Día 35/365 4 de Febrero de 2020
Es como si estuvieras en un estado
totalmente vegetativo y la vida solo pasara alrededor tuyo.
Pasan
los días y solo estás ahí… existiendo..
Sabes que estas ahí porque respiras,
Porque
tu cerebro te mantiene con vida pero ni él sabe por qué o para qué.
Solo estás…
Y
esperas, esperas, esperas, esperas…
No
sabes que esperas, pero ya quieres que suceda. Algo.
Solamente
esperas a que suceda algo.
Algo que te cambie, algo que le dé
significado ¡a tu miserable existencia!
Pero
pasan los días Y nada
sucede.
Y
continúas esperando… Esperando… Esperando.
· La
depresión es un trastorno mental frecuente. Se calcula que afecta a más de 300
millones de personas en el mundo y es la principal causa mundial de
discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de
morbilidad y afecta más a la mujer que al hombre.
· En
el peor de los casos, la depresión puede llevar al suicidio. Cada año se suicidan cerca de 800 000 personas, y el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años.
La
depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de
las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede
convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga
duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y
alterar las actividades laborales, escolares y familiares.
Aunque
hay tratamientos eficaces para la depresión, más de la mitad de los afectados
en todo el mundo (y más del 90% en muchos países) no recibe esos tratamientos.
Entre los obstáculos a una atención eficaz se encuentran la falta de recursos y
de personal sanitario capacitados, además de la estigmatización de los
trastornos mentales y la evaluación clínica inexacta. Otra barrera para la
atención eficaz es la evaluación errónea. En países de todo tipo de ingresos,
las personas con depresión a menudo no son correctamente diagnosticadas,
mientras que otras que en realidad no la padecen son a menudo diagnosticadas
erróneamente y tratadas con antidepresivos.
La
carga mundial de depresión y de otros trastornos mentales está en aumento. En
una resolución de la Asamblea Mundial de la Salud adoptada en mayo de 2013 se
abogó por una respuesta integral y coordinada de los países al problema de los
trastornos mentales.
Dependiendo
del número y de la intensidad de los síntomas, los episodios depresivos pueden
clasificarse como leves, moderados o graves.
Una
distinción fundamental es la establecida entre la depresión en personas con y
sin antecedentes de episodios maníacos. Ambos tipos de depresión pueden ser
crónicos y recidivantes, especialmente cuando no se tratan.
Trastorno
depresivo recurrente: como su nombre indica, se caracteriza por repetidos
episodios de depresión. Durante estos episodios, hay estado de ánimo deprimido,
pérdida de interés y de la capacidad de disfrutar, y reducción de la energía
que produce una disminución de la actividad, todo ello durante un mínimo de dos
semanas. Muchas personas con depresión también padecen síntomas de ansiedad,
alteraciones del sueño y del apetito, sentimientos de culpa y baja autoestima,
dificultades de concentración e incluso síntomas sin explicación médica.
Dependiendo
del número y de la intensidad de los síntomas, los episodios depresivos pueden
clasificarse como leves, moderados o graves. Las personas con episodios
depresivos leves tendrán alguna dificultad para seguir con sus actividades
laborales y sociales habituales, aunque probablemente no las suspendan
completamente. En cambio, durante un episodio depresivo grave es muy improbable
que el paciente pueda mantener sus actividades sociales, laborales o domésticas
si no es con grandes limitaciones.
Trastorno afectivo bipolar: este tipo de depresión consiste característicamente en episodios maníacos y depresivos separados por intervalos con un estado de ánimo normal. Los episodios maníacos cursan con estado de ánimo elevado o irritable, hiperactividad, logorrea, autoestima excesiva y disminución de la necesidad de dormir.
La
depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales,
psicológicos y biológicos. Quienes han pasado por circunstancias vitales
adversas (desempleo, luto, traumatismos psicológicos) tienen más probabilidades
de sufrir depresión. A su vez, la depresión puede generar más estrés y
disfunción, y empeorar la situación vital de la persona afectada y, por
consiguiente, la propia depresión.
Hay
relaciones entre la depresión y la salud física; así, por ejemplo, las
enfermedades cardiovasculares pueden producir depresión, y viceversa.
Está demostrado que los programas de prevención reducen la depresión. Entre las estrategias comunitarias eficaces para prevenirla se encuentran los programas escolares para promover un modelo de pensamiento positivo entre los niños y adolescentes. Las intervenciones dirigidas a los padres de niños con problemas de conducta pueden reducir los síntomas depresivos de los padres y mejorar los resultados de sus hijos. Los programas de ejercicio para las personas mayores también pueden ser eficaces para prevenir la depresión.
Hay
tratamientos eficaces para la depresión moderada y grave. Los profesionales
sanitarios pueden ofrecer tratamientos psicológicos, como la activación
conductual, la terapia cognitiva conductual y la psicoterapia interpersonal, o
medicamentos antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación
de serotonina y los antidepresivos tricíclicos. Los profesionales sanitarios deben
tener presentes los posibles efectos adversos de los antidepresivos, las
posibilidades de llevar a cabo uno u otro tipo de intervención (por
disponibilidad de conocimientos técnicos o del tratamiento en cuestión) y las
preferencias individuales. Entre los diferentes tratamientos psicológicos a
tener en cuenta se encuentran los tratamientos psicológicos cara a cara,
individuales o en grupo, dispensados por profesionales o por terapeutas legos
supervisados.
Los
tratamientos psicosociales también son eficaces en los casos de depresión leve.
Los
antidepresivos pueden ser eficaces en la depresión moderada a grave, pero no
son el tratamiento de elección en los casos leves, y no se deben utilizar para
tratar la depresión en niños ni como tratamiento de primera línea en
adolescentes, en los que hay que utilizarlos con cautela.
La
OMS, entre otras organizaciones, ha elaborado manuales sobre intervenciones
psicológicas breves para tratar la depresión, que pueden ser utilizados por
trabajadores no profesionales.
Los
expertos advierten: la sociedad actual puede llevar al límite la salud mental
de los más jóvenes
·
Depresión, ansiedad, trastornos de la alimentación, adicciones o fobia social
son comunes en algunos menores



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