Ofrenda 255 para mi agradecido y esplendoroso árbol de vida 2020
1. Para aquellos que contemplan el mundo desde una perspectiva
errónea, la gratitud es una lección muy difícil de aprender. Lo más que pueden
hacer es considerar que su situación es mejor que la de los demás. Y tratan de
contentarse porque hay otros que aparentemente sufren más que ellos. ¡Cuán
tristes y lamentables son semejantes pensamientos! Pues, ¿quién puede tener
motivos para sentirse agradecido si otros no los tienen? ¿Y quién iba a sufrir
menos porque ve que otro sufre más? Debes estarle agradecido únicamente a Aquel
que hizo desaparecer todo motivo de sufrimiento del mundo.
2. Es absurdo dar gracias por el sufrimiento. Mas es igualmente
absurdo no estarle agradecido a Uno que te ofrece los medios por los cuales
todo dolor se cura y todo sufrimiento queda reemplazado por la risa y la
felicidad. Ni siquiera los que están parcialmente cuerdos podrían negarse a dar
los pasos que Él indica, ni dejar de seguir el camino que Él les señala a fin
de escapar de una prisión que creían que no tenía salida a la libertad que
ahora perciben.
3. Tu hermano es tu "enemigo" porque lo ves como el
rival de tu paz: el saqueador que te roba tu dicha y no te deja nada salvo una
negra desesperación, tan amarga e implacable que acaba con toda esperanza. Lo
único que puedes desear ahora es la venganza. Lo único que puedes hacer ahora
es tratar de arrastrarlo a la muerte junto contigo, para que sea tan impotente
como tú, y para que en sus ambiciosas manos quede tan poco como en las tuyas.
4. No le das gracias a Dios porque tu hermano esté más esclavizado
que tú, ni tampoco podrías, en tu sano juicio, enfadarte si él parece ser más
libre. El amor no hace comparaciones. Y la gratitud sólo puede ser sincera si
va acompañada de amor. Le damos gracias a Dios nuestro Padre porque todas las
cosas encontrarán su libertad en nosotros. Es imposible que algunas puedan
liberarse mientras otras permanecen cautivas. Pues, ¿quién puede regatear en
nombre del amor?
5. Da gracias, por lo tanto, pero con sinceridad. Y deja que en tu
gratitud haya cabida para todos los que se han de escapar contigo: los
enfermos, los débiles, los necesitados y los temerosos, así como los que se
lamentan de lo que parece ser una pérdida, los que sienten un aparente dolor y
los que pasan frío o hambre y caminan por el camino del odio y la senda de la
muerte. Todos ellos te acompañan. No nos comparemos con ellos, pues al hacer
eso los separamos en nuestra conciencia de la unidad que compartimos con ellos
y que ellos no pueden sino compartir con nosotros también.
6. Le damos las gracias a nuestro Padre sólo por una cosa: que no
estamos separados de ninguna cosa viviente, y, por lo tanto, somos uno con Él. Y
nos regocijamos de que jamás puedan hacerse excepciones que menoscaben nuestra
plenitud o inhiban o alteren en modo alguno nuestra función de completar a
Aquel que es en Sí Mismo la compleción. Damos gracias por toda cosa viviente,
pues, de otra manera, no estaríamos dando gracias por nada, y estaríamos
dejando de reconocer los dones que Dios nos ha dado.
7. Permitamos, entonces, que nuestros hermanos reclinen su
fatigada cabeza sobre nuestros hombros y que descansen por un rato. Damos
gracias por ellos. Pues si podemos dirigirlos a la paz que nosotros mismos
queremos encontrar, el camino quedará por fin libre y franco para nosotros. Una
puerta ancestral vuelve a girar libremente; una Palabra -hace tiempo olvidada-
resuena de nuevo en nuestra memoria y cobra mayor claridad al estar nosotros
dispuestos a escuchar una vez más.
8. Recorre, pues, con gratitud el camino del amor. Pues olvidamos
el odio cuando dejamos a un lado las comparaciones. ¿Qué podría ser entonces un
obstáculo para la paz? El temor a Dios por fin es obliterado, y perdonamos sin
hacer comparaciones. Y así, no podemos elegir pasar por alto sólo ciertas
cosas, mientras retenemos bajo llave otras que consideramos
"pecados". Cuando tu perdón sea total tu gratitud lo será también,
pues te darás cuenta de que todas las cosas son acreedoras al derecho a ser
amadas por ser amorosas, incluyendo tu propio ser.
9. Hoy aprendemos a pensar en la gratitud en vez de en la ira, la
malicia y la venganza: Se nos ha dado todo. Si nos negamos a reconocer esto,
ello no nos da derecho a sentirnos amargados o a percibirnos como que estamos
en un lugar donde se nos persigue despiadadamente y se nos hostiga sin cesar, o
donde se nos atropella sin la menor consideración por nosotros o por nuestro futuro.
La gratitud se convierte en el único pensamiento conque sustituimos estas
percepciones descabelladas. Dios ha cuidado de nosotros y nos llama Su Hijo. ¿Puede
haber algo más grande que eso?
10. Nuestra gratitud allanará el camino que nos conduce a Él y
acortará la duración de nuestro aprendizaje mucho más de lo que jamás podrías
haber soñado. La gratitud y el amor van de la mano, y allí donde uno de ellos
se encuentra, el otro no puede sino estar. Pues la gratitud no es sino un
aspecto del Amor, que es la Fuente de toda la creación. Dios te da las gracias
a ti, Su Hijo, por ser lo que eres: Su Propia compleción y la Fuente del amor
junto con El. Tu gratitud hacia Él es la misma que la Suya hacia ti. Pues el
amor no puede recorrer ningún camino que no sea el de la gratitud, y ése es el
camino que recorremos los que nos encaminamos hacia Dios.


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