Ofrenda 202 para mi árbol florido 2020
Puedes
sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que
te imaginas.
Dedicar
este día a sentirte agradecido te aportará el beneficio adicional de poder
tener un atisbo de lo grande que ha sido tu progreso y de los regalos que has
recibido.
Da
gracias de que Él no te haya abandonado, y de que Su Amor ha de refulgir por
siempre sobre ti, eternamente inmutable.
Elevaremos
hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza,
y alzaremos nuestros ojos agradecidos, que ya no mirarán al suelo. Hoy
entonaremos el himno de gratitud, en honor al Ser que Dios ha dispuesto que sea
nuestra verdadera Identidad en Él. Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos y
marcharemos con paso ligero según seguimos adelante a llevar a cabo nuestro
cometido.
No
caminamos solos. Y damos gracias de que a nuestra soledad haya venido un Amigo
a traernos la Palabra salvadora de Dios. Gracias a ti por escucharlo. Su Palabra
es muda si no se la oye. Al darle las gracias a Él se te dan a ti también.
Un
mensaje que no se haya oído no puede salvar al mundo, por muy poderosa que sea
la Voz que lo comunique o por muy amoroso que sea el mensaje.
Gracias
a ti que has oído, pues así te vuelves el mensajero que lleva la Voz de Él
consigo y que la deja resonar por todo el mundo.
Acepta
las gracias que Él te da y dale las tuyas durante quince minutos en dos ocasiones
hoy. Y comprenderás a Quién le das las gracias, y a Quién le da Él las gracias
según tú se las das a Él.
Acepta
las gracias que Él te da, y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su
Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es
Su gratitud hacia ti.
Enseguida
Repaso Lección 124 Que no me olvide de que soy uno con Dios.
Volvemos
a dar gracias de que nuestra Identidad se encuentre en Dios.
Nuestro hogar está
a salvo; nuestra protección garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos a
nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto
emprendamos.
No
podemos fracasar en nada. Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor
que bendice y que sana. En unión con Dios y con el universo seguimos adelante
llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con
nosotros a todas partes.
¡Cuán santas son nuestras mentes! Todo
cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo
misma.
¡Cuán
fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna!
Nuestras
luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro Compañero
en nuestro breve recorrido por el mundo.
Y
aquellos que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la luz que nos
acompaña se rezaga; si bien, no se separa de nosotros según seguimos adelante.
Lo
que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aquellos que han de venir
después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotros
por algún tiempo. Y Dios, que nos ama a todos con el amor equitativo con el que
fuimos creados, nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.
Hoy
no pondremos en duda Su Amor por nosotros, ni cuestionaremos Su protección ni
Su cuidado Ninguna absurda ansiedad podrá venir a interponerse entre nuestra fe
y nuestra conciencia de Su Presencia. Hoy somos uno con Él en reconocimiento y
en recuerdo. Lo sentimos en nuestros corazones. Sus Pensamientos se encuentran
en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos.
Hoy vemos únicamente lo amoroso y lo que es digno de amor.
Lo
vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz.
Lo
vemos en los que están desesperados; en los tristes y en los compungidos, en
los que creen estar solos y amedrentados y a todos se les devuelve la
tranquilidad y la paz interior en la que fueron creados. Y lo vemos igualmente
en los moribundos y en los muertos, restituyéndolos así a la vida. Y podemos
ver todo esto porque primero lo vimos en nosotros mismos.
A
aquellos que saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún
milagro. Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma
de sufrimiento en cualquier persona, sea ésta de tiempos pasados o aún por
venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado. Sus
pensamientos son intemporales, y no tienen nada que ver con el tiempo ni con la
distancia.
Nos
unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios. Pues con estas
palabras afirmamos también que estamos sanos y salvos, y que podemos salvar y
sanar. Ahora queremos dar lo que hemos recibido. Pues queremos conservar los
regalos que nuestro Padre nos dio. Hoy deseamos tener la experiencia de que
somos uno con Él.
¡Que la paz sea contigo hoy! Asegura tu
paz practicando la conciencia de que eres uno con tu Creador, tal como Él es
uno contigo. En algún punto hoy, cuando te parezca más conveniente, dedica
media hora al pensamiento de que eres uno con Dios. Hoy confiaremos en que la
Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de
fallar. Mora en Él durante esa media hora. Él se encargará del resto.
Esta
media hora estará enmarcada en oro, y cada minuto será como un diamante
incrustado alrededor del espejo que este ejercicio te ofrece. Y verás en él la
faz de Cristo, reflejando la tuya.
Tal
vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta
santa media hora te presenta para que te mires en él. Cuando estés listo, la
encontrarás allí, en tu mente, en espera de ser hallada. Recordarás entonces el
pensamiento al que dedicaste esta media hora, y lleno de agradecimiento te
darás cuenta de que jamás habrías podido invertir mejor el tiempo.
Y
puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás,
comprenderás y verás. Añade más gemas al marco dorado que rodea al espejo que
hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros: Que no me olvide de
que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna
paz y santidad.


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