Ofrenda 203 para mi árbol de dorados frutos que es la vida
Deja que hoy sea un día de quietud y
de sosegada escucha. La Voluntad de tu Padre es que hoy oigas Su Palabra. Por
eso te llama desde lo más recóndito de tu mente donde Él mora. Óyele hoy. No
podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída por todos los rincones del mundo,
y tu mente, escuchando en quietud, acepte el mensaje que el mundo tiene que oír
para que pueda dar comienzo la serena hora de la paz.
Hoy oiremos la Voz de Dios en la
quietud, sin la intromisión de nuestros insignificantes pensamientos ni la de
nuestros deseos personales, y sin juzgar en modo alguno Su santa Palabra. Tampoco
nos juzgaremos a nosotros mismos hoy, pues lo que somos no puede ser juzgado.
Él te habla hoy. Su Voz espera tu
silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente no se haya
aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados. Aguarda Su
Palabra en silencio. Hay una paz en ti a la que puedes recurrir hoy a fin de
que te ayude a preparar a tu santísima mente para oír la Voz que habla por su
Creador.
Deja de escuchar al mundo durante
diez minutos y elige en su lugar escuchar plácidamente la Palabra de Dios. Él
te habla desde un lugar que se encuentra más cerca de ti que tu propio corazón.
Su Voz está más cerca de ti que tu propia mano. Su Amor es todo lo que eres y
todo lo que Él es; Su Amor es lo mismo que tú eres y tú eres lo mismo que Él
es.
Es tu voz la que escuchas cuando Él
te habla. Es tu Palabra la que Él pronuncia. Es la Palabra de la libertad y de
la paz, de la unión de voluntades y propósitos; sin separación o división en la
única Mente del Padre y del Hijo. Escucha hoy a tu Ser en silencio, y deja que
te diga que Dios nunca ha abandonado a Su Hijo y que tú nunca has abandonado a
tu Ser.
Oirás la Palabra en la que la
Voluntad de Dios el Hijo se une a la Voluntad de su Padre en total armonía con
ella y sin ninguna ilusión que se interponga entre lo que es absolutamente
indivisible y verdadero. Recuérdate a ti mismo que tienes un propósito especial
en este día: recibir en la quietud la Palabra de Dios.
Lección
126 Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.
Si
creyeses lo que la idea de hoy afirma, no te resultaría difícil perdonar
completamente, tendrías certeza con respecto a tu objetivo y no tendrías ninguna
duda acerca de tu rumbo. Entenderías los medios a través de los cuales se
alcanza la salvación, y no vacilarías en emplearlos ahora mismo.
Cuando
"perdonas" un pecado, no ganas nada con ello directamente. Es una
ofrenda de caridad a alguien que no se la merece, a fin de demostrar
simplemente que tú eres mejor y que te encuentras en un plano superior a él.
Él no se ha ganado la limosna de tu tolerancia -que tú le concedes sabiendo que
no es digno de tal dádiva- ya que sus pecados lo han situado muy por debajo de
una verdadera igualdad contigo. No tiene derecho a tu perdón, el cual supone un
regalo para él, pero no para ti.
No
entiendes lo que es el perdón. Tal como lo ves, no es sino un freno al ataque
abierto que no requiere corrección alguna en tu mente. Tal como lo percibes, no
te puede brindar paz. No constituye un
medio por el que liberarte de aquello que ves en otro, pero no en ti mismo. No
tiene poder alguno para restaurar en tu conciencia tu unidad con él. Eso no es
lo que Dios dispuso para ti.
La
salvación es un regalo mucho mejor que eso. Y el verdadero perdón, que es el
medio por el que se alcanza la salvación, no puede sino sanar a la mente que da,
pues dar es recibir. Lo que no se ha recibido, no se ha dado, pero lo que se ha
dado tiene que haberse recibido.
Hoy
trataremos de entender la verdad según la cual el que da y el que recibe son
uno.
Dedica
hoy quince minutos a tratar de entender la idea de hoy. Esta idea es el
pensamiento mediante el cual el perdón pasa a ocupar el lugar que le
corresponde entre tus prioridades. Es el pensamiento que liberará a tu mente de
cualquier obstáculo que te impida comprender el significado del perdón y lo
valioso que es para ti.
Mientras
permaneces en silencio, cierra los ojos al mundo que no comprende lo que es el
perdón, y repite la idea de hoy, y pide poder entender lo que realmente
significa. Estáte dispuesto a dejarte enseñar. Alégrate de oír lo que te dice
la Voz de la verdad y de la curación, y entenderás las palabras que Él te diga
y reconocerás que son tus propias palabras.
No
permitas que tu mente se olvide de este objetivo por mucho tiempo, sino que di
para tus adentros:
Todo
lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.
Y
creerás lo que le oigas decir, pues recibirás lo que Él te dé.


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