Ofrenda 36 para mi árbol de las alegrías.
1. Padre, Tu Hijo es santo. Yo soy aquel a quien sonríes con un
amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te
devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. Cuán puros y santos somos y cuán a
salvo nos encontramos nosotros que moramos en Tu Sonrisa, y en quienes has volcado
todo Tu Amor; nosotros que vivimos unidos a Ti, en completa hermandad y
Paternidad, y en inocencia tan perfecta que el Señor de la Inocencia nos
concibe como Su Hijo: un universo de Pensamiento que le brinda Su plenitud.
2. No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se
encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. Y en su benévolo reflejo nos
salvamos.


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