Día 37/365 06 Febrero 2020.
Cuando
era jovencita mi madre me decía: “no lo hagas enojar” y así nunca tendrás
problemas, a las mujeres de mi clan nunca se les reconoció ningún derecho,
menos el de hablar, el lema era: “usted se calla” ¡váyase para adentro! –“No
sea anteponente ni antepoche” no tenía definición para esas palabras porque era
una niña, pero si recuerdo la carga de ellas, tu voz no tiene valor.
Por eso ahora me dedico a enseñar a las
mujeres a usar su voz y más aún en una tribuna, en una tarima y con un
micrófono.
Solo
hace falta mirar un poco hacia atrás para recordar la paradójica anécdota de la
Revolución Francesa: los símbolos de las victorias por la defensa de los
derechos ciudadanos eran femeninos. En cambio, cuando las mujeres reivindicaron
sus derechos como ciudadanas fueron pasadas por la guillotina.
De mi autor favorito Eduardo
Galeano. les comparto estas dos historias:
Primera:
“Hay
criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más,
como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de
propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno,
ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por
miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre
es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.
Segunda:
En
épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en
la popa. Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las
aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas,
preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban
a los hijos y curtían las pieles de abrigo.
Así
era la vida entre los indios onas y los yaganes, en la Tierra del Fuego, hasta
que un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron las máscaras
que las mujeres habían inventado para darles terror.
Solamente
las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras ellas crecían,
los asesinos les decían y repetían que servir a los hombres era su destino.
Ellas lo creyeron. También lo creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas.
En
en 2014 mi lema fue: Mujer... ¡Despierta! “La mujer dormida debe dar a luz” pero aun
no confiaba en mis palabras, por eso han han pasado 6 años para que entendiera y comprendiera que
el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; que reconocer mis
derechos es un grado más elevado de conciencia. Que el potente imperio de la
naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y
mentiras. Que a la luz de la verdad disipará las nubes de la necedad y la
usurpación.
"El
hombre esclavo" ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las femeninas para
romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera.
¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! este es un canto a la libertad. Habla, declama,





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