Mi ofrenda 189 en mi árbol de vida 2020.
1. Este pensamiento es el que naturalmente sigue
al que practicamos, ayer. No puedes detenerte en la idea de que el mundo no
tiene valor, pues a menos que veas que hay algo más por lo que sentirte
esperanzado, no podrás evitar caer en la depresión. No estamos haciendo
hincapié en que renuncies al mundo, sino en que lo intercambies por algo mucho
más satisfactorio, algo rebosante de alegría y capaz de ofrecerte paz. ¿Crees
acaso que este mundo puede ofrecerte eso?
2. Quizá valga la pena dedicar un rato a
reflexionar una vez más sobre el valor de este mundo. Tal vez estés dispuesto a
conceder que nada se pierde con renunciar a cualquier pensamiento que le
adjudique algún valor. El mundo que ves es ciertamente despiadado, inestable y
cruel, indiferente en lo que a ti respecta, presto a la venganza y lleno de
odio inclemente. Da únicamente para más tarde quitar, y te despoja de todo
aquello que por un tiempo creíste amar. En él no se puede encontrar amor
duradero, porque en él no hay amor. Dicho mundo es el mundo del tiempo, donde a
todo le llega su fin.
3. ¿Cómo podría ser una pérdida, entonces,
encontrar un mundo en el que es imposible perder, en el que el amor perdura
eternamente y en el que el odio no existe y la venganza no tiene sentido? ¿Cómo
podría ser una pérdida hallar todas las cosas que realmente anhelas, y saber
que no tienen fin y que perdurarán a través del tiempo exactamente tal como las
deseas? Incluso esas cosas se intercambiarán finalmente por aquello de lo que
no podemos hablar, pues desde allí te trasladarás a donde las palabras son
completamente inútiles, a un silencio en el que el lenguaje, si bien no es
hablado, se entiende perfectamente.
4. La comunicación, inequívoca y clara como
la luz del día, permanece ilimitada por toda la eternidad. Y Dios Mismo le
habla a Su Hijo, así como Su Hijo le habla a Él. El lenguaje en el que se
comunican no tiene palabras, pues lo que se dicen no puede ser simbolizado. Su
conocimiento es directo, perfectamente compartido y perfectamente uno. ¡Qué
lejos te encuentras de esto tú que sigues encadenado a este mundo! Y, sin
embargo, ¡qué cerca te encontrarás cuando lo intercambies por el mundo que sí
deseas!
5. Ahora el último paso es seguro; ahora te
encuentras sólo a un instante de la intemporalidad. Desde aquí sólo puedes
mirar hacia adelante, pues nunca más querrás mirar hacia atrás para ver el
mundo que ya no deseas. He aquí el mundo que viene a ocupar su lugar, a medida
que liberas a tu mente de las nimiedades que el mundo te ofrece para mantenerte
prisionero. No les atribuyas ningún valor, y desaparecerán. Valóralas, y te
parecerán reales.
6. Ésas son tus opciones. ¿Qué puedes perder
si eliges no valorar lo que no es nada? Este mundo no te ofrece nada que
realmente desees, más el que eliges en su lugar ¡ése ciertamente lo deseas! Deja
que se te conceda hoy. Ese mundo espera tan solo a que lo elijas para ocupar el
lugar de todas las cosas que buscas, pero que no deseas.
7.
Practica estar dispuesto a efectuar este cambio diez minutos por la mañana,
diez por la noche y una vez más entremedias. Comienza con lo siguiente: Más allá de este mundo hay un mundo que
deseo. Elijo ver ese mundo en lugar de éste, pues no hay nada aquí que
realmente desee. Cierra entonces los ojos al mundo que ves, y en la silenciosa
oscuridad contempla cómo unas luces que no son de este mundo se van encendiendo
una por una, hasta que deja de ser relevante donde comienza una y donde termina
la otra al fundirse todas en una sola.
8.
Hoy las luces del Cielo se inclinan ante ti, para derramar su luz sobre tus
párpados mientras descansas más allá del mundo de las tinieblas. He aquí una
luz que los ojos no pueden contemplar. Y, sin embargo, la mente puede verla claramente,
y entender. Hoy se te concede un día de gracia, y nos sentimos agradecidos por
ello. Hoy nos damos cuenta de que lo que temías perder era sólo la pérdida.
9.
Ahora comprendemos que es imposible perder. Pues por fin hemos visto su
opuesto, y damos gracias de que la elección ya se haya llevado a cabo. Recuerda
cada hora la decisión que has tomado, y dedica un momento a confirmar tu
elección dejando a un lado cualquier pensamiento que tengas en ese momento y
poniendo toda tu atención brevemente en lo siguiente: El mundo que veo no me
ofrece nada que yo desee. Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.


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