterna y serena morada de Dios.
Sin nada en nuestras manos
a lo que aferrarnos, y con el corazón exaltado y la mente atenta, oremos: La salvación
es lo único que cura. Háblanos, Padre, para que nos podamos curar. Y sentiremos
la salvación cubrirnos con amorosa protección y con paz tan profunda que
ninguna ilusión podría perturbar nuestras mentes, ni ofrecernos pruebas de que
es real.
Esto es lo que aprenderemos
hoy. Repetiremos cada hora nuestra plegaria de curación, y cuando el reloj
marque la hora, dedicaremos un minuto a oír la respuesta a nuestra plegaria,
que se nos da según aguardamos felizmente en silencio. Hoy es el día en que nos
llega la curación. Hoy es el día en que a la separación le llega su fin y en el
que recordamos Quién somos en verdad.
lunes, 27 de julio de 2020
2020 HÁBLAME DE TI: día 149 un curso de milagros
2020 HÁBLAME DE TI: día 149 un curso de milagros: Ofrenda 209 para mi árbol agradecido de sus manzanas de oro . La curación es lo opuesto a todas las ideas del mundo que tienen que...
día 149 un curso de milagros
Ofrenda 209 para mi árbol de manzanas de oro .
La curación es lo opuesto a
todas las ideas del mundo que tienen que ver con la enfermedad y con los
estados de separación. Aislarse uno de los demás y rehusar la unión es lo que
da lugar a la enfermedad. Ésta se convierte en una puerta tras la cual se
encierra a un ser separado, y donde se le mantiene aislado y solo.
La enfermedad es aislamiento.
Pues parece mantener a un ser separado del resto, para que sufra lo que los
otros no sienten. Le otorga al cuerpo poder absoluto para hacer que la
separación sea real y mantener a la mente en solitario confinamiento, dividida
en pedazos y sujeta por una sólida muralla de carne enfermiza que no puede
trascender.
El mundo acata las leyes
que la enfermedad apoya, pero la curación opera aparte de ellas. Es imposible que
alguien pueda curarse solo. Más la curación es el resultado de su decisión de
ser uno solo nuevamente, y de aceptar su Ser con todas Sus partes intactas e
incólumes.
El propósito de la
enfermedad es demostrar que las mentiras son verdad. Más la curación demuestra
que sólo la verdad es verdad. Curar es meramente aceptar lo que siempre ha sido
la simple verdad, lo cual seguirá siendo exactamente como siempre fue.
Así como el perdón
desvanecerá con su luz todo pecado y el mundo real ocupará el lugar de lo que
has fabricado, asimismo la curación reemplazará las fantasías de enfermedad con
las que nublas la simple verdad.
La curación es libertad. Pues
demuestra que los sueños no prevalecerán contra la verdad. La curación es algo
que se comparte. La curación es fuerza. Pues con su tierna mano se supera la
debilidad, y las mentes que estaban amuralladas en un cuerpo quedan liberadas
para unirse a otras mentes, y así ser fuertes para siempre.
La curación, el perdón y el
feliz intercambio del mundo del dolor por uno en el que la tristeza no tiene
cabida, son los medios por los que el Espíritu Santo te exhorta a que lo sigas.
Sus dulces lecciones te enseñan cuán fácilmente puedes alcanzar la salvación y
cuán poca práctica necesitas para dejar que Sus leyes reemplacen a las que tú
promulgaste para mantenerte prisionero de la muerte.
Y a medida que te dejas
curar, te das cuenta de que junto contigo se curan todos los que te rodean, los
que te vienen a la mente, aquellos que están en contacto contigo y los que
parecen no estarlo. Tal vez no los reconozcas a todos, ni comprendas cuán
grande es la ofrenda que le haces al mundo cuando permites que la curación
venga a ti. Mas nunca te curas solo. Legiones y legiones de hermanos recibirán
el regalo que tú recibes cuando te curas.
Recordaremos que nuestra
función es permitir que nuestras mentes sean curadas, para que podamos llevar
la curación al mundo e intercambiar la maldición por bendiciones, el dolor por
la alegría y la separación por la paz de Dios.
Mas debemos estar preparados
para semejante regalo. De modo que comenzaremos el día dedicando diez minutos a
los pensamientos que siguen a continuación, con los cuales también lo
concluiremos por la noche: Cuando me curo no soy el único que se cura. Y quiero
compartir, mi curación con el mundo, a fin de que la enfermedad pueda ser
erradicada de la mente del único Hijo de Dios, Quien es mi único Ser.
En este mundo, el Cielo es
algo que se elige porque en este mundo se cree que hay alternativas entre las
que se puede elegir. Pensamos que todas las cosas tienen un opuesto y que
elegimos lo que queremos.
Esta extraña percepción de
la verdad es lo que hace que elegir el Cielo parezca ser lo mismo que renunciar
al infierno. En realidad, no es así. La oposición le niega la bienvenida a la
verdad y ésta no puede hacer acto de presencia.
Elegir es obviamente la
manera de poder escapar de lo que aparentemente son opuestos. Tomar una
decisión permite que uno de los objetivos en conflicto se convierta en la mira
de tus esfuerzos y en lo que empleas el tiempo. Si no tomas una decisión,
desperdicias el tiempo y tus esfuerzos se disipan.
Es necesario que se te
recuerde que, aunque crees enfrentarte a miles de alternativas, en realidad
sólo hay una. E incluso ésta tan sólo aparenta ser una alternativa. No te dejes
confundir por todas las dudas que una miríada de decisiones produciría. Tomas
solamente una. Y una vez que la has tomado, percibes que no fue una decisión en
absoluto, pues sólo la verdad es verdad y nada más lo es. No hay opuesto que se
pueda elegir en su lugar. No hay nada que pueda contradecir la verdad.
Toda decisión está basada
en lo que se ha aprendido. Y la verdad no es algo que se pueda aprender sino
tan sólo reconocer. En este reconocimiento reside su aceptación, y al
aceptarse, se conoce. Mas el conocimiento se encuentra más allá de los objetivos
que nos proponemos enseñar dentro del marco de este curso.
En este mundo de enajenante
complejidad el Cielo parece ser una alternativa en lugar de lo que meramente
es. De todas las decisiones que has tratado de tomar, ésta es la más sencilla,
la definitiva, el prototipo del resto y la que hace que sea innecesario tomar
todas las demás. Incluso si éstas ya se hubiesen resuelto, aquella seguiría sin
resolver. Mas cuando la resuelves, las demás se resuelven con ella, pues todas
las decisiones parecen ser diferentes precisamente para ocultar la verdadera decisión
que tienes que tomar. He aquí la última y única alternativa mediante la cual se
acepta o se niega la verdad.
El Cielo es algo que se
elige conscientemente. La elección no puede llevarse a cabo hasta que no se
hayan visto y entendido claramente las alternativas. Todo lo que se encuentra
velado en la penumbra tiene que someterse al entendimiento para ser juzgado
nuevamente, mas esta vez con la ayuda del Cielo. Y todos los errores de juicio
que la mente cometió previamente pueden ser ahora corregidos, a medida que la
verdad los descarta por carecer de causa. Ahora no tienen efectos. No se pueden
ocultar, pues se ha reconocido su insustancialidad.
Al despertar nos decidimos
por el Cielo, y dedicamos cinco minutos a asegurarnos de que hemos tomado la
única decisión que es cuerda. Reconocemos que estamos haciendo una elección
consciente entre lo que existe y lo que tan sólo aparenta ser verdad. Más
cuando se lleva ante la luz de lo que es real, se ve cuán frágil y transparente
es su pseudo existencia. Ahora no inspira terror, pues lo que se hizo enorme,
vengativo y despiadado de tanto odio, necesita de la oscuridad para dar cobijo
al miedo. Ahora se reconoce que no fue más que un error trivial y sin
importancia.
Antes de irnos a dormir
esta noche, reafirmaremos la elección que habremos estado llevando a cabo cada
hora. Y ahora dedicaremos los últimos cinco minutos de nuestro día a la
decisión que tomamos al despertar. Con el pasar de cada hora hemos reafirmado
nuestra elección con un breve momento de quietud dedicado a mantener la
cordura. Y finalmente, concluiremos el día con lo que sigue a continuación,
reconociendo que sólo elegimos lo que realmente queremos: El Cielo es la
alternativa por la que me tengo que decidir.
Me decido por él ahora y no
cambiaré de parecer, pues es lo único que quiero.
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