Mi ofrenda 164 en mi árbol de gratitud 2020
1. La idea de hoy continúa con el tema de que
la dicha y la paz no son sueños vanos. Tienes derecho a ellos por razón de lo
que eres. Te llegan procedentes de Dios, Quien no puede dejar de darte lo que
Él dispone. Pero primero tiene que haberse preparado un lugar donde recibir Sus
dones. Pues éstos no son bien acogidos por la mente que ha aceptado los regalos
que ella misma fabricó allí donde sólo a los de Dios les corresponde estar.
2. Hoy queremos deshacernos de cuanto regalo
inútil nosotros mismos hayamos fabricado y depositado ante el santo altar donde
sólo a los dones de Dios les corresponde estar. Sus dones son los que en verdad
son nuestros. Sus dones son los que heredamos desde antes de que el tiempo
comenzara, y los que seguirán siendo nuestros después de que el tiempo haya
pasado a ser eternidad. Sus dones son los que se encuentran en nosotros ahora,
pues son intemporales. Y no tenemos que esperar a que sean nuestros. Son nuestros
hoy.
3. Elegimos, por lo tanto, tenerlos ahora,
sabiendo que al elegirlos en lugar de lo que nosotros mismos hemos fabricado,
no estamos sino uniendo nuestra voluntad a la de Dios y reconociendo que ambas
disponen lo mismo. Nuestros períodos de práctica más prolongados de hoy, los
cinco minutos que cada hora le dedicamos a la verdad para tu salvación, deben comenzar
con lo siguiente:
Busco
únicamente lo que en verdad me pertenece, y la dicha y la paz son mi herencia.
Deja
a un lado entonces los conflictos mundanos que ofrecen otros regalos y otros
objetivos que sólo pueden perseguirse en un mundo de sueños y que se componen
de ilusiones, de las cuales dan testimonio.
4. Dejamos todo esto a un lado y, en su
lugar, buscamos aquello que verdaderamente es nuestro cuando pedimos poder reconocer
lo que Dios nos ha dado. Despejamos en nuestras mentes un santo lugar ante Su
Altar, en el que Sus dones de paz y felicidad son bien recibidos y al que
venimos a encontrar lo que Él nos ha dado. Venimos llenos de confianza hoy,
conscientes de que lo que Él da es lo que en verdad nos pertenece. Y ya no
deseamos nada más, pues no hay nada más que en verdad nos pertenezca.
5. De esta manera, despejamos hoy el camino
para Él, al reconocer simplemente que Su Voluntad ya se ha cumplido y que la
dicha y la paz nos pertenecen por ser Sus eternos dones. No nos permitiremos
perderlos de vista entre cada uno de los períodos en que venimos a buscarlos
allí donde Él los depositó. Traeremos a la memoria el siguiente recordatorio
tan a menudo como podamos:
Busco
únicamente lo que en verdad me pertenece.
Lo
único que quiero son los dones de dicha y paz de Dios.


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