Ofrenda 199 para mi árbol agradecido.
1. Con esto se acaban todas
las decisiones. Pues con ésta lección llegamos a la decisión de aceptarnos a
nosotros mismos tal como Dios nos creó. ¿Y qué es elegir sino tener
incertidumbre con respecto a lo que somos? No hay duda que no esté arraigada en
esto. No hay pregunta que no sea un reflejo de ello. No hay conflicto que no
entrañe la simple pregunta: "¿Qué soy?"
2. Mas ¿quién podría hacer
esta pregunta sino alguien que se ha negado a reconocerse a sí mismo? Sólo esta
negativa a aceptarte a ti mismo es lo que hace que la pregunta parezca sincera.
Lo único que cualquier cosa viviente puede saber con certeza es lo que ella es.
Desde esta perspectiva de certeza, contempla otras cosas que tienen tanta
certeza como ella misma.
3. Tener incertidumbre con
respecto a lo que indudablemente eres es una forma de auto-engaño tan monumental,
que es difícil concebir su magnitud. Estar vivo y no conocerte a ti mismo es
creer que en realidad estás muerto. Pues, ¿qué es la vida sino ser lo que eres?
Y ¿qué otra cosa sino tú podría estar viva en tu lugar? ¿Quién es el que duda? ¿De
qué es de lo que duda? ¿A quién le pregunta? ¿Quién le puede responder?
4. Está simplemente
declarando que él no es quien realmente es, y, por lo tanto, al creer ser otra
cosa, se convierte en inquisidor de lo que esa otra cosa es. Sin embargo, no
podría estar vivo si no supiese la respuesta. Si pregunta como si no supiese,
ello es señal de que no quiere ser lo que es. Mas él ha aceptado lo que es
puesto que vive; también ha juzgado contra ello y negado su valor; y ha
decidido que desconoce la única certeza mediante la cual vive.
5. De esta manera, se
vuelve inseguro con respecto a su vida, pues lo que ésta es, él mismo lo ha
negado. Esta negación es lo que hace que tengas necesidad de la Expiación. Tu
negación no cambió en nada lo que eres. Pero tú has dividido tu mente en dos
partes: una que conoce la verdad y otra que no. Tú eres tú mismo. De esto no
hay duda. Sin embargo, lo dudas. Más no te preguntas qué parte de ti es la que
puede realmente poner en duda lo que eres. Aquello que hace esa pregunta no
puede realmente ser parte de ti. Pues le hace la pregunta a alguien que sabe la
respuesta. Mas si fuese parte de ti, entonces la certeza sería imposible.
6. La Expiación pone fin a
la extraña idea de que es posible dudar de ti mismo y no estar seguro de lo que
realmente eres. Esto es el colmo de la locura. Sin embargo, es la pregunta
universal del mundo. ¿Qué puede eso significar, sino que el mundo está loco? ¿Por
qué compartir su locura aceptando la desafortunada creencia de que lo que aquí
es universal es verdad?
7. Nada de lo que el mundo
cree es verdad. Pues el mundo es un lugar cuyo propósito es servir de hogar
para que aquellos que dicen no conocerse a sí mismos puedan venir a cuestionar
lo que son. Y seguirán viniendo hasta que se acepte la Expiación y aprendan que
es imposible dudar de uno mismo, así como no ser consciente de lo que se es.
8. Lo único que se te puede
pedir es tu aceptación, pues lo que eres es algo incuestionable. Lo que eres
fue establecido para siempre en la santa Mente de Dios y en la tuya propia. Está
tan lejos de cualquier duda o de que se cuestione que inquirir lo que debe ser
es prueba suficiente de que crees en la contradicción de que no sabes aquello
que es imposible que no sepas. ¿Es esto una pregunta, o bien una afirmación que
se niega a sí misma? No sigamos tolerando que nuestras santas mentes se
entretengan en semejantes insensateces.
9. Tenemos una misión aquí.
No vinimos a reforzar la locura en la que una vez creímos. No nos olvidemos del
objetivo que aceptamos. Vinimos a alcanzar mucho más que nuestra propia felicidad.
Lo que aceptamos ser, proclama lo que todo el mundo no puede sino ser junto con
nosotros. No les falles a tus hermanos, pues, de lo contrario, te estarás
fallando a ti mismo. Contémplalos con amor, para que puedan saber que forman
parte de ti y que tú formas parte de ellos.
10. Esto es lo que la
Expiación enseña, y lo que demuestra que la unidad del Hijo de Dios no se ve
afectada por su creencia de que no sabe lo que es. Acepta hoy la Expiación, no
para cambiar la realidad, sino simplemente para aceptar la verdad de lo que
eres, y luego sigue tu camino regocijándote en el infinito Amor de Dios. Esto
es lo único que se nos pide hacer. Esto es lo único que haremos hoy.
11. Dedicaremos cinco
minutos por la mañana y cinco por la noche a tener presente nuestro cometido de
hoy. Comenzaremos con este repaso acerca de nuestra misión: Aceptaré la
Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me creó. No hemos perdido
el conocimiento que Dios nos dio cuando nos creó semejantes a Él. Podemos
recordarlo por todos, pues en la creación todas las mentes son una. Y en
nuestra memoria yace el recuerdo de lo mucho que en verdad amamos a nuestros
hermanos, de lo mucho que cada mente es parte de nosotros, de cuán fieles nos
han sido realmente y de cómo el Amor de nuestro Padre los incluye a todos.
12. Como muestra de
gratitud por toda la creación, y en el Nombre de su Creador y de Su Unidad con
todos los aspectos de la creación, reiteramos hoy nuestra dedicación a nuestra
causa cada hora, dejando a un lado todos los pensamientos que nos pudiesen
desviar de nuestro santo propósito. Durante varios minutos deja que tu mente
quede libre de todas las disparatadas telarañas que el mundo quiere tejer en
torno al santo Hijo de Dios. Y date cuenta de lo frágiles que son las cadenas
que parecen mantener fuera de tu conciencia el conocimiento de ti mismo, según
repites: Aceptaré la Expiación para mí mismo, pues aún soy tal como Dios me
creó.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario