Ofrenda 125 para mi árbol agradecido.
1.
La idea de hoy reafirma tu compromiso con la salvación. También te recuerda que
no tienes ninguna otra función salvo ésa. Ambos pensamientos son obviamente
necesarios para un compromiso total. La salvación no podrá ser tu único
propósito mientras sigas abrigando otros. Aceptar la salvación como tu única
función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación
es tu función, y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo has
inventado.
2.
Ésta es la única manera en que puedes ocupar el lugar que te corresponde entre
los salvadores del mundo. Ésta es la única manera en que puedes decir, y
decirlo en serio: "Mi única función es la que Dios me dio". Y ésta es
la única manera en que puedes encontrar paz.
3.
Hoy, y durante los próximos días, reserva diez o quince minutos para una sesión
de práctica más prolongada, en la que trates de entender y aceptar el verdadero
significado de la idea de hoy. La idea de hoy te ofrece el que puedas escapar
de todas las dificultades que percibes. Pone en tus manos la llave que abre la
puerta de la paz, la cual tú mismo cerraste. Es la respuesta a la incesante
búsqueda en la que has estado enfrascado desde los orígenes del tiempo.
4.
Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo las sesiones de práctica
más largas a la misma hora todos los días. Trata asimismo, de fijar esa hora de
antemano, y de adherirte luego al máximo al horario establecido. El propósito
de esto es organizar tu día de tal manera que hayas reservado tiempo para Dios,
así como para todos los propósitos y objetivos triviales que persigues. Esto es
parte del entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir
disciplina, de modo que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de manera
consistente para el propósito que comparte contigo.
5.
En la sesión de práctica más prolongada, comienza repasando la idea de hoy. Luego
cierra los ojos y repite la idea para tus adentros una vez más, observando tu
mente con gran detenimiento a fin de poder captar cualquier pensamiento que
cruce por ella. Al principio, no trates de concentrarte exclusivamente en aquellos
pensamientos que estén relacionados con la idea de hoy. Trata, más bien, de
poner al descubierto cada pensamiento que surja para obstaculizarla. Toma nota
de cada uno de ellos con el mayor desapego posible según se presente, y
deséchalos uno por uno a medida que te dices a ti mismo: Este pensamiento
refleja un objetivo que me está impidiendo aceptar mi única función.
6.
Después de un rato, te resultará más difícil poder detectar los pensamientos
que causan interferencia. Sigue tratando, no obstante, durante un minuto más o
menos, intentando detectar algunos de los pensamientos vanos que previamente
eludieron tu atención, pero sin afanarte o esforzarte innecesariamente en ello.
Luego repite para tus adentros: Que en esta tabla rasa quede escrita mi
verdadera función. No es preciso que uses estas mismas palabras, pero trata de
tener la sensación de que estás dispuesto a que tus propósitos ilusorios sean
reemplazados por la verdad.
7.
Finalmente, repite la idea de hoy una vez más y dedica el resto de la sesión de
práctica a reflexionar sobre la importancia que dicha idea tiene para ti, el
alivio que su aceptación te ha de brin dar al resolver todos tus conflictos de
una vez por todas, y lo mucho que realmente deseas la salvación, a pesar de tus
absurdas ideas al contrario.
8.
En las sesiones de práctica más cortas, que deben hacerse por lo menos una vez
por hora, usa el siguiente modelo al aplicar la idea de hoy: Mi única función
es la que Dios me dio. No quiero ninguna otra ni tengo ninguna otra. Cierra los
ojos en algunas ocasiones al practicar esto, y en otras, mantenlos abiertos
mientras miras a tu alrededor. Lo que ahora ves será totalmente diferente
cuando aceptes la idea de hoy sin reservas.


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