Ofrenda 194 para mi árbol agradecido 2020.
1. Repasemos hoy lo que significa "perdonar" ya que es algo que puede, tergiversarse muy fácilmente y
percibirse como que entraña un sacrificio injusto de la justa indignación, como
una dádiva injustificada e inmerecida y como una total negación de la
verdad. Desde esta perspectiva, perdonar no puede sino verse como una
extravagancia, y este curso aparenta basar la salvación sobre un capricho.
2. Esta perspectiva distorsionada de lo que significa
perdonar puede corregirse fácilmente, si puedes aceptar el hecho de que no se
te está pidiendo que perdones lo que es verdad. El perdón se limita únicamente a lo que es
falso. Es irrelevante con respecto a todo, excepto con respecto a las ilusiones. La verdad es la creación de
Dios, y perdonar eso no tiene sentido. Todo lo que es verdad le pertenece
a Él, refleja Sus leyes e irradia Su Amor. ¿Puede esto acaso requerir
perdón? ¿Cómo vas a poder perdonar lo que es incapaz de pecar y es
eternamente bondadoso?
3. La mayor dificultad a la que te enfrentas para
poder perdonar realmente, es que todavía crees que tienes que perdonar lo que
es verdad, no lo que es ilusorio. Consideras que el perdón es un vano
intento de ignorar lo que se encuentra ahí y de pasar por alto lo que es
verdad, lo cual es parte de un esfuerzo inútil por engañarte a ti mismo al
querer hacer que una ilusión sea verdad. Este punto de vista tergiversado
no hace sino reflejar el dominio que la idea del pecado todavía ejerce sobre tu
mente tal como tú te consideras a ti mismo.
4. Puesto que crees que tus pecados son reales, consideras que el perdón
es un engaño. Pues es imposible pensar que el pecado es verdad sin creer
que el perdón es una mentira. Así pues, el perdón en realidad no es más
que otro pecado, al igual que todos los demás. Afirma que la verdad es
falsa, y le sonríe al corrupto como si fuera tan irreprochable como la hierba;
tan inmaculado como la nieve. El perdón se engaña con respecto a lo que
cree que puede lograr. Considera correcto lo que es claramente erróneo, y
ve lo aborrecible como algo bueno.
5. Desde esta perspectiva, el perdón no es un escape. Es simplemente
una señal más de que el pecado es imperdonable, algo que en el mejor de los
casos se debe ocultar, negar o llamar por otro nombre, ya que es una traición a
la verdad. La culpabilidad no se puede perdonar. Si pecas, tu
culpabilidad es eterna. Aquellos que son perdonados desde la perspectiva
de que sus pecados son reales son víctimas de la burla y de una doble condena:
en primer lugar, la suya propia por lo que creen haber hecho, y en segundo
lugar; la de los que los perdonan.
6. La irrealidad del pecado es lo que hace que el perdón sea algo completamente natural y sano; un
profundo consuelo para todos aquellos que lo conceden y una silenciosa
bendición allí donde se recibe. El perdón no apoya las ilusiones, sino
que, riendo dulcemente, las congrega a todas sin muchos aspavientos y las deposita
tiernamente ante los pies de la verdad: Y ahí desaparecen por completo.
7. El perdón es lo único que representa a la
verdad en medio de las ilusiones del mundo. El perdón ve su
insustancialidad, y mira más allá de las miles de formas en que pueden
presentarse. Ve las mentiras, pero no se deja engañar por ellas. No
hace caso de los alaridos autoacusadores de los pecadores enloquecidos por la
culpabilidad. Los mira con ojos serenos, y simplemente les dice:
"Hermano mío; lo que crees no es verdad".
8. La fuerza del perdón estriba en su honestidad, la
cual es tan incorruptible que ve las ilusiones como ilusiones y no como la verdad. Por eso, en presencia de las mentiras,
el perdón se convierte en aquello que desengaña; en el gran restaurador de la
simple verdad. Mediante su capacidad de pasar por alto lo que no existe,
le allana el camino a la verdad, la cual había estado bloqueada por sueños de
culpabilidad. Ahora eres libre para recorrer el camino que al perdonar de
verdad se despliega ante ti. Pues si un hermano ha recibido este regalo de
tu parte, la puerta queda abierta para ti.
9. Hay una manera muy sencilla de encontrar la puerta
que conduce al verdadero perdón y de percibir que está abierta de par en par
en señal de bienvenida. Cuando te sientas tentado de acusar a alguien de
algún pecado, no permitas que tu mente se detenga a pensar en lo que esa persona hizo, pues eso es engañarse uno a
sí mismo. Pregúntate, en cambio: "¿Me acusaría a mí mismo de
eso?"
10. De esta manera podrás ver las alternativas
entre las que puedes elegir desde una perspectiva que hace
que el acto de elegir tenga significado y que mantiene a tu mente tan libre de
culpa y de dolor como Dios Mismo dispuso que estuviese, y como en verdad
está: Son únicamente las mentiras las que condenan. En realidad, lo
único que existe es la
inocencia. El perdón se alza entre las ilusiones y la verdad; entre el mundo que ves y lo que se encuentra más
allá; entre el infierno de la culpabilidad y las puertas del Cielo.
11. A través de este puente, que es tan poderoso como
el Amor que derramó su bendición
sobre él, todos los sueños
de maldad, de odio y de ataque se llevan silenciosamente ante la verdad. No
se conservan para que se inflen, exploten y aterren al cándido soñador que
cree en ellos. A éste ya se le ha despertado dulcemente de su sueño al
entender que lo que creía ver jamás existió. Y ahora ya no puede pensar
que se le ha negado toda escapatoria.
12. No tiene que luchar para salvarse. No tiene
que matar a los dragones que pensaba le perseguían. Tampoco tiene que
erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó que lo
mantendrían a salvo. Ahora. puede deshacerse de la pesada e inútil
armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al
temor. Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso
hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a
aquellos que le siguen.
13. El perdón tiene que practicarse, pues el mundo no
puede percibir su significado ni proveer un guía que muestre su
beneficencia. No hay un solo
pensamiento en todo el mundo que conduzca a un entendimiento de las leyes que
rigen el perdón o del Pensamiento que refleja. El perdón es algo tan
ajeno al mundo como lo es tu propia realidad. Sin embargo, es lo que une a
tu mente con la realidad que mora en ti.
14. Hoy vamos a practicar el verdadero perdón, para que
el momento de la unión no se demore más. Pues deseamos encontrarnos con
nuestra realidad en libertad y en paz. Nuestras prácticas se convierten
en las pisadas que alumbran el camino a todos nuestros hermanos, quienes nos
seguirán a la realidad que compartimos con ellos. A tal efecto, dediquemos
hoy un cuarto de hora en dos ocasiones a pasarlo con el Guía que entiende el
significado del perdón y que nos fue enviado para enseñárnoslo: Pidámosle: Permítaseme
poder percibir el perdón tal como es.
15. Escoge entonces un hermano tal como Él te indique,
y cataloga sus "pecados" uno por uno a medida que crucen tu
mente. Asegúrate de no concentrarte en ninguno de ellos en particular,
antes bien, date cuenta de que te estás valiendo de sus "ofensas" para salvar al mundo de toda idea de pecado. Examina
brevemente todas las cosas negativas que hayas pensado acerca de él y
pregúntate en cada caso: "¿Me condenaría a mí mismo por haber hecho
eso?"
16. Libéralo de todos los pensamientos de pecado que
hayas tenido en relación con él. Y entonces tú mismo estarás listo para la
libertad. Si has estado practicando hasta ahora de buen grado y con
honestidad, empezarás a notar una sensación de ser elevado; un gran alivio en tu pecho y un sentimiento profundo e inequívoco de
desahogo. Debes dedicar el resto del tiempo a experimentar que te escapas
de todas las pesadas cadenas con las que quisiste encadenar a tu hermano; pero con las que en realidad te
encadenabas a ti mismo.
17. Debes practicar el perdón a lo largo del día, pues
todavía habrá muchas ocasiones en las que te olvidarás de su significado y te atacarás a ti mismo. Cuando esto ocurra, permite
que tu mente vea más allá de esa ilusión según repites para tus adentros: Permítaseme
poder recibir el perdón tal como
es. ¿Me acusaría a mí mismo de eso? No me voy a encadenar a mí mismo de esta
manera. Antes de hacer cualquier cosa, recuerda lo siguiente: Nadie es
crucificado solo, mas, por otra parte, nadie puede entrar en el Cielo solo.


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