Ofrenda 222 en mi fructifero árbol de vida 2020.
1. Sólo con que mantuvieses este pensamiento fijo en la mente, el
mundo se salvaría. Lo repetiremos de vez en cuando, según vayamos alcanzando
nuevos niveles en nuestro aprendizaje. Y a medida que avances tendrá cada vez
más significado para ti. Estas palabras son sagradas, pues son las palabras que
Dios dio como respuesta al mundo que tú construiste. Con ellas éste desaparece,
y todo lo que se ve en sus brumosas nubes y vanas ilusiones se desvanece cuando
se pronuncian estas palabras, pues proceden de Dios.
2. He aquí la Palabra mediante la cual el Hijo se convirtió en la
felicidad de Su Padre, en Su Amor y en Su compleción. He aquí donde se proclama
la creación y donde se honra tal como es. No hay sueño que no se disipe con
estas palabras; no hay pensamiento de pecado o ilusión en dicho sueño que no se
desvanezca ante su poder. Estas palabras son la trompeta del despertar que
resuena por todo el mundo. Los muertos despiertan en respuesta a su llamada. Y
los que viven y oyen este sonido jamás verán la muerte.
3. Santo es en verdad aquel que hace suyas estas palabras; que se
levanta con ellas en su mente, las recuerda a lo largo del día, y por la noche
se las lleva consigo al irse a dormir. Sus sueños son felices y su descanso
está asegurado, su seguridad es indudable y su cuerpo goza de perfecta salud
porque duerme y despierta con la verdad ante sí en todo momento. Salvará al
mundo porque le da a éste lo que él mismo recibe cada vez que practica las
palabras de la verdad.
4. Nuestra práctica de hoy es muy simple. Pues las palabras que
utilizamos son poderosas y no necesitan pensamientos adicionales para poder
producir un cambio en la mente de aquel que las utiliza. Este cambio es tan
absoluto, que ahora dicha mente se convierte en la tesorería en la que Dios
deposita todos Sus dones y todo Su Amor, para que sean distribuidos por todo el
mundo, se multipliquen al darse y se conserven intactos porque su compartir es
ilimitado. Y así aprendes a pensar con Dios. La visión de Cristo ha restaurado
tu vista al haber rescatado tu mente.
5. Hoy te honramos a ti. Tienes derecho a la perfecta santidad que
ahora aceptas. Con esta aceptación todo el mundo se salva, pues, ¿quién
seguiría abrigando el pecado cuando una santidad como ésta ha bendecido al
mundo? ¿Quién podría desesperarse cuando la perfecta dicha es suya y está al
alcance de todos como remedio para el pesar y la miseria, para toda sensación
de pérdida y para escapar totalmente del pecado y la culpabilidad?
6. Y ¿quién no sería ahora un hermano para ti, al ser tú su
salvador y redentor? ¿Quién no te abriría su corazón amorosamente, ansioso de
unirse a uno que es tan santo como él? Tú eres tal como Dios te creó. Estas
palabras disipan la noche, y ya no hay más oscuridad. La luz ha venido hoy a
bendecir el mundo. Pues tú has reconocido al Hijo de Dios, y en ese
reconocimiento radica el del mundo.


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