Ofrenda 253 para mi árbol ávido de sabiduría.
1. El aprendizaje es algo que le es ajeno a Dios. Su Voluntad, no
obstante, se extiende hasta lo que Él no entiende; en el sentido de que Él
dispone que la felicidad que Su Hijo heredó de Él permanezca incólume, sea
perpetua y por siempre en aumento, que se expanda eternamente en la dicha de la
creación plena, que sea eternamente receptiva y absolutamente ilimitada en Él. Ésa
es Su Voluntad. Por lo tanto, Su Voluntad provee los medios para garantizar que
se cumpla.
2. Dios no ve contradicciones. Sin embargo, Su Hijo cree verlas. Por
eso tiene necesidad de Alguien que pueda corregir su defectuosa manera de ver y
ofrecerle una visión que lo conduzca de nuevo al lugar donde la percepción
cesa. Dios no percibe en absoluto. Él es, no obstante, Quien provee los medios
para que la percepción se vuelva lo suficientemente hermosa y verdadera como
para que la luz del Cielo pueda resplandecer sobre ella. Él es Quien responde a
las contradicciones de Su Hijo y Quien mantiene su inocencia a salvo para
siempre.
3. Éstas son las lecciones que Dios quiere que aprendas. Su
Voluntad se refleja en todas ellas, y ellas reflejan Su amorosa bondad para con
el Hijo que Él ama. Cada lección encierra un pensamiento central, que se repite
en todas ellas. Su forma es lo único que varía, según las circunstancias, los
acontecimientos, los personajes o los temas, los cuales parecen ser reales,
pero no lo son. Su contenido fundamental es el mismo y es éste: Perdona, y
verás esto de otra forma.
4. Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta
de perdón. No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la
forma. Esta uniformidad es lo que hace
que el aprendizaje sea algo seguro, ya que la lección es tan simple que al
final no se puede rechazar. Nadie se puede ocultar para siempre de una verdad
tan obvia, que, aunque se presenta en innumerables formas, se puede reconocer
con la misma facilidad en todas ellas, sólo con desear ver la simple lección
que allí se encierra.
5. Perdona, y verás esto de otra forma. Éstas son las palabras que
el Espíritu Santo te dice en medio de todas tus tribulaciones, todo dolor y
todo sufrimiento, sea cual sea la forma en que se manifiesten. Éstas son las
palabras con las que a la tentación le llega su fin, y la culpabilidad,
abandonada ahora, deja de ser objeto de reverencia. Éstas son las palabras que
ponen fin al sueño de pecado y eliminan todo miedo de la mente. Éstas son las
palabras mediante las cuales al mundo entero le llega la salvación.
6. ¿No deberíamos acaso aprender a decir estas palabras cada vez
que nos sintamos tentados de creer que el dolor es real y la muerte se vuelva
nuestra elección en lugar de la vida? ¿No deberíamos acaso aprender a decirlas
una vez que hayamos comprendido el poder que tienen para liberar a todas las
mentes de la esclavitud? Éstas son palabras que te dan poder sobre todos los
acontecimientos que parecen tener control sobre ti. Ves esos acontecimientos correctamente
cuando mantienes estas palabras en tu conciencia, sin olvidarte de que son
aplicables a todo lo que ves o a todo lo que cualquier hermano contemple
erróneamente.
7. ¿Cómo puedes saber cuándo estás viendo equivocadamente o cuándo
no está alguien percibiendo la lección que debería aprender? ¿Parece ser real
el dolor en dicha percepción? Si lo parece, ten por seguro que no se ha
aprendido la lección, y que en la mente que ve el dolor a través de los ojos
que ella misma dirige permanece oculta una falta de perdón.
8. Dios no quiere que sigas sufriendo de esa manera. Él quiere
ayudarte a que te perdones a ti mismo. Su Hijo no recuerda quién es, 4y Dios no
quiere que se olvide de Su Amor ni de todos los dones que Su Amor trae consigo.
¿Renunciarías ahora a tu propia salvación? ¿Dejarías acaso de aprender las
sencillas lecciones que el Maestro celestial pone ante ti para que todo dolor
desaparezca y el Hijo pueda recordar a su Padre?
9. Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que aprendas. Él
no deja ningún pensamiento rencoroso sin corregir, ni que ninguna espina o
clavo lastime en modo alguno a Su santo Hijo. Él quiere asegurarse de que su
santo descanso permanezca sereno e imperturbable, sin preocupaciones, en un
hogar eterno que cuida de él. Él quiere que todas las lágrimas sean enjugadas y
que no quede ni una sola más por derramar, ni ninguna que sólo esté esperando
el momento señalado para brotar. Pues Dios ha dispuesto que la risa reemplace a
cada una de ellas y que Su Hijo sea libre otra vez.
10. Hoy trataremos de superar en un solo día miles de aparentes
obstáculos a la paz. Deja que la misericordia llegue a ti cuanto antes. No
trates de posponer su llegada ni un sólo día, minuto o instante más. Para eso
se hizo el tiempo. Úsalo hoy para lo que es. Dedica, mañana y noche, el tiempo
que puedas a lo que éste tiene como propósito, y no permitas que el tiempo que
dediques sea menos que el que sea necesario para satisfacer tu más imperiosa
necesidad.
11. Da todo lo que puedas, y luego da un poco más. Pues ahora nos
levantaremos apresuradamente e iremos a casa de nuestro Padre. Hemos estado
ausentes demasiado tiempo y ya no queremos seguir demorándonos más aquí. Según
practicamos, pensemos en todas las cosas con las que nos hemos quedado para
resolverlas por nuestra cuenta y que hemos mantenido fuera del alcance de la
curación. Entreguémoselas a Aquel que sabe cómo contemplarlas de manera que
desaparezcan. La verdad es Su mensaje; la verdad es Su enseñanza. Suyas son las
lecciones que Dios quiere que aprendamos.
12. Hoy, y en los días venideros, dedica un poco de tiempo cada hora
a practicar la lección del perdón tal como se indique. Trata de aplicarla a lo
acontecido en esa hora, de manera que la próxima esté libre de todo ello. De
esta manera, las cadenas del tiempo se desatarán fácilmente. No dejes que
ninguna hora arroje su sombra sobre la siguiente, y cuando haya transcurrido,
deja que todo lo acontecido se vaya con ella. De este modo, permanecerás libre
y en paz eterna en el mundo del tiempo.
13. Ésta es la lección que Dios quiere que aprendas: Hay una manera
de contemplarlo todo que te acerca más a Él y a la salvación del mundo. A todo
lo que habla de terror, responde de esta manera: Pongo el futuro en Manos de Dios.


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