Ofrenda 228 para mi sonriente árbol florido.
1. Dios nos habla. ¿No deberíamos nosotros acaso hablarle a Él?
Dios no es algo distante. No trata de ocultarse de nosotros. Somos nosotros los
que tratamos de ocultarnos de Él, y somos víctimas del engaño. Él siempre está
enteramente accesible. Él ama a su Hijo. De nada, excepto de esto se puede estar
seguro, pero con eso basta. Él amará a su Hijo eternamente. Aun cuando su mente
duerme, Él lo ama. Y cuando su mente despierte, Él lo seguirá amando con un
Amor que jamás ha de cambiar.
2. Si supieras el significado de Su Amor, tanto la esperanza como
la desesperación serían imposibles. Pues toda esperanza quedaría colmada para
siempre y cualquier clase de desesperación sería inconcebible. Su gracia es Su
respuesta para toda desesperación, pues en ella radica el recuerdo de Su Amor. ¿Cómo
no iba Él a proporcionar gustosamente los medios a través de los cuales puede
reconocerse Su Voluntad? Su gracia es tuya sólo con que la reconozcas. Y Su memoria
despertará en la mente que le pida los medios a través de los cuales su sueño
termina.
3. Hoy le pedimos a Dios el regalo que con más celo ha conservado
dentro de nuestros corazones, en espera de que se le reconozca. Se trata del
regalo mediante el cual Dios se inclina hasta nosotros y nos eleva, dando así
Él Mismo el último paso de la salvación. Todos los pasos, excepto éste, los
aprendemos siguiendo las instrucciones de Su Voz. Pero al final es Él Mismo
Quien viene, y tomándonos en Sus Brazos hace que todas las telarañas de nuestro
sueño desaparezcan. Su regalo de gracia es algo más que una simple respuesta, pues
restaura todas las memorias que la mente que duerme había olvidado y toda la
certeza acerca del significado del Amor.
4. Dios ama a Su Hijo. Pídele ahora que te proporcione los medios
a través de los cuales este mundo desaparece, y primero vendrá la visión, y un
instante más tarde, el conocimiento. Pues en la gracia ves una luz envolver al
mundo con amor, y al miedo borrarse de todos los semblantes conforme los
corazones se alzan y reclaman la luz como suya. ¿Qué queda ahora que pueda
demorar al Cielo un sólo instante más? ¿Qué queda aún por hacer cuando tu
perdón descansa sobre todas las cosas?
5. Hoy es un día nuevo y santo, pues recibimos lo que se nos ha
dado. Nuestra fe radica en el Dador, no en nuestra aceptación. Reconocemos
nuestros errores, pero Aquel que no sabe de errores es Quien ha de responder a
ellos, proporcionándonos los medios con los que podemos dejarlos atrás y
elevarnos hasta Él con gratitud y amor.
6. Y Él desciende para recibirnos, según nosotros nos acercamos a
Él. Pues lo que Él nos ha preparado, Él lo da y nosotros lo recibimos. Tal es
Su Voluntad, pues Él ama a Su Hijo. A Él elevamos nuestras oraciones hoy,
devolviéndole tan sólo la palabra que Él nos dio a través de Su Propia Voz, Su
Palabra, Su Amor: Tu gracia me es dada. La reclamo ahora. Padre, vengo a Ti. Y
Tú vendrás a mí que te lo pido, pues soy el Hijo que Tú amas.


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