Mi ofrenda 158 en mi árbol agradecido.
1.
Hoy es un día de una consagración especial. Hoy vamos a adoptar una postura
firme en favor de un solo bando. Nos vamos a poner de parte de la verdad y a
abandonar las ilusiones. No vacilaremos entre una cosa y otra, sino que
adoptaremos una firme postura en favor de Dios. Hoy nos vamos a consagrar a la
verdad, y a la salvación tal como Dios la planeó. No vamos a alegar que es otra
cosa ni a buscarla donde no está. La aceptaremos gustosamente tal como es, y desempeñaremos
el papel que Dios nos asignó.
2.
¡Qué dicha tener certeza! Hoy dejamos de lado todas nuestras dudas y nos
afianzamos en nuestra postura, seguros de nuestro propósito y agradecidos de
que la duda haya desaparecido y la certeza haya llegado. Tenemos una importante
función que desempeñar y se nos ha provisto de todo cuanto podamos necesitar
para alcanzar la meta. Ni una sola equivocación se interpone en nuestro camino.
Hemos sido absueltos de todo error. Hemos quedado limpios de todos nuestros
pecados al habernos dado cuenta de que no eran sino errores.
3.
Los que están libres de culpa no tienen miedo, pues están a salvo y reconocen
su seguridad. No recurren a la magia, ni ingenian posibles escapatorias de
amenazas imaginarias y desprovistas de realidad. Descansan en la serena certeza
de que llevarán a cabo lo que se les encomiende hacer. No ponen en duda su
propia capacidad porque saben que cumplirán debidamente su función en el
momento y lugar perfectos. Ellos adoptaron la postura que nosotros vamos a
adoptar hoy, a fin de que pudiésemos compartir su certeza y aumentarla mediante
nuestra aceptación.
4.
Todos aquellos que adoptaron la postura que hoy vamos a adoptar nosotros
estarán a nuestro lado y nos transmitirán gustosamente todo cuanto aprendieron,
así como todos sus logros. Los que todavía no están seguros también se unirán a
nosotros y, al compartir nuestra certeza, la reforzarán todavía más. Y los que
aún no han nacido, oirán la llamada que nosotros hemos oído, y la contestarán
cuando hayan venido a elegir de nuevo. Hoy no elegimos sólo para nosotros.
5.
¿No vale la pena acaso dedicar cinco minutos de tu tiempo cada hora a cambio de
poder aceptar la felicidad que Dios te dio? ¿No vale la pena acaso dedicar
cinco minutos de cada hora a fin de reconocer cuál es tu función especial aquí?
¿Qué son cinco minutos si a cambio de ello puedes recibir algo tan grande que
es inconmensurable? Has hecho por lo menos mil tratos en los que saliste
perdiendo.
6.
He aquí una oferta que garantiza tu total liberación de cualquier clase de
dolor y una dicha que no es de este mundo. Puedes intercambiar una pequeña
parte de tu tiempo por paz interior y certeza de propósito, con la promesa de
que triunfarás. Y puesto que el tiempo no tiene significado, se te está dando
todo a cambio de nada. He aquí un trato en el que no puedes perder. Y lo que
ganas es en verdad ilimitado.
7.
Ofrécele hoy tu modesta dádiva de cinco minutos cada hora. Él impartirá a las
palabras que utilices al practicar con la idea de hoy la profunda convicción y
firmeza de las que tú careces. Sus palabras se unirán a las tuyas y harán de
cada repetición de la idea de hoy una absoluta consagración, hecha con fe tan
perfecta y segura como la que Él tiene en ti. La confianza que Él tiene en ti
impartirá luz a todas las palabras que pronuncies, e irás más allá de su sonido
a lo que verdaderamente significan. Hoy practicas con Él mientras dices: Aceptaré
el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.
8.
En cada uno de los períodos de cinco minutos que pases con Él, Él aceptará tus
palabras y te las devolverá radiantes de una fe y confianza tan grandes e
inquebrantables que iluminarán el mundo con esperanza y felicidad. No dejes
pasar ni una sola oportunidad de ser el feliz receptor de Sus regalos, para que
a tu vez puedas dárselos hoy al mundo.
9.
Ofrécele las palabras y Él se encargará del resto. Él te ayudará a entender tu
función especial. Él allanará el camino que te conduce a la felicidad, y la paz
y la confianza serán Sus regalos, Su respuesta a tus palabras. Él responderá
con toda Su fe, dicha y certeza que lo que dices es verdad. Y entonces gozarás
de la misma convicción de que goza Aquel que conoce tu función en la tierra así
como en el Cielo. Él estará contigo durante cada sesión de práctica que
compartas con Él, e intercambiará cada instante de tiempo que le ofrezcas por
intemporalidad y paz.
10.
Pasa la hora preparándote felizmente para los próximos cinco minutos que vas a
volver a pasar con Él. Repite la idea de hoy mientras esperas la llegada de ese
feliz momento. Repítela a menudo, y no te olvides de que cada vez que lo haces,
preparas a tu mente para el feliz momento que se acerca.
11.
Y cuando la hora haya transcurrido y Él esté ahí una vez más para pasar otro
rato contigo, siéntete agradecido y deja a un lado toda tarea mundana,
pensamiento insignificante o idea restrictiva, y pasa un feliz rato en Su
compañía otra vez. Dile una vez más que aceptas el papel que Él quiere que
asumas y que te ayudará a desempeñar, y Él hará que estés seguro de que deseas
tomar esa decisión, la cual Él ya ha tomado contigo y tú con Él.


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