Ofrenda 246 para mi árbol de milagros
1. Ésta es la afirmación que algún día habrá de erradicar de toda
mente todo vestigio de arrogancia. Éste es el pensamiento de la verdadera
humildad, que no te adjudica ninguna otra función, excepto la que se te ha encomendado.
Dicho pensamiento supone tu aceptación del papel que te fue asignado, sin insistir
en que se te asigne otro. No se detiene a considerar qué papel es el que es
adecuado para ti. Tan sólo reconoce que la Voluntad de Dios se hace tanto en la
tierra como en el Cielo. Une a todas las voluntades de la tierra en el plan
celestial para la salvación del mundo, y les restituye la paz del Cielo.
2. No nos opongamos a nuestra función. No fuimos nosotros quienes
la establecimos. No fue idea nuestra. Se nos han proporcionado los medios para llevarla
a cabo perfectamente. Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel
con genuina humildad, y que no neguemos con un aire de falsa arrogancia que
somos dignos de él. Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que se nos pide
llevar a cabo. Nuestras mentes están perfectamente capacitadas para desempeñar
el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien.
3. Mientras no entiendas su significado, puede que la idea de hoy
te parezca muy ardua. Lo único que dice es que tu Padre te recuerda todavía y
te ofrece la perfecta confianza que tiene en ti, Su Hijo. No te pide que seas
diferente de como eres en modo alguno. ¿Qué otra cosa sino esto podría pedir la
humildad? ¿Y qué otra cosa sino esto podría negar la arrogancia? Hoy no
dejaremos de cumplir nuestro cometido con la engañosa excusa de que es un
insulto a la modestia. Es el orgullo el que se niega a responder a la Llamada
del Propio Dios.
4. Hoy dejaremos a un lado todo vestigio de falsa humildad para
poder escuchar la Voz de Dios revelarnos lo que desea que hagamos. No pondremos
en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que Él nos ofrezca. Sólo
estaremos seguros de que Él conoce nuestras fuerzas, nuestra sabiduría y
nuestra santidad. Y si Él nos considera dignos, es que lo somos. Es sólo la
arrogancia la que opina de otra manera.
5. Hay una manera, y sólo una, de liberarte del encarcelamiento al
que te ha llevado tu plan de probar que lo falso es verdadero. Acepta en lugar
de él el plan que tú no trazaste. No juzgues si eres o no merecedor de él. Si
la Voz de Dios te asegura que la salvación necesita que tú desempeñes tu papel
y que la totalidad depende de ti, ten por seguro que así es. Los arrogantes
tienen que aferrarse a las palabras, temerosos de ir más allá de ellas y de
experimentar lo que podría poner en entredicho su postura. Los humildes, en
cambio, son libres para oír la Voz que les dice lo que son y lo que deben
hacer.
6. La arrogancia forja una imagen de ti que no es real. Ésa es la
imagen que se estremece y huye aterrorizada cuando la Voz que habla por Dios te
asegura que posees la fuerza, la sabiduría y la santidad necesarias para ir más
allá de toda imagen. Tú, a diferencia de la imagen de ti mismo, no eres débil. No
eres ignorante ni impotente. El pecado no puede mancillar la verdad que mora en
ti, ni la aflicción puede acercarse al santo hogar de Dios.
7. Esto es lo que te dice la Voz que habla por Dios. Y según Él te
habla, la imagen se estremece e intenta atacar la amenaza que le resulta
desconocida; al sentir que sus cimientos se derrumban. Abandónala. La salvación
del mundo depende de ti, y no de ese pequeño montón de polvo. ¿Qué podría esa
imagen decirle al santo Hijo de Dios? ¿Por qué tiene él que preocuparse por
ella en absoluto?
8. Y así hallamos nuestra paz. Aceptaremos la función que Dios nos
encomendó, pues toda ilusión descansa sobre la absurda creencia de que podemos
inventar otra función para nosotros. Los papeles que nosotros mismos nos hemos
auto-otorgado son inestables y parecen oscilar entre la aflicción y la dicha
extática del amor y de amar. Podemos reír o llorar, recibir el día de buen
grado o bien recibirlo con lágrimas. Nuestro propio ser parece cambiar según
experimentamos múltiples cambios en nuestro estado de ánimo, y nuestras
emociones nos remontan hacia lo alto o nos estrellan contra el suelo
sumiéndonos en la desolación.
9. ¿Es éste el Hijo de Dios? ¿Habría podido Él crear semejante inestabilidad
y llamarla Su Hijo? Aquel que es inmutable comparte Sus atributos con Su
creación. Ninguna de las imágenes que Su Hijo aparenta forjar afecta lo que él
es. Dichas imágenes revolotean por su mente como hojas arrastradas por el
viento, que forman diseños fugaces y se desbandan para volverse a agrupar hasta
finalmente dispersarse. O como los espejismos que se ven en el desierto.
10. Estas imágenes insustanciales desaparecerán y dejarán tu mente
libre y serena cuando aceptes la función que se te ha encomendado. Las imágenes
que fabricas sólo dan lugar a metas conflictivas, transitorias y vagas,
inciertas y ambiguas. ¿Quién podría mantener un esfuerzo constante o poner
todas sus energías y empeño en metas como éstas? Las funciones que el mundo
tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian por lo
menos diez veces por hora. ¿Qué se puede esperar de metas como éstas?
11. Como bello contraste, tan seguro como el retorno del sol cada
mañana para disipar la noche, tu verdadera función se perfila clara e
inequívocamente. No hay duda acerca de su validez. Pues procede de Uno que no
conoce el error y Cuya Voz está segura de Sus mensajes. Éstos nunca cambiarán
ni estarán en conflicto. Todos ellos apuntan hacia un solo objetivo, el cual
puedes alcanzar. Puede que tu plan sea imposible, pero el de Dios jamás puede
fracasar porque Él es su Fuente.
12. Haz lo que la Voz de Dios te indique. Y si te pide que hagas algo
que parece imposible, recuerda Quién es el que te lo pide y quién el que quiere
negarse. Luego considera esto: ¿Quién de los dos es más probable que esté en lo
cierto? ¿La Voz que habla por el Creador de todas las cosas y que las conoce
exactamente como son, o la distorsionada imagen de ti mismo, que es
inconsistente y está confundida, perpleja e insegura de todo? No permitas que
su voz te dirija. Oye en su lugar una Voz que es inequívoca y que te habla de
la función que te encomendó tu Creador, Quien te recuerda y te exhorta a que te
acuerdes de Él ahora.
13. Su dulce Voz llama desde lo conocido a lo que no conoce. Él
quiere consolarte, aunque no conoce el pesar. Él quiere hacer una restitución,
si bien goza de absoluta plenitud. Él quiere hacerte un regalo, si bien sabe
que ya lo tienes todo. Él tiene Pensamientos que satisfacen cualquier necesidad
que Su Hijo perciba, si bien Él no las ve. Pues el Amor sólo puede dar, y lo
que se da en Su Nombre se manifiesta en la forma más útil posible en un mundo
de formas.
14. Ésas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proceden de
la Amorfía Misma. El perdón es una forma
terrenal de amor, que, como tal, no tiene forma en el Cielo. No obstante, lo
que aquí se necesite, aquí se concederá. Valiéndote de esta forma puedes
desempeñar tu función incluso aquí, si bien el amor significará mucho más para
ti cuando se haya restaurado en ti el estado de amorfía. La salvación del mundo
depende de ti que puedes perdonar. Ésa es tu función aquí.


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