Ofrenda 126 para mi árbol agradecido.
1.
Seguramente habrás notado que en nuestras lecciones más recientes hemos hecho
hincapié en la conexión que existe entre desempeñar tu función y alcanzar la
felicidad. Esto ha sido así porque realmente tú no ves la conexión. Sin embargo,
se trata de algo más que una simple conexión: son una misma cosa. La manera en
que cada una se manifiesta es distinta, pero el contenido es exactamente el mismo.
2.
El ego está batallando constantemente con el Espíritu Santo en torno a la
cuestión fundamental de cuál es tu función. También batalla con Él
constantemente con respecto a qué es tu felicidad. No es ésta una batalla que
tenga dos contendientes. El ego ataca y el Espíritu Santo no responde. Él sabe
cuál es tu función. Él sabe que es tu felicidad.
3.
Hoy intentaremos ir más allá de esta batalla completamente absurda y arribar a
la verdad con respecto a tu función. No nos vamos a enfrascar en argumentos
fútiles con respecto a lo que es tu función. No vamos a tratar inútilmente de
definir lo que es la felicidad ni de determinar los medios para alcanzarla. No vamos
a gratificar al ego escuchando sus ataques contra la verdad. Sencillamente nos
alegraremos de que podemos descubrir lo que ésta es.
4.
El propósito de la sesión de práctica larga de hoy es que aceptes el hecho de
que no sólo existe una conexión muy real entre la función que Dios te dio y tu
felicidad, sino que ambas cosas son, de hecho, lo mismo. Dios te da únicamente
felicidad. Por lo tanto, la función que Él te dio tiene que ser la felicidad,
aunque parezca ser otra cosa. Los ejercicios de hoy son un intento de ir más
allá de estas diferencias de aspecto y de reconocer un contenido común allí
donde en verdad lo hay.
5.
Comienza la sesión de práctica de diez o quince minutos reflexionando sobre
estos pensamientos: Dios me da únicamente felicidad. Él me ha dado mi función. Por
lo tanto, mi función tiene que ser la felicidad. Trata de ver la lógica en esta
secuencia, incluso si aún no aceptas la conclusión. Únicamente si los dos primeros
pensamientos son erróneos, podría ser falsa la conclusión. Reflexionemos,
entonces, por un rato sobre estas premisas según practicamos.
6.
La primera premisa es que Dios te da únicamente felicidad. Esto, desde luego,
podría ser falso, pero para que fuese falso sería preciso definir a Dios como
algo que Él no es. El Amor no puede dispensar maldad, y lo que no es felicidad
es maldad. Dios no puede dar lo que no tiene, ni puede tener lo que Él no es. Si
Dios no te diese únicamente felicidad, ciertamente sería malvado. Y ésa es la
definición que crees acerca de Él si no aceptas la primera premisa.
7.
La segunda premisa afirma que Dios te ha dado tu función. Hemos visto que tu
mente sólo tiene dos partes. Una de ellas la gobierna el ego y se compone de
ilusiones. La otra es la morada del Espíritu Santo, donde reside la verdad. Sólo
puedes escoger entre estos dos guías, y los únicos resultados que pueden
proceder de tu elección son el miedo que el ego siempre engendra o el amor que
el Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.
8.
Así pues, o bien fue Dios Quien estableció tu función a través de Su Voz, o
bien fue el ego, que tú inventaste para reemplazarlo a Él. ¿Cuál de estas
posibilidades es verdad? A menos que hubiese sido Dios Quien te dio tu función,
ésta sólo podría ser un regalo del ego. Mas ¿qué regalos puede dar el ego, cuando
él mismo es una ilusión y lo único que puede ofrecer son regalos ilusorios?
9.
Piensa en esto durante tu sesión de práctica más larga de hoy. Piensa asimismo
en las múltiples formas que tu ilusoria función ha adoptado en tu mente, y en
las muchas maneras por las que, guiado por el ego, trataste de encontrar la
salvación. ¿La encontraste? ¿Te sentiste feliz? ¿Te brindaron paz? Hoy necesitamos
ser muy honestos. Recuerda objetivamente los resultados que lograste y examina
si en algún momento fue razonable pensar que podías encontrar felicidad en nada
que el ego jamás propusiera. Con todo, la única alternativa para la Voz del
Espíritu Santo es el ego.
10.
Prestarás oídos a la locura, o bien oirás la verdad. Trata de hacer tu elección
mientras reflexionas sobre las premisas en las que se basa nuestra conclusión. Podemos
concurrir con esta conclusión, pero no con ninguna otra, toda vez que Dios
Mismo concurre con nosotros al respecto. La idea de hoy es otro paso gigantesco
hacia la percepción de lo que es lo mismo como lo mismo y de lo que es
diferente como diferente. A un lado están las ilusiones. Al otro, la verdad. Tratemos
hoy de darnos cuenta de que sólo la verdad es verdad.
11.
Para las sesiones de práctica más cortas, que hoy te resultarán muy
beneficiosas si las llevas a cabo dos veces por hora, sugerimos la siguiente
forma de aplicación:
Mi
función y mi felicidad son una porque Dios me dio las dos.
No
te tomará más de un minuto, y probablemente menos, repetir estas palabras
lentamente y pensar en ellas por un rato mientras las dices.


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