Ofrenda 223 para mi frondoso árbol de vida.
1. La muerte es un pensamiento que adopta muchas formas, las cuales
a menudo no se reconocen. La muerte puede manifestarse en forma de tristeza,
miedo, ansiedad o duda; en forma de ira, falta de fe y desconfianza;
preocupación por el cuerpo, envidia, así como en todas aquellas formas en las
que el deseo de ser como no eres pueda venir a tentarte. Todos ésos
pensamientos no son sino reflejos de la veneración que se le rinde a la muerte
como salvadora y portadora de la liberación.
2. En cuanto que encarnación del miedo, anfitrión del pecado, dios
de los culpables y señor de toda ilusión y engaño, el pensamiento de la muerte
parece ser muy poderoso. Pues parece encerrar a todas las cosas vivientes en
sus marchitas manos y a todos los deseos y esperanzas en su puño funesto, así
como percibir toda meta únicamente a través de sus ojos invidentes. Los
débiles, los indefensos, así como los enfermos se postran ante su imagen, al
pensar que sólo ella es real, inescapable y digna de su confianza. Pues la
muerte es lo único que inevitablemente llegará.
3. Todas las cosas excepto la muerte parecen ser inciertas y
perderse demasiado pronto independientemente de cuán difícil haya sido
adquirirlas, Ninguna de ellas parece ofrecernos seguridad con respecto a lo que
nos ha de brindar, y son propensas a defraudar las esperanzas que una vez nos
hicieron abrigar y a dejar tras sí un mal sabor de boca, en lugar de
aspiraciones y sueños. Pero con la muerte se puede contar. Pues vendrá con
pasos firmes cuando haya llegado su hora: Jamás cesará de tomar todo lo que
tiene vida como rehén.
4. ¿Te postrarías ante ídolos como éste? Aquí la fortaleza y el
poderío de Dios Mismo se perciben dentro de un ídolo hecho de barro. Aquí se
proclama que lo opuesto a Dios es señor de toda la creación, más fuerte que la
Voluntad de Dios por la vida, o que la infinitud del amor y la perfecta e inmutable
constancia del Cielo. Aquí por fin se derrota la Voluntad del Padre y del Hijo;
y se entierra bajo la lápida que la muerte ha colocado sobre el cuerpo del
santo Hijo de Dios.
5. Impío ahora debido a la derrota, el Hijo de Dios se ha
convertido en lo que la muerte quiere hacer de él. En su epitafio, que la
muerte ha escrito, no se menciona su nombre, pues ha pasado a ser polvo. En él
sólo se menciona lo siguiente: “Aquí yace un testigo de que Dios ha muerto”. Y
esto es lo que la muerte escribe una y otra vez, mientras sus veneradores
asienten, y postrándose con sus frentes en el suelo, susurran llenas de miedo
que así es.
6. Es imposible venerar a la muerte en cualquiera de las formas
que adopta, y al mismo tiempo seleccionar unas cuantas que no favoreces y que
incluso deseas evitar, mientras sigues creyendo en el resto. Pues la muerte es
total. O bien, todas las cosas mueren, o bien, todas viven y no pueden morir. En
esto no hay términos medios. Pues aquí nos encontramos de nuevo ante algo que
es obvio y que debemos aceptar si queremos gozar de cordura: lo que contradice
totalmente un pensamiento no puede ser verdad, a menos que se haya demostrado
la falsedad de su opuesto.
7. La idea de que Dios ha muerto es algo tan descabellado que
incluso a los dementes les resulta difícil creerlo. Pues implica que Dios
estuvo vivo una vez y que de alguna manera murió, aparentemente asesinado por
aquellos que no querían que sobreviviese. Al ser la voluntad de éstos más
fuerte, pudo vencer a la suya y, de esta manera, la vida eterna sucumbió ante
la muerte. Y al morir el Padre, murió también el hijo.
8. Puede que los que veneran la muerte tengan miedo. Sin embargo,
¿Pueden ser realmente temibles estos pensamientos? Si se diesen cuenta de que
eso es lo que creen, se liberarían de inmediato. Esto es lo que tú les vas a
mostrar hoy. La muerte no existe, y renunciamos a ella en todas sus formas, por
la salvación de ellos, así como por la nuestra. Dios no creó la muerte. Cualquier
forma que adopte, por lo tanto, tiene que ser una ilusión. Esta es la postura
que hoy adoptamos. Y se nos concede poder mirar allende la muerte, y ver la
vida que se encuentra más allá.
9. Padre nuestro, bendice hoy nuestros ojos. Somos Tus Emisarios,
y deseamos contemplar el glorioso reflejo de tu amor que refulge en todas las
cosas. Vivimos y nos movemos únicamente en Ti. No estamos separados de tu vida
eterna. La muerte no existe, pues la muerte no es Tu Voluntad. Y moramos allí
donde Tú nos ubicaste, en la vida que compartimos Contigo y con toda cosa
viviente, para ser como Tú y parte de Ti para siempre. Aceptamos Tus
Pensamientos como nuestros, y nuestra voluntad es una con la Tuya eternamente. Amén.


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