Ofrenda 99 para mi árbol de gratitud.
1.
Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto? Al igual que el texto
para el que este libro de ejercicios fue escrito, las ideas que se usan en los
ejercicios son muy simples, muy claras y están totalmente exentas de
ambigüedad. No estamos interesados en proezas intelectuales ni en juegos de
lógica. Estamos interesados únicamente en lo que es muy obvio, lo cual has
pasado por alto en las nubes de complejidad en las que piensas que piensas.
2.
Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto? Ésta, sin duda, no es
una pregunta difícil. La vacilación que tal vez sientas al contestarla no se
debe a la ambigüedad de la pregunta. Pero ¿crees acaso que la culpabilidad es
el infierno? Si lo creyeses, verías de inmediato cuán directo y simple es el texto,
y no necesitarías un libro de ejercicios en absoluto. Nadie necesita practicar
para obtener lo que ya es suyo.
3.
Hemos dicho ya que tu santidad es la salvación del mundo. ¿Y qué hay de tu propia
salvación? No puedes dar lo que no tienes. Un salvador tiene que haberse
salvado. ¿De qué otro modo, si no, podría enseñar lo que es la salvación? Los
ejercicios de hoy van dirigidos a ti, en reconocimiento de que tu salvación es
crucial para la salvación del mundo. A medida que apliques los ejercicios a tu
mundo, el mundo entero se beneficiará.
4.
Tu santidad es la respuesta a toda pregunta que jamás se haya hecho, se esté
haciendo ahora o se haga en el futuro. Tu santidad significa el fin de la
culpabilidad y, por ende, el fin del infierno. Tu santidad es la salvación del
mundo, así como la tuya. ¿Cómo podrías tú -a quien le pertenece tu santidad-
ser excluido de ella? Dios no conoce lo profano. ¿Sería posible que Él no
conociese a Su Hijo?
5.
Se te exhorta a que dediques cinco minutos completos a cada una de las cuatro
sesiones de práctica más largas de hoy, y a que esas sesiones sean más frecuentes
y de mayor duración. Si quieres exceder los requisitos mínimos, se recomienda
que lleves a cabo más sesiones en vez de sesiones más largas, aunque sugerimos
ambas cosas.
6.
Empieza las sesiones de práctica como de costumbre, repitiendo la idea de hoy
para tus adentros. Luego, con los ojos cerrados, explora tu mente en busca de
pensamientos que no sean amorosos en cualquiera de las formas en que puedan
presentarse: desasosiego, depresión, ira, miedo, preocupación, ataque,
inseguridad, etc. No importa en qué forma se presenten, no son amorosos, y, por
lo tanto, son temibles. De ellos, pues, es de los que necesitas salvarte.
7.
Todas las situaciones, personalidades o acontecimientos específicos que asocies
con pensamientos no amorosos de cualquier clase constituyen sujetos apropiados
para los ejercicios de hoy. Es imperativo para tu salvación que los veas de
otra manera. Impartirles tu bendición es lo que te salvará y lo que te dará la visión.
8.
Lentamente, sin hacer una selección consciente y sin poner un énfasis indebido
en ninguno en particular, escudriña tu mente en busca de todos aquellos pensamientos
que se interponen entre tu salvación y tú.
Aplica
la idea de hoy a cada uno de ellos de esta manera:
Mis
pensamientos no amorosos acerca de _____ me mantienen en el infierno.
Mi
santidad es mi salvación.
9.
Quizá estas sesiones de práctica te resulten más fáciles si las intercalas con
varias sesiones cortas en las que simplemente repites muy despacio la idea de
hoy varias veces en silencio. Te puede resultar útil asimismo incluir unos
cuantos intervalos cortos en los que sencillamente te relajas y no pareces
estar pensando en nada. Mantener la concentración es muy difícil al principio. Sin
embargo, se irá haciendo cada vez más fácil a medida que tu mente se vuelva más
disciplinada y menos propensa a distraerse.
10.
Entretanto, debes sentirte en libertad de introducir variedad en las sesiones
de práctica en cualquier forma que te atraiga hacerlo. Mas no debes cambiar la
idea en sí al variar el método de aplicación. Sea cual sea la forma en que
elijas usarla, la idea debe expresarse de tal manera que su significado sea el
hecho de que tu santidad es tu salvación. Finaliza cada sesión de práctica
repitiendo una vez más la idea en su forma original y añadiendo:
Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su
opuesto?
11.
En las aplicaciones más cortas, que deben llevarse a cabo unas tres o cuatro
veces por hora o incluso más si es posible, puedes hacerte a ti mismo esa
pregunta o repetir la idea de hoy, pero preferiblemente ambas cosas. Si te
asaltan tentaciones, una variación especialmente útil de la idea es:
Mi santidad es mi salvación de esto.


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