Ofrenda 200 en mi árbol de gratitud 2020.
1. La palabra "cura”
no puede aplicársele a ningún remedio que el mundo considere beneficioso. Lo
que el mundo percibe como un remedio terapéutico es sólo aquello que hace que
el cuerpo se sienta "mejor". Mas cuando trata de curar a la mente, no
la considera como algo separado del cuerpo, en el que cree que ella existe. Sus
medios de curación, por lo tanto, no pueden sino sustituir una ilusión por
otra. Una creencia en la enfermedad adopta otra forma, y de esta manera el
paciente se percibe ahora sano.
2. Mas no se ha curado. Simplemente
soñó que estaba enfermo y en el sueño encontró una fórmula mágica para
restablecerse. Sin embargo, no ha despertado del sueño, de modo que su mente
continúa en el mismo estado que antes. No ha visto la luz que lo podría
despertar y poner fin a su sueño. ¿Qué importancia tiene en realidad el
contenido de un sueño? Pues o bien uno está dormido o bien despierto. En esto
no hay términos medios.
3. Los dulces sueños que el
Espíritu Santo ofrece son diferentes de los del mundo, donde lo único que uno
puede hacer es soñar que está despierto. Los sueños que el perdón le permite
percibir a la mente no inducen a otra forma de sueño, a fin de que el soñador
pueda soñar otro sueño. Sus sueños felices son los heraldos de que la verdad ha
alboreado en su mente. Te conducen del sueño a un dulce despertar, de modo que
todos los sueños desaparecen. Y así, sanan para toda la eternidad.
4. La Expiación cura
absolutamente, y cura toda clase de enfermedad. Pues la mente que entiende que
la enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las
formas que el sueño pueda adoptar. Donde no hay culpabilidad no puede haber
enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpabilidad. La Expiación no
cura al enfermo, pues eso no es curación. Pero sí elimina la culpabilidad que
hacía posible la enfermedad. Y eso es ciertamente curación. Pues ahora la
enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar.
5. ¡Que la paz sea contigo
que has sido curado en Dios y no en sueños vanos! Pues la curación tiene que
proceder de la santidad, y la santidad no puede encontrarse allí donde se
concede valor al pecado. Dios mora en templos santos. Allí donde ha entrado el
pecado se le obstruye el paso. No obstante, no hay ningún lugar en el que Él no
esté. Por lo tanto, el pecado no tiene un hogar donde poder ocultarse, de Su
beneficencia. No hay lugar del que la santidad esté ausente, ni ninguno donde
el pecado y la enfermedad puedan morar.
6. Éste es el pensamiento
que cura. No hace distinciones entre una irrealidad y otra. Tampoco trata de
curar lo que no está enfermo, al ser consciente únicamente de dónde hay
necesidad de curación. Esto no es magia. Es simplemente un llamamiento a la
verdad, la cual no puede dejar de curar, y curar para siempre. No es un
pensamiento que juzgue una ilusión por su tamaño, su aparente seriedad o por
nada que esté relacionado con la forma en que se manifiesta. Sencillamente se
concentra en lo que es, y sabe que ninguna ilusión puede ser real.
7. No tratemos hoy de curar
lo que no puede enfermar. La curación se tiene que buscar allí donde se
encuentra, y entonces aplicarse a lo que está enfermo para que se pueda curar. Ninguno
de los remedios que el mundo suministra puede producir cambio alguno en nada. La
mente que lleva sus ilusiones ante la verdad cambia realmente. No hay otro
cambio que éste. Pues, ¿cómo puede una ilusión diferir de otra sino en
atributos que no tienen sustancia, realidad, núcleo, ni nada que sea verdaderamente
diferente?
8. Lo que hoy nos
proponemos es tratar de cambiar de mentalidad con respecto a lo que constituye
la fuente de la enfermedad, pues lo que buscamos es una cura para todas las
ilusiones, y no meramente alternar entre una y otra. Hoy vamos a tratar de
encontrar la fuente de la curación, la cual se encuentra en nuestras mentes
porque nuestro Padre la ubicó ahí para nosotros. Está tan cerca de nosotros
como nosotros mismos. Está tan cerca de nosotros como nuestros propios
pensamientos, tan próxima que es imposible que se pueda extraviar. Sólo
necesitamos buscarla y la hallaremos.
9. Hoy no nos dejaremos
engañar por lo que a nosotros nos parece que está enfermo. Hoy iremos más allá
de las apariencias hasta llegar a la fuente de la curación, de la que nada está
exento. Tendremos éxito en la medida en que nos demos cuenta de que jamás se
puede hacer una distinción válida entre lo que es falso y lo que es igualmente
falso. En esto no hay grados ni ninguna creencia de que lo que no existe puede
ser más cierto en algunas de sus formas que en otras. Todas las ilusiones son
falsas, y se pueden sanar precisamente porque no son verdad.
10. Así pues, dejamos a un
lado nuestros amuletos, nuestros talismanes y medicamentos, así como nuestras
encantaciones y trucos mágicos de la clase que sean. Sencillamente
permaneceremos en perfecta quietud a la escucha de la Voz de la curación, la
cual curará todos los males como si de uno solo se tratase y restaurará la
cordura del Hijo de Dios. Ésta es la única Voz que puede curar. Hoy
escucharemos una sola Voz, la cual nos habla de la verdad en la que toda
ilusión acaba, y la paz retorna a la eterna y serena morada de Dios.
11. Nos despertamos
oyéndolo a Él, y le permitimos que nos hable durante cinco minutos al comenzar
el día, el cual concluiremos escuchando de nuevo durante cinco minutos antes de
irnos a dormir. Nuestra única preparación consistirá en dejar a un lado los
pensamientos que constituyen una interferencia, no por separado, sino todos de
una vez. Pues todos son lo mismo. No hace falta hacer distinciones entre ellos
y demorar así el momento en que podamos oír a nuestro Padre hablarnos. Lo oímos
ahora. Hoy venimos a Él.
12. Sin nada en nuestras
manos a lo que aferrarnos, y con el corazón exaltado y la mente atenta,
oremos: La salvación es lo único que cura. Háblanos, Padre, para que nos
podamos curar. Y sentiremos la salvación cubrirnos con amorosa protección y con
paz tan profunda que ninguna ilusión podría perturbar nuestras mentes, ni ofrecernos
pruebas de que es real. Esto es lo que aprenderemos hoy. Repetiremos cada hora
nuestra plegaria de curación, y cuando el reloj marque la hora, dedicaremos un
minuto a oír la respuesta a nuestra plegaria, que se nos da según aguardamos
felizmente en silencio. Hoy es el día en que nos llega la curación. Hoy es el
día en que a la separación le llega su fin y en el que recordamos Quién somos
en verdad.


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