Ofrenda 224 en mi árbol de gratitud
1. ¿En qué otro momento sino ahora mismo puede reconocerse la
verdad? El presente es el único tiempo que hay. Y así, hoy, en este mismo
instante, ahora mismo, podemos contemplar lo que se encuentra ahí eternamente,
no ante nuestra vida sino ante los ojos de Cristo. Él mira más allá del tiempo
y ve la eternidad representada allí. Él oye los sonidos que engendra el
insensato y ajetreado mundo, aunque muy levemente. Pues más allá de ellos Él
oye el himno del cielo y la voz que habla por Dios con más claridad, con más
sentido y más de cerca.
2. El mundo desaparece fácilmente ante su vista. Sus sonidos se
vuelven más tenues. Una melodía procedente de mucho más allá del mundo se vuelve
cada vez más clara: una Llamada Ancestral a la que Cristo da una respuesta
ancestral. Tú reconocerás tanto una como otra, pues no son sino tu propia
respuesta a la llamada que te hace tu padre. Cristo responde por ti, haciéndose
eco de tu Ser, usando tu voz para dar Su jubiloso consentimiento y aceptando tu
liberación por ti.
3. ¡Cuán santas son tus prácticas hoy, al darte Cristo su visión, al
oír por ti y al contestar en tu nombre la Llamada que Él oye! ¡Cuán serenos son
los momentos que pasas con Él, más allá del mundo! ¡Cuán fácilmente te olvidas
de todos tus aparentes pecados y dejas de recordar todos tus pesares! En este
día se dejan de lado las aflicciones, pues a ti, que hoy aceptas los dones que
él te da, te resultan claros los sonidos y las vistas procedentes de aquello
que está más cerca de ti que el mundo.
4. Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz
ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido. Hay en ti una
sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado. Hoy
recordarás todo esto. La fe con la que practiques hoy te aportará recompensas
tan grandes y tan radicalmente diferentes de todas las cosas que antes
perseguías, que sabrás que ahí está tu tesoro y tu descanso.
5. Este es el día en que todas las vanas imaginaciones se
descorren como si de una cortina se tratase, para revelar lo que se encuentra
tras ellas. Ahora se hace visible lo que realmente está ahí, mientras que todas
las sombras que parecían ocultarlo simplemente se sumergen en la nada. Ahora se
recupera el equilibrio, y la balanza del juicio se deja en manos de Aquel que
juzga correctamente. Y mediante Su juicio, se desplegará ante tus ojos un mundo
de perfecta inocencia. Ahora lo contemplarás con los ojos de Cristo. Ahora su
transformación te resultará evidente.
6. Hermano, éste es un día sagrado para el mundo. La visión que se
te ha concedido, la cual procede de mucho más allá de todas las cosas del
mundo, las contempla ahora bajo una nueva. luz. Y lo que ves se convierte en la
curación y salvación del mundo. Tanto lo valioso como lo insignificante se percibe
y se reconoce tal como es. Y lo que es digno de tu amor recibe tu amor, y no
queda nada que puedas temer.
7. Hoy no juzgaremos. No recibiremos sino aquello que nos llega
procedente de un juicio que se emitió desde más allá del mundo. Nuestras
prácticas de hoy se convierten en un regalo de gratitud por nuestra liberación
de la ceguera y de la aflicción. Todo cuanto veamos no hará sino aumentar
nuestra dicha, pues su santidad refleja la muestra. 5Nos alzamos perdonados
ante los ojos de Cristo, tal como el mundo se alza perdonado ante los nuestros.
Bendecimos al mundo al contemplarlo en la luz en la que nuestro Salvador nos
contempla a nosotros, y le ofrecemos la libertad que se nos ha dado a través de
Su visión redentora, no a través de la nuestra.
8. Descorre la cortina durante tus prácticas renunciando
simplemente a todo lo que crees desear. Guarda tus frívolos tesoros, y deja un
espacio limpio y despejado en tu mente donde Cristo pueda venir a ofrecerte el
tesoro de la salvación. Él necesita tu santísima mente para salvar al mundo. ¿Acaso
no es este propósito digno de ser tu objetivo? ¿No es la visión de Cristo algo
digno de procurarse en lugar de todos los objetivos mundanos que no producen
ninguna satisfacción?
9. No dejes que este día transcurra sin que los regalos que tiene
reservados para ti reciban tu aprobación y aceptación. Si los reconoces,
podemos cambiar el mundo Tal vez no puedas ver el valor que tu aceptación de
ellos le ofrece al mundo. Pero sin duda quieres esto: poder cambiar todo sufrimiento
por dicha hoy mismo. Practica con fervor y ése será tu regalo. ¿Iba Dios a
engañarte? ¿Podría dejar Él de cumplir Su promesa? ¿Le negarías lo poco que te
pide cuando Sus Manos le ofrecen a Su Hijo la salvación en su totalidad?


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