Ofrenda 196 para mi árbol agradecido 2020
1. Nadie puede sanar a
menos que comprenda cuál es el propósito que aparentemente tiene la enfermedad.
Pues entonces comprende también que dicho propósito no tiene sentido. Al no
tener la enfermedad causa ni ningún propósito válido, es imposible que exista. Una
vez que se reconoce esto, la curación es automática. Pues dicho reconocimiento
desvanece esta ilusión sin sentido, valiéndose del mismo enfoque que lleva a
todas las ilusiones ante la verdad, y simplemente las deja allí para que
desaparezcan.
2. La enfermedad no es un
accidente. Al igual que toda defensa, es un mecanismo demente de autoengaño. Y
al igual que todos los demás mecanismos, su propósito es ocultar la realidad,
atacarla, alterarla, incapacitarla, distorsionarla, tergiversarla y reducirla a
un insignificante montón de partes desarmadas. La meta de todas las defensas es
impedir que la verdad sea íntegra. Las partes se ven entonces como si cada una
de ellas fuese un todo en sí misma.
3. Las defensas no son
involuntarias ni se forjan inconscientemente. Son como varitas mágicas secretas
que utilizas cuando la verdad parece amenazar lo que prefieres creer. Parecen
ser algo inconsciente debido únicamente a la rapidez con que decides
emplearlas. En ese segundo, o fracción de segundo en que decides emplearlas,
reconoces exactamente lo que te propones hacer, y luego lo das por hecho.
4. ¿Quién sino tú decide
que existe una amenaza, que es necesario escapar, y erige una serie de defensas
para contrarrestar la amenaza que ha juzgado real? Todo esto no puede hacerse
de manera inconsciente. Mas una vez que lo has hecho, tu plan requiere que te
olvides de que fuiste tú quien lo hizo, de manera que parezca ser algo ajeno a
tu propia intención; un acontecimiento que no guarda relación alguna con tu
estado mental; un desenlace que produce un efecto real en ti, en vez de uno que
tú mismo has causado.
5. La rapidez con la que te
olvidas del papel que desempeñas en la fabricación de tu "realidad"
es lo que hace que las defensas no parezcan estar bajo tu control. Mas puedes
recordar lo que has olvidado, si estás dispuesto a reconsiderar la decisión que
se encuentra doblemente sellada en el olvido. El hecho de que no te acuerdes no
es más que la señal de que esa decisión todavía está en vigor, en cuanto que
ese es lo que deseas. No confundas esto con un hecho. Las defensas hacen que los
hechos sean irreconocibles. Ése es su propósito, y eso es lo que hacen.
6. Las defensas toman
fragmentos de la totalidad, los ensamblan sin tener en cuenta la verdadera
relación que existe entre ellos, y, de esta manera, tejen ilusiones de una
totalidad que no existe. Este proceso es lo que produce la sensación de
amenaza, y no cualquier resultado que pueda derivarse de él. Cuando se arrancan
partes de la totalidad y se consideran como algo separado y como un todo en sí
mismas, se convierten en símbolos que representan un ataque contra la totalidad
y al, en efecto lograrlo, ésta no se puede volver a ver como la totalidad que
es. Sin embargo, has olvidado que dichas partes sólo representan tú decisión de
lo que debe ser real, a fin de que ocupe el lugar de lo que sí es real.
7. La enfermedad es una
decisión. No es algo que te suceda sin tú mismo haberlo pedido, y que te
debilita y te hace sufrir. Es una decisión que tú mismo tomas, un plan que
trazas, cuando por un instante la verdad alborea en tu mente engañada y todo tu
mundo parece dar tumbos y estar a punto de derrumbarse. Ahora enfermas, para
que la verdad se marche y deje de ser una amenaza para tus falsos castillos.
8. ¿Por qué crees que la
enfermedad puede escudarte de la verdad? Porque demuestra que el cuerpo no está
separado de ti y que, por lo tanto, tú no puedes por menos que estar separado
de la verdad. Experimentas dolor cuando el cuerpo lo experimenta, y en ese
dolor te vuelves uno con él. De ésta, manera, tu "verdadera” identidad
queda a salvo, y el extraño y perturbador pensamiento de que tal vez seas algo
más que un puñado de polvo queda mitigado y silenciado. Pues fíjate, ese polvo
puede hacerte sufrir, torcerte las extremidades y pararte el corazón,
ordenándote que mueras y dejes de existir.
9. De esta manera, el
cuerpo es más fuerte que la verdad, la cual te pide que vivas, pero no puede
imponerse a tu decisión de querer morir. Y así, el cuerpo es más poderoso que
la vida eterna, el Cielo más frágil que el infierno y los designios de Dios
para la salvación de Su Hijo se ven contrarrestados por una decisión que es más
fuerte que Su Voluntad. El Hijo no es más que polvo, el Padre no está completo
y el caos se sienta triunfante en Su trono.
10. Tal es el plan que has
elaborado para tu propia defensa. Y crees que el Cielo se estremece ante
ataques tan irracionales como éstos, en los que Dios queda cegado por tus
ilusiones, la verdad transformada en mentiras y todo el universo hecho esclavo
de las leyes que tus defensas quieren imponerle. Mas ¿quién podría creer en
ilusiones salvo el que las inventa? ¿Quién más podría verlas y reaccionar ante
ellas como si fuesen la verdad?
11. Dios no sabe nada de
tus planes para cambiar Su Voluntad. El universo permanece indiferente a las
leyes con las que has creído gobernarlo. Y el Cielo no se ha inclinado ante el
infierno, ni la vida ante la muerte. Lo único que puedes hacer es elegir pensar
que mueres o que sufres enfermedades, o que de alguna manera tergiversas la
verdad. Lo que ha sido creado no guarda relación alguna con eso. Las defensas
son planes para derrotarlo que no puede ser atacado. Lo que es inalterable no
puede cambiar. Y lo que es absolutamente impecable no puede pecar.
12. Ésta es la simple
verdad. No recurre a la fuerza ni al dominio. No exige obediencia, ni intenta demostrar
cuán fútiles y lamentables son tus intentos de planear defensas que la pudiesen
alterar. La verdad sólo desea brindarte felicidad, pues ése es su propósito. Quizá
exhala un pequeño suspiro cuando rechazas sus dones. No obstante, sabe con
absoluta certeza que recibirás lo que Dios dispone para ti.
13. Este hecho es lo que
demuestra que el tiempo es una ilusión. Pues el tiempo te permite pensar que lo
que Dios te ha dado no es verdad ahora mismo, como no puede por menos que
serlo. Los Pensamientos de Dios son totalmente ajenos al tiempo. Pues el tiempo
no es sino otra absurda defensa que has urdido contra la verdad. Lo que Él
dispone, no obstante, esta aquí, y tú sigues siendo tal como Él te creó.
14. El poder de la verdad
es muy superior al de cualquier defensa, pues ninguna ilusión puede permanecer
allí donde se le ha dado entrada a la verdad. Y ésta alborea en cualquier mente
que esté dispuesta a deponer sus armas y a dejar de jugar con necedades. La
verdad se puede encontrar en cualquier momento; incluso hoy mismo, si eliges
practicar darle la bienvenida.
15. Este es nuestro
objetivo hoy. Dedicaremos un cuarto de hora en dos ocasiones a pedirle a la verdad
que venga y nos libere. Y la verdad vendrá, pues jamás ha estado separada de
nosotros. Tan sólo aguarda la invitación que hoy le hacemos. Introducimos dicha
invitación con una plegaria de curación para que nos ayude a. superar nuestra
actitud defensiva y permita que la verdad sea como siempre ha sido: La
enfermedad es una defensa contra la verdad. Aceptaré la verdad de lo que soy, y
dejaré que mi mente sane hoy completamente.
16. La curación destellará
a través de tu mente abierta a medida que la paz y la verdad se alcen para
ocupar el lugar de la contienda y de las imaginaciones vanas. No quedará ni un
solo rincón tenebroso que la enfermedad pueda ocultar y defender contra la luz
de la verdad. No quedarán en tu mente figuras sombrías procedentes de tus
sueños ni sus absurdos y oscuros anhelos, cuyos propósitos dobles se persiguen
descabelladamente. La mente sanará de todo deseo enfermizo que jamás haya
tratado que el cuerpo obedeciera.
17. Ahora el cuerpo está
sano porque la fuente de la enfermedad está dispuesta a recibir alivio. Y
reconocerás que practicaste bien por lo siguiente: el cuerpo no sentirá nada en
absoluto. Si has tenido éxito, no habrá sensación alguna de enfermedad o de bienestar,
de dolor o de placer. La mente no responderá en absoluto a lo que el cuerpo
haga. Lo único que se conserva es su utilidad y nada más.
18. Tal vez no te des
cuenta de que esto elimina los límites que le habías impuesto al cuerpo como
resultado de los propósitos que le habías adjudicado. A medida que éstos se
dejan a un lado, el cuerpo tendrá suficiente fuerza para servir a cualquier
propósito que sea verdaderamente útil. La salud del cuerpo queda plenamente
garantizada porque ya no se ve limitado por el tiempo, por el clima o la
fatiga, por lo que come o bebe, ni por ninguna de las leyes a que antes lo
sometías. No tienes que hacer nada para que esté bien, pues la enfermedad es
ahora imposible.
19. Más para conservar esta
protección es preciso que te mantengas extremadamente alerta. Si permites que
tu mente abrigue pensamientos de ataque, juzgue o trace planes para
contrarrestar cosas que tal vez puedan pasar en el futuro, te habrás vuelto a
extraviar, y habrás forjado una identidad corporal que atacará al cuerpo, pues
en ese caso la mente estará enferma.
20. De ocurrir esto,
remédialo de inmediato, no permitiendo que tu actitud defensiva te siga
haciendo daño. No te confundas con respecto a lo que necesita sanar, sino que
di para tus adentros: He olvidado lo que realmente soy, pues me confundí a mí
mismo con mi cuerpo. La enfermedad es una defensa contra la verdad. Mas yo no
soy un cuerpo. Y mi mente es incapaz de atacar. Por lo tanto, no puedo estar
enfermo.


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