Mi ofrenda 133 para mi árbol de vida 2020
1. Hoy vamos a examinar la voluntad que
compartes con Dios. Dicha voluntad no es lo mismo que los vanos deseos del ego,
de los cuales emanan las tinieblas y la nada. La voluntad que compartes con
Dios encierra dentro de sí todo el poder de la creación. Los vanos deseos del
ego no se pueden compartir y, por lo tanto, no tienen poder alguno. Sus deseos
no son infructuosos en el sentido de que pueden dar lugar a un mundo de
ilusiones en el cual puedes llegar a creer ciegamente. Desde el punto de vista
de la creación, no obstante, son ciertamente infructuosos, pues no dan lugar a
nada que sea real.
2. Los vanos deseos y los resentimientos son
socios o co-fabricantes del mundo tal como lo ves. Los deseos del ego dieron
lugar al mundo, y la necesidad del ego de abrigar resentimientos -los cuales
son indispensables para sustentar este mundo- lo pueblan de figuras que parecen
atacarte y hacer que tus juicios estén "justificados". Estas figuras
se convierten en los intermediarios que el ego emplea en el tráfico de
resentimientos. Se interponen entre tu conciencia y la realidad de tus
hermanos. Al contemplar dichas figuras, no puedes conocer a tus hermanos ni a
tu Ser.
3. Pierdes conciencia de tu voluntad en esta
extraña transacción en la que la culpabilidad se trueca una y otra vez, y los
resentimientos aumentan con cada intercambio. ¿Cómo iba a haber podido crear la
Voluntad que el Hijo de Dios comparte con su Padre semejante mundo? ¿Acaso creó Dios desastres para Su Hijo? La
creación es la Voluntad conjunta de Ambos. ¿Cómo iba Dios a crear un mundo que
pudiese destruirlo a Él?
4. Hoy trataremos una vez más de ponernos en
contacto con el mundo que está acorde con tu voluntad. resplandece sobre él. Las
tinieblas han desaparecido, al igual que los vanos deseos del ego. Sin embargo,
la luz que resplandece sobre dicho mundo es un reflejo de tu voluntad. Por lo
tanto, es dentro de ti donde la buscaremos.
5. Tu imagen del mundo tan sólo puede reflejar
lo que está dentro de ti. Ni la fuente
de la luz ni la de la oscuridad pueden encontrarse fuera de ti. Tus
resentimientos nublan tu mente, y, como consecuencia de ello, contemplas un
mundo tenebroso. El perdón despeja las
tinieblas, reafirma tu voluntad y te permite contemplar un mundo de luz. Hemos subrayado repetidas veces que es fácil
salvar la barrera de los resentimientos, y que ésta no puede interponerse entre
tu salvación y tú. La razón es muy
simple. ¿Quieres realmente estar en el infierno? ¿Quieres realmente gemir, sufrir y morir?
6. Olvídate de los argumentos del ego que
tratan de probar que todo eso es realmente el Cielo. Tú bien sabes que no lo
es. Eso no puede ser lo que tú deseas para ti mismo. Hay un punto más allá del
cual las ilusiones no pueden pasar. El sufrimiento no es felicidad, y la
felicidad es lo que realmente deseas. Eso es lo que en verdad es tu voluntad. Y
por ende, la salvación es asimismo tu voluntad. Tú quieres tener éxito en lo
que nos proponemos hacer hoy. Así que lo
emprendemos con tu bendición y grata conformidad.
7. Tendremos éxito hoy si recuerdas que lo que
quieres para ti es la salvación. Quieres aceptar el plan de Dios porque eres
parte integrante de él. No tienes ninguna voluntad que realmente se pueda
oponer a ese plan, ni tampoco es ése tu deseo. La salvación es para ti. Por
encima de todo, quieres tener la libertad de recordar quién eres realmente. Hoy
es el ego el que se encuentra impotente ante tu voluntad. Tu voluntad es libre,
y nada puede prevalecer contra ella.
8.
Abordaremos los ejercicios de hoy, por lo tanto, con entusiasmo y confianza,
seguros de que encontraremos lo que es tu voluntad encontrar y de que
recordaremos lo que es tu voluntad recordar. Ningún deseo vano puede detenernos
ni engañarnos con ilusiones de fuerza. Deja que hoy se haga tu voluntad, y pon
fin de una vez por todas a la absurda creencia de que prefieres el infierno al
Cielo.
9.
Comenzaremos nuestras sesiones de práctica más largas reconociendo que el plan
de Dios para la salvación, y sólo el Suyo, es el que está en completo acuerdo
con tu voluntad. No es el propósito de un poder extraño que se te impone en
contra de tu voluntad. Es el único propósito aquí con el que tú y tu Padre estáis
perfectamente de acuerdo. Triunfarás hoy: la hora señalada para la emancipación
del Hijo de Dios del infierno y de todos los deseos vanos. Su voluntad queda
ahora reinstaurada en su conciencia. Él está dispuesto hoy mismo a contemplar
la luz que mora en él y a salvarse. No hay más voluntad que la de Dios. No
puedo estar en conflicto. Dedica entonces varios minutos a añadir pensamientos
afines, tales como: Estoy en paz. Nada puede perturbarme. Mi voluntad es la de
Dios. Mi voluntad y la de Dios son una.
La Voluntad de Dios es que Su Hijo esté
en paz.
10. Después que te hayas recordado esto a ti
mismo y hayas resuelto mantener tu voluntad claramente en tu mente, repite para
tus adentros estas palabras con templada determinación y tranquila certeza: Mi voluntad es que haya luz. Quiero contemplar la luz que refleja la
Voluntad de Dios y la mía. Deja entonces que tu voluntad se afirme a sí misma,
unida al poder de Dios y en unión con tu Ser. Pon el resto de la sesión de
práctica bajo Su dirección. Únete a Ellos que te señalan el camino.
11. En las sesiones de práctica más cortas,
declara nuevamente lo que realmente deseas. Di: Mi voluntad es que haya luz. La
oscuridad no es mi voluntad. Debes repetir esto varias veces por hora. Es de
suma importancia, no obstante, que apliques esta idea de inmediato si te
sientes tentado de abrigar cualquier clase de resentimiento. Esto te ayudará a
desprenderte de todos ellos en lugar de seguir abrigándolos y ocultándolos en
la oscuridad.


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