Mi ofrenda 220 para mi árbol de maduros frutos en mi vida.
1. El miedo es un extraño en los caminos del amor. Identifícate
con el miedo, y te vuelves un extraño ante tus propios ojos. Y de este modo, no
te conocerás a ti mismo. Lo que tu Ser es sigue siendo algo ajeno para la parte
de ti que cree que es real, aunque diferente de ti: ¿Quién podría estar en su
sano juicio en tales circunstancias? ¿Quién sino un loco podría creer que él es
lo que no es, y juzgar en contra de sí mismo?
2. Hay un extraño entre nosotros que procede de una idea tan ajena
a la verdad que habla un idioma distinto, percibe un mundo que la verdad
desconoce y entiende aquello que la verdad juzga como carente de sentido. Pero
aún más extraño es el hecho de que no reconoce a aquel a quien visita, y sin
embargo, sostiene que el hogar de éste es suyo, mientras que el que está en su hogar
es el que es el extraño. No obstante, qué fácil sería decir: "Este es mi
hogar. Aquí es donde me corresponde estar y no me iré porque un loco me diga
que tengo que hacerlo".
3. ¿Qué razón hay para no decir esto? ¿Cuál podría ser la razón
sino que has INVITADO a ese extraño a ocupar tu lugar, y has permitido
convertirte en un extraño ante tus propios ojos? Nadie se dejaría desahuciar
tan innecesariamente a no ser que pensase que hay otro hogar que está más de
acuerdo con sus gustos.
4. ¿Quién es el extraño? ¿A quién no le corresponde estar en el
hogar que Dios proveyó para Su Hijo, a ti o al miedo? ¿Es acaso el miedo obra
Suya, creado a Su semejanza? ¿Es acaso el miedo lo que el amor completa y
mediante lo cual se completa a sí mismo? No hay hogar que pueda darle cobijo al
amor y al miedo, pues no pueden coexistir. Si tú eres real, el miedo no puede
sino ser una ilusión. Mas si el miedo es real, entonces eres tú el que no
existe.
5. ¡Qué fácilmente se puede resolver este dilema! Todo aquel que
teme no ha hecho sino negar su verdadera identidad y decir: "Yo soy el
extraño aquí. De modo que le cedo mi hogar a uno que es más como yo que yo
mismo, y le doy todo cuanto pensé que era mío". Ahora se ha exilado por
fuerza, sin saber quién es, inseguro de todo, menos de esto: que él no es él
mismo, y que se le ha negado su hogar.
6. ¿En pos de qué va a ir ahora? ¿Qué podría encontrar? Alguien
que se ha convertido en un extraño ante sus propios ojos no puede encontrar un
hogar no importa dónde lo busque, pues él mismo ha imposibilitado su regreso. Está
perdido a menos que un milagro venga y le muestre que ya no es un extraño. El
milagro vendrá. Pues su Ser sigue morando en su hogar. Y su Ser no ha invitado
a ningún extraño ni se ha confundido a Sí Mismo con ningún pensamiento ajeno a
Él. E invocará a lo que es Suyo a Sí Mismo en reconocimiento de lo que es Suyo.
7. ¿Quién es el extraño? ¿No es acaso aquel a quien tu Ser no
invoca? Ahora eres incapaz de reconocer a ese extraño que merodea entre
vosotros, pues le has cedido tu legítimo lugar. No obstante, tu Ser está tan
seguro de lo que es Suyo como Dios lo está de Su Hijo. Dios no está confundido
con respecto a la creación. Está seguro de lo que es Suyo. Ningún extraño se
puede interponer entre Su conocimiento y la realidad de Su Hijo. Él no sabe de
extraños. Él está seguro de Su Hijo.
8. La certeza de Dios es suficiente. A aquel a quien Él reconoce
como Su Hijo le corresponde estar allí donde Él estableció a Su Hijo para
siempre. Él ha contestado tu pregunta: "¿Quién es el extraño?" Oye Su
Voz asegurarte, con serenidad y certeza, que tú no eres un extraño para tu
Padre ni tu Creador se ha vuelto un extraño para ti. Aquel a quien Dios se ha unido
es eternamente uno, pues está en su hogar en Él, y no es un extraño para Sí
Mismo.
9. Hoy damos gracias de que Cristo haya venido a buscar en el
mundo lo que es Suyo. Su visión no ve extraños, sino que contempla a los Suyos
y se une a ellos jubilosamente. Ellos lo ven como un extraño, pues no se
reconocen a sí mismos. No obstante, a medida que le den la bienvenida, lo
recordarán. Y Él los conducirá dulcemente de regreso a su hogar, donde les
corresponde estar.
10. Cristo no se olvida de nadie. No deja de darte ni uno solo de tus
hermanos para que los recuerdes a todos, de manera que tu hogar pueda ser pleno
y perfecto, tal como fue instituido. Él no se ha olvidado de ti. Mas tú no lo
podrás recordar a Él hasta que contemples todo tal como Él lo hace. El que
niega a su hermano lo está negando a Él, y, por lo tanto, se está negando a
aceptar el don de la visión mediante el cual puede reconocer a su Ser
claramente, recordar su hogar y alcanzar la salvación.


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