Ofrenda 216 para mi árbol de milagros.
1. La idea de hoy no hace sino expresar la simple verdad que hace
que el pensamiento de pecado sea imposible. Esta idea nos asegura que la
culpabilidad no tiene causa, y que, por lo tanto, no existe. Es la consecuencia
lógica de la idea fundamental que tan a menudo se menciona en el texto, la cual
reza así: las ideas no abandonan su fuente. Si esto es verdad, ¿cómo ibas a
poder estar separado de Dios? ¿Cómo ibas a poder caminar por el mundo solo y
separado de tu Fuente?
2. No somos inconsistentes con los pensamientos que presentamos en
nuestro programa de estudios. La verdad tiene que ser verdad de principio a
fin, si es que es la verdad. No puede contradecirse a sí misma, ni ser dudosa
en algunas partes y segura en otras. No puedes caminar por el mundo separado de
Dios porque no podrías existir sin Él. Él es lo que tu vida es. Donde tú estás,
Él está. Hay una sola vida. Ésa es la vida que compartes con Él. Nada puede
estar separado de Él y vivir.
3. Y ahí donde Él está tiene que haber santidad así como vida. Él
no posee ningún atributo que no comparta con todas las cosas vivientes. Todo lo
que vive es tan santo como Él, pues lo que comparte Su vida es parte de la
Santidad y no puede ser pecaminoso, de la misma manera en que el sol no puede
elegir ser de hielo, el mar estar separado del agua o la hierba crecer con las
raíces suspendidas en el aire.
4. Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia
es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti. Todo lo que vive no hace
sino ofrecerte regalos y depositarlos con gratitud y alegría ante tus pies. El
aroma de las flores es su regalo para ti. Las olas se inclinan ante ti, los
árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y sus hojas tapizan el
suelo para que camines sobre algo mullido, mientras que el sonido del viento
amaina hasta convertirse en un susurro en torno a tu santa cabeza.
5. La luz que refulge en ti es lo que el universo ansía
contemplar. Todas las cosas vivientes se detienen en silencio ante ti, pues
reconocen a Aquel que camina a tu lado. La luz que llevas contigo es la suya
propia. Y así, ven en ti su propia santidad, y te saludan como salvador y como
Dios. Acepta su reverencia, pues le corresponde a la Santidad Misma, que camina
a tu lado, transformando con Su dulce Luz todas las cosas en Su semejanza y en
Su pureza.
6. Así es como opera la salvación. Al tú hacerte a un lado, la luz
que refulge en ti da un paso adelante y envuelve al mundo. No proclama que el
castigo y la muerte vayan a ser el final del pecado. Éste desaparecerá entre
jolgorios y risas, pues se reconocerá su extraña absurdidad. Es un pensamiento
descabellado, un sueño tonto, ridículo quizá, pero no temible. Mas ¿quién
pospondría un solo instante su acercamiento a Dios a cambio de un capricho tan
absurdo?
7. No obstante, tú has desperdiciado muchos, pero que muchos años
precisamente en este pensamiento descabellado. El pasado ha desaparecido junto
con todas sus fantasías. Éstas ya han dejado de hacer presa en ti. El
acercamiento a Dios se avecina. Y en el pequeño espacio de duda que todavía
queda, es posible que pierdas de vista a tu Compañero y que lo confundas con el
sueño ancestral e insensato que ya pasó.
8. "¿Quién camina a mi lado?" Debes hacerte esta
pregunta mil veces al día hasta que la certeza haya aplacado toda duda y
establecido la paz. Deja que hoy cesen las dudas. Dios habla por ti al
contestar tu pregunta con estas palabras: Camino con Dios en perfecta santidad.
6llumino el mundo, ilumino mi mente, así como todas las mentes que Dios creó
una conmigo.


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