Ofrenda 310 Para mi árbol ilimitado.
1. Permítaseme
contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. Y que no trate de
empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la
fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su
soberanía.
2. Él
es Tu Hijo, Padre mío. Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis
ilusiones. Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. Hoy
quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin
identificarme con él.
1. El
pecado es demencia. Es lo que hace que la mente pierda su cordura y trate de
que las ilusiones ocupen el lugar de la verdad. Y al estar loca, la mente ve
ilusiones donde la verdad debería estar y donde realmente está. El pecado dotó
al cuerpo con ojos, pues, ¿qué iban a querer contemplar los que están libres de
pecado? ¿Para qué iban a querer la vista, el sonido o el tacto? ¿Qué iban a
querer oír o intentar asir? ¿Qué necesidad iban a tener de los sentidos? Usar
los sentidos es no saber. Y la verdad sólo se compone de conocimiento y de nada
más.
2. El
cuerpo es el instrumento que la mente fabricó en su afán por engañarse a sí
misma. Su propósito es luchar. Mas el objetivo por el que lucha puede cambiar. Y
entonces el cuerpo lucha por otro objetivo. Lo que ahora persigue lo determina
el objetivo que la mente ha adoptado para sustituir a la meta de engañarse a sí
misma que antes tenía. La verdad puede ser su objetivo, tanto como las
mentiras. Y así, los sentidos buscarán lo que da fe de la verdad.
3. El
pecado es la morada de las ilusiones, las cuales representan únicamente cosas
imaginarias procedentes de pensamientos falsos. Las ilusiones son la
"prueba" de que lo que no es real lo es. El pecado "prueba"
que el Hijo de Dios es malvado, que la intemporalidad tiene que tener un final
y que la vida eterna sucumbirá ante la muerte. Y Dios Mismo ha perdido al Hijo
que ama, y de lo único que puede valerse para alcanzar Su Plenitud es la
corrupción; la muerte ha derrotado Su Voluntad para siempre, el odio ha
destruido el amor y la paz ha quedado extinta para siempre.
4. Los
sueños de un loco son pavorosos y el pecado parece ser ciertamente aterrador. Sin
embargo, lo que el pecado percibe no es más que un juego de niños. El Hijo de
Dios puede jugar a haberse convertido en un cuerpo que es presa de la maldad y
de la culpabilidad, y a que su corta vida acaba en la muerte. Mientras tanto,
su Padre ha seguido derramando Su luz sobre él y amándolo con un Amor eterno
que sus pretensiones no pueden alterar en absoluto.
5. ¿Hasta
cuándo, Hijo de Dios, vas a seguir jugando el juego del pecado? ¿No es hora ya
de abandonar esos juegos peligrosos? ¿Cuándo vas a estar listo para regresar a
tu hogar? ¿Hoy quizá? El pecado no existe. La creación no ha cambiado. ¿Deseas
aún seguir demorando tu regreso al Cielo? ¿Hasta cuándo, santo Hijo de Dios,
vas a seguir demorándote, hasta cuándo?


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