Ofrenda 250 para mi jubiloso árbol de agradecimientos del 2020.
1. El dolor es una perspectiva errónea. Cuando se experimenta en
cualquier forma que sea, es señal de que nos hemos engañado a nosotros mismos. El
dolor no es un hecho en absoluto. Sea cual sea la forma que adopte, desaparece
una vez que se percibe correctamente. Pues el dolor proclama que Dios es cruel.
¿Cómo podría entonces ser real en cualquiera de las formas que adopta? El dolor
da testimonio del odio que Dios el Padre le tiene a Su Hijo, de la
pecaminosidad que ve en él y de Su demente deseo de venganza y de muerte.
2. ¿Es posible acaso dar fe de semejantes proyecciones? ¿Qué
podrían ser sino falsedades? El dolor no es sino un testigo de los errores del
Hijo con respecto a lo que él cree ser. Es un sueño de una encarnizada
represalia por un crimen que no pudo haberse cometido; por un ataque contra lo
que es completamente inexpugnable. Es una pesadilla en la que hemos sido
abandonados por el Amor Eterno, el cual jamás habría podido abandonar al Hijo
que creó como fruto de Su Amor.
3. El dolor es señal de que las ilusiones reinan en lugar de la
verdad. Demuestra que Dios ha sido negado, confundido con el miedo, percibido
como demente y considerado como un traidor a Sí Mismo. Si Dios es real, el
dolor no existe. Mas si el dolor es real, entonces es Dios Quien no existe. Pues
la venganza no forma parte del amor. Y el miedo, negando el amor y valiéndose
del dolor para probar que Dios está muerto, ha demostrado que la muerte ha
triunfado sobre la vida. El cuerpo es el Hijo de Dios, corruptible en la muerte
y tan mortal como el Padre al que ha asesinado.
4. ¡Que la paz ponga fin a semejantes necedades! Ha llegado el
momento de reírse de ideas tan absurdas. No es necesario pensar en ellas como
si fuesen crímenes atroces o pecados secretos de graves consecuencias. ¿Quién
sino un loco podría pensar que son la causa de algo? Su testigo, el dolor, es
tan demente como ellas, y no se debe tener más miedo de él que de las dementes
ilusiones a las que ampara, y que trata de demostrar que no pueden sino seguir
siendo verdad.
5. Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. Nada
externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. No hay causa
más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. Nadie, excepto tú
mismo, puede afectarte. No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entristecerte
o de debilitarte. Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que
ves reconociendo simplemente lo que eres. Conforme percibas su inocuidad, ellas
aceptarán como suya tu santa voluntad. Y lo que antes inspiraba miedo se
convierte ahora en una fuente de inocencia y santidad.
6. Santo hermano mío, piensa en esto por un momento: el mundo que
ves no hace nada. No tiene efectos. No es otra cosa que la representación de
tus pensamientos. Y será completamente distinto cuando elijas cambiar de
parecer y decidas que lo que realmente deseas es el júbilo de Dios. Tu Ser se
alza radiante en este santo júbilo, inalterado e inalterable por siempre jamás.
¿Le negarías a un pequeño rincón de tu mente su propia herencia y lo
conservarías como hospital para el dolor, como un lugar enfermizo a donde toda
cosa viviente tiene que venir finalmente a morir?
7. Tal vez parezca que el mundo te causa dolor. Sin embargo, al no
tener causa, no tiene el poder de ser la causa de nada. Al ser un efecto, no
puede producir efectos. Al ser una ilusión, es lo que tú deseas que sea. Tus
vanos deseos constituyen sus pesares. Tus extraños anhelos dan lugar a sus
sueños de maldad. Tus pensamientos de muerte lo envuelven con miedo, mientras
que en tu benévolo perdón halla vida.
8. El dolor es la forma en que se manifiesta el pensamiento del
mal, causando estragos en tu mente santa. El dolor es el rescate que gustosamente has
pagado para no ser libre. En el dolor se le niega a Dios el Hijo que Él ama. En
el dolor el miedo parece triunfar sobre el amor, y el tiempo reemplazar a la
eternidad y al Cielo. Y el mundo se convierte en un lugar amargo y cruel, donde
reina el pesar y donde los pequeños gozos sucumben ante la embestida del dolor
salvaje que aguarda para trocar toda alegría en sufrimiento.
9. Rinde tus armas, y ven sin defensas al sereno lugar donde por
fin la paz del Cielo envuelve todas las cosas en la quietud. Abandona todo pensamiento
de miedo y de peligro. No permitas que el ataque entre contigo. Depón la cruel
espada del juicio que apuntas contra tu propio cuello, y deja a un lado las
devastadoras acometidas con las que procuras ocultar tu santidad.
10. Así entenderás que el dolor no existe. Así el júbilo de Dios se
vuelve tuyo. Éste es el día en que te es dado comprender plenamente la lección
que encierra dentro de sí todo el poder de la salvación: el dolor es una ilusión;
el júbilo es real. El dolor es dormir; el júbilo, despertar. El dolor es un
engaño; y sólo el júbilo es verdad.
11. Por lo tanto, volvemos nuevamente a optar por la única
alternativa que jamás se puede elegir, ya que sólo elegimos entre las ilusiones
y la verdad, entre el dolor y el júbilo, entre el Cielo y el infierno. Que la
gratitud hacia nuestro Maestro invada nuestros corazones, pues somos libres de
elegir nuestro júbilo en vez de dolor, nuestra santidad en vez de pecado, la
paz de Dios en vez de conflicto y la luz del Cielo en lugar de las tinieblas
del mundo.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario