Ofrenda 226 para mi árbol feliz y agradecido por la vida
1. Se te ha dado todo. La confianza que Dios tiene en ti es
infinita. Él conoce a Su Hijo. Él da sin hacer excepciones y sin reservarse
nada que pudiera contribuir a tu felicidad. Sin embargo, a menos que tu
voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus dones. Mas ¿qué podría
hacerte pensar que hay otra voluntad aparte de la Suya?
2. He aquí la paradoja que sirve de fundamento a la fabricación de
este mundo. Este mundo no es la Voluntad de Dios, por lo tanto, no es real. No
obstante, aquellos que creen que lo es no pueden sino creer que hay otra
voluntad, la cual produce efectos opuestos a los que Él dispone. Esto es
claramente imposible, más la mente de aquel que contempla el mundo y lo juzga
como real, sólido, digno de confianza y verdadero cree en dos creadores, o
mejor dicho en uno: él mismo. Mas nunca en un solo Dios.
3. Todo aquel que alberga creencias tan extrañas como éstas no puede
aceptar los dones de Dios, pues se ve obligado a creer que aceptarlos, por muy
evidentes que se vuelvan, por muy grande que sea la urgencia con la que se le
exhorta a reclamarlos como propios, es verse presionado a traicionarse a sí
mismo. Por lo tanto, tiene que negar la existencia de dichos dones, contradecir
la verdad y sufrir para preservar el mundo que él mismo construyó.
4. He aquí el único hogar que cree conocer. He aquí la única
seguridad que cree poder encontrar. Sin ese mundo que él mismo construyó se
siente como un paria, sin hogar y preso del miedo. No se da cuenta de que en
ese mundo es donde en verdad es presa del miedo y donde no tiene un hogar;
donde es un paria que en su vagar se ha alejado tanto de su hogar, y por tanto
tiempo, que no se da cuenta de que se ha olvidado de dónde vino, adónde va, e
incluso de quién es en realidad.
5. No obstante, los dones de Dios lo acompañan en su solitario e
insensato vagar, aunque él no se dé cuenta. No puede perderlos. Pero no ve lo
que se le ha dado. Continúa errante, consciente de la futilidad que le rodea
por todas partes, viendo cómo lo poco que tiene no hace sino menguar, conforme
él sigue adelante sin ir a ninguna parte. Pero aun así, continúa deambulando en la
miseria y en la pobreza, solo, aunque Dios está con él, y en posesión de un
tesoro tan grande que, ante su magnitud, todo lo que el mundo ofrece no tiene
ningún valor.
6. Su aspecto da lástima, está cansado y rendido, viene
harapiento, y los pies están ensangrentados por los abrojos del camino que ha
venido recorriendo. No hay nadie que no se haya identificado con él, pues todo
el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido
derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora. Mas, ¿es su situación
realmente trágica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él
mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y
abrir sus tesoros para ser libre?
7. Este es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar
a la realidad. Éste es el ser que defiendes ferozmente contra toda muestra de
razón, toda prueba, así como contra todos los testigos que te pueden demostrar
que eso no es lo que tú eres. No les haces caso. Sigues el camino que te has
trazado, cabizbajo, no vaya a ser que captes un atisbo de la verdad, te libres
del autoengaño y quedes en libertad.
8. Te retraes temerosamente no vaya a ser que sientas el toque de
Cristo sobre tu hombro y percibas Su amorosa mano apuntando hacia tus dones. ¿Cómo
podrías decir entonces que la pobreza te acompaña en el exilio? Él te haría
reír de semejante percepción de ti mismo. ¿Cómo podrías entonces seguir
teniendo lástima de ti mismo? ¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que
procuraste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha?
9. Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin
la justicia ha dado contigo. Cristo ha puesto Su mano sobre tu hombro, y ya no
te sientes solo. Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no
sea tu verdadera Identidad. Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la
tuya. Tal vez los dones que Él te ha dado son reales. Tal vez tu plan de
mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que
elegiste recorrer separado de tu Ser no lo ha engañado del todo.
10. La Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es. No es a
Dios a Quien has aprisionado con tu plan de querer perder tu Ser. Él no sabe
nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad. Hubo una necesidad que Él no entendió,
y Él simplemente dio una Respuesta. Eso es todo. Y tú, a quien se le ha dado
esa Respuesta, no tienes necesidad de nada más.
11. Ahora vivimos, pues ahora no podemos morir. El deseo de morir ha
recibido respuesta, y la vista mediante la cual se contemplaba a la muerte ha
sido sustituida por una visión que percibe que tú no eres lo que pretendes ser.
Uno que marcha a tu lado le ofrece a cada uno de tus temores esta piadosa respuesta:
"Eso no es cierto". Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime,
Él te recuerda todos los dones que posees, y cuando te percibes solo y
atemorizado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.
12. Y te recuerda también algo más que tú habías olvidado. Pues al
tocarte ha hecho que seas igual que Él. Los dones que posees no son sólo para
ti. Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte. Esta es la
lección que está implícita en lo que Él da, pues Él te ha salvado de la soledad
que quisiste forjar para ocultarte de Dios. Él te ha recordado todos los dones
con los que Dios te bendijo. Te habla asimismo de aquello en lo que se ha de
convertir tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que son tuyos.
13. Los dones de Dios te pertenecen, y se te han confiado para que se
los des a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te
has escapado. Ellos no entienden que lo único que están haciendo es ir en pos
de sus deseos. Ahora eres tú quien les tiene que enseñar. Pues has aprendido de
Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. Les puedes enseñar esto
demostrándoles la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo
y que reconocen los dones de Dios. No permitas que tus pesares te tienten a no
ser fiel a tu cometido.
14. Tus suspiros no harían ahora sino truncar las esperanzas de
aquellos que cuentan contigo para su liberación. Tus lágrimas son las suyas. Si
enfermas, no haces sino impedir su curación. Tus temores no hacen sino
enseñarles que los suyos están justificados. Tu mano se convierte en la que
otorga el toque de Cristo; tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de
que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada. Se te ha
encomendado liberar al mundo de su dolor.
15. No lo defraudes. Conviértete en la prueba viviente de lo que el
toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo. Dios te ha confiado Sus dones.
¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la
mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! Ésa es tu misión ahora.
Pues Dios les ha encomendado a todos los que reciben Sus dones que a su vez los
den. Él ha compartido Su gozo contigo. Ahora tú vas a compartirlo con el mundo.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario