Mi ofrenda 134 para mi árbol de vida 2020
1.
La idea de hoy se puede considerar como el pensamiento central hacia el cual se
dirigen todos nuestros ejercicios. La Voluntad de Dios es la única Voluntad. Cuando
hayas reconocido esto, habrás reconocido que tu voluntad es la Suya. La
creencia de que el conflicto es posible habrá desaparecido. La paz habrá reemplazado
a la extraña idea de que te atormentan objetivos conflictivos. En cuanto que
expresión de la Voluntad de Dios, no tienes otro objetivo que el Suyo.
2.
La idea de hoy encierra una gran paz, y lo que los ejercicios de hoy se
proponen es encontrarla. La idea en sí es completamente cierta. Por lo tanto, no
puede dar lugar a ilusiones. Sin ilusiones, el conflicto es imposible. Tratemos
hoy de reconocer esto y de experimentar la paz que este reconocimiento nos brinda.
3.
Comienza las sesiones de práctica más largas repitiendo lentamente los
pensamientos que siguen a continuación varias veces, con la firme determinación
de comprender su significado y de retenerlos en la mente: No hay más voluntad
que la de Dios. No puedo estar en conflicto. Dedica entonces varios minutos a
añadir pensamientos afines, tales como: Estoy en paz. Nada puede perturbarme.
Mi voluntad es la de Dios. Mi voluntad y la de Dios son una. La Voluntad de
Dios es que Su Hijo esté en paz. Durante esta fase introductoria, asegúrate de
hacerle frente en seguida a cualquier pensamiento conflictivo que pueda cruzar
tu mente. Di de inmediato: No hay más voluntad que la de Dios. Estos pensamientos
conflictivos no significan nada.
4.
Si algún asunto parece ser muy difícil de resolver, resérvalo para un examen
más detenido. Piensa en él brevemente, aunque de manera muy concreta,
identificando la persona o personas en cuestión y la situación o situaciones de
que se trate, y di para tus adentros: No hay más voluntad que la de Dios. Yo la
comparto con Él. Mis conflictos con respecto a _____ no pueden ser reales.
5.
Después de que hayas despejado tu mente de esta manera, cierra los ojos y trata
de experimentar la paz a la que tu realidad te da derecho. Sumérgete en ella y siente
como te va envolviendo. Puede que te asalte la tentación de confundir estas
prácticas con el ensimismamiento, pero la diferencia entre ambas cosas es fácil
de detectar. Si estás llevando a cabo el ejercicio correctamente, sentirás una
profunda sensación de dicha y mayor agudeza mental en vez de somnolencia y
enervamiento.
6.
La paz se caracteriza por la dicha. Cuando experimentes dicha sabrás que has
alcanzado la paz. Si tienes la sensación de estar cayendo en el
ensimismamiento, repite la idea de hoy de inmediato y luego vuelve al
ejercicio. Haz esto cuantas veces sea necesario. Es ciertamente ventajoso
negarse a buscar refugio en el ensimismamiento, aun si no llegas a experimentar
la paz que andas buscando.
7.
En las sesiones más cortas, que hoy se deben llevar a cabo a intervalos
regulares previamente determinados, di para tus adentros: No hay más voluntad
que la de Dios. Hoy busco Su paz. Trata entonces de hallar lo que buscas. Dedicar
uno o dos minutos cada media hora a hacer este ejercicio -con los ojos cerrados
a ser posible- será tiempo bien empleado.


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