Mi ofrenda 138 para mi árbol agradecido 2020
1.
Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada
decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro. Cada
resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que
pretende ocultar. Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se
encuentra tras él. Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero
en lugar de él contemplas tus resentimientos.
2.
Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en
lugar de ellos. Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se
detenga antes de que veas. No esperaremos frente al escudo de odio, sino que lo
dejaremos caer, y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar
al Hijo de Dios.
3.
Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos de lado,
él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos. Pues
cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina,
puedes ver al Hijo de Dios allí donde él siempre ha estado. Él se encuentra en
la luz, pero tú estabas en las tinieblas. Cada resentimiento hacía que las
tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.
4.
Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. No nos haremos los ciegos para no verlo;
no vamos a contemplar nuestros resentimientos. Así es como se invierte la
manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y
apartarla del miedo. Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos
y, dejando éstos a un lado, lo contemplaremos. Quizá es alguien a quien temes o
incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien
a quien llamas amigo, pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de
complacer; alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería
aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado.
5.
Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente. En él es en quien pedimos que se te muestre el
Hijo de Dios. Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su
contra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no lo veías, se
encuentra en todo el mundo y se puede ver. El que era un enemigo es más que un
amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le
ha asignado. Deja que él sea hoy tu salvador. Tal es su función en el plan de
Dios, tu Padre.
6.
En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese
papel. Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves
ahora. Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al
dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y
pequeños que te ha ocasionado. Contempla las imperfecciones de su cuerpo así
como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus
"pecados".
7.
Pidámosle entonces a Aquél que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de
Dios, que se nos conceda poder contemplarlo de otra manera y ver a nuestro
salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha
concedido. En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como
Él, le pedimos: Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has
designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que
él se encuentra, de modo que pueda unirme a él. Los ojos del cuerpo están
cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le
muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.
8.
Lo que has pedido no se te puede negar. Tu salvador ha estado esperando esto
hace mucho tiempo. Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la
tuya. El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación
alguna en el Hijo de Dios. Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos. Mantente
muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador. Ningún sombrío
resentimiento nubla la visión que tienes de él. Le has permitido al Espíritu
Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para
que tú te pudieses salvar.
9.
Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus
imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te
muestra. Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de
los Pensamientos de Dios puede sino regocijarse por tu salvación y por la del mundo
entero junto contigo.
10.
Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha
asignado como parte del plan de Dios para la salvación, y no del nuestro. La
tentación desaparece cuando permitimos que todo aquel que se cruza en nuestro
camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de
nuestros resentimientos. Permite que todo aquel con quien te encuentres, o en
quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que
lo puedas compartir con él. Por ti y por él, así como por todos los que no ven,
rogamos: ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!


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