Ofrenda 227 para mi hermoso árbol de agradecimientos.
1. No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la
verdad. No admite grados. Es la única condición que todo lo que Dios creó
comparte. Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. La muerte no
existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque
Dios no tiene opuesto. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno.
2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la
vida. Tú lo llamas muerte. Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la
muerte adopta muchas formas. Es la idea subyacente a todos los sentimientos que
no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas
de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, sensación de
pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve suspiro de
cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio
de la muerte. Por lo tanto, niegan que vives.
3. Tú crees que la muerte es algo que sólo tiene que ver con el
cuerpo. Sin embargo, es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se
considera físico. Los pensamientos se encuentran en la mente. Éstos pueden
entonces aplicarse según lo dicte la mente. Y es en su punto de origen donde
debe efectuarse el cambio si es que éste ha de tener lugar. Las ideas no
abandonan su fuente. El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe
al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con
respecto a ti mismo. Es la razón de que puedas curar. Es la causa de la curación.
Es la razón de que no puedas morir. Su veracidad te estableció como uno con
Dios.
4. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu
Creador. Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones
varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que
tú jamás puedes cambiar. Es la creencia fija de que las ideas pueden abandonar
su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo
diferente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como
en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.
5. La muerte no puede proceder de la vida. Las ideas permanecen
unidas a su fuente. Pueden extender todo lo que su fuente contiene. En este
sentido, pueden ir mucho más allá de sí mismas. Pero no pueden dar origen a lo
que jamás se les dio. Tal como fueron concebidas, así será como ellas a su vez
conciban. Tal como nacieron, así es como darán a luz. Y de allí de donde
provinieron, allí mismo regresarán.
6. La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. No puede
cambiar su estado de vigilia. No puede hacer un cuerpo, ni tampoco habitar en
un cuerpo. Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. La
mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles los atributos
que no posee, ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. No
puede dar lugar a lo físico. Lo que parece morir no es sino la señal de que la
mente está dormida.
7. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. Como
tal, se puede reconciliar con lo que la creó porque no es realmente un opuesto.
Su forma puede cambiar, así como aparentar ser lo que no es. Mas la mente es
mente, tanto si está despierta como dormida. No es lo opuesto a nada que ella
misma haya creado, ni a lo que parece hacer mientras cree estar dormida.
8. Dios sólo crea mentes despiertas. Él no duerme, y Sus
creaciones no pueden poseer algo que Él no les confiera, ni dar lugar a
condiciones que Él no comparte con ellas. El pensamiento de muerte no es lo
opuesto a los pensamientos de vida. Libres para siempre de toda oposición, los
Pensamientos de Dios son eternamente inmutables, y tienen el poder de
extenderse inmutablemente para siempre, aunque dentro de sí mismos, pues son
omnipresentes.
9. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. Cuando
la mente elige ser lo que no es y asumir un poder que le es ajeno y que no
posee, un estado foráneo al que no puede adaptarse o una condición falsa que no
forma parte de su Fuente, simplemente parece que se va a dormir por un rato. Y
sueña al tiempo: un intervalo en el que lo que parece acontecer en realidad
nunca ha sucedido, los cambios ocurridos carecen de fundamento y los acontecimientos
que parecen tener lugar no están en ninguna parte. Cuando la mente despierta,
sencillamente continúa siendo como siempre fue.
10. Seamos hoy criaturas de la verdad, y no neguemos nuestro santo
patrimonio. Nuestra vida no es como nos la imaginamos. ¿Quién podría cambiar la
vida sólo porque cierre los ojos, o porque haga de sí mismo lo que no es al
estar dormido y ver en sueños algo opuesto a lo que él es? Hoy no pediremos la
muerte en ninguna de sus formas. Tampoco dejaremos que ni siquiera por un
instante cosas imaginarias que aparentemente se oponen a la vida moren allí
donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de vida eterna.
11. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo
estableció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. Él es Dueño y Señor
de lo que hoy pensamos. Y en Sus Pensamientos, que no tienen opuesto,
entenderemos que sólo hay una vida, y ésa es la vida que compartimos con Él,
con toda la creación, así como con sus pensamientos, los cuales Él creó como
una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente
de vida de dónde provino.
12. Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la
que nos llega la perfección, la cual permanece por siempre en las santas mentes
que Él creó perfectas. Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos
siempre. La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia
perfección reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo
que allí se ve reflejado. Y ahora ya no es un simple reflejo, sino que se
convierte en aquello que refleja y en la luz que hace que el reflejo sea
posible. La visión deja ahora de ser necesaria. Pues una mente despierta es
aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.


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