jueves, 6 de febrero de 2020

Derechos humanos

Día 37/365 06 Febrero 2020.

Hoy estuve en la Comisión Nacional de Derechos Humanos y pensé: "Ninguna persona o institución puede o debe hacer ese trabajo por mi" -Soy yo quien debo reclamarme mi derecho a ser escuchada, respetada, elegida, votada, retribuida o recompensada." Y que empoderarme equivale a reconocerme como una e igual con todos.
Cuando era jovencita mi madre me decía: “no lo hagas enojar” y así nunca tendrás problemas, a las mujeres de mi clan nunca se les reconoció ningún derecho, menos el de hablar, el lema era: “usted se calla” ¡váyase para adentro! –“No sea anteponente ni antepoche” no tenía definición para esas palabras porque era una niña, pero si recuerdo la carga de ellas, tu voz no tiene valor.

Hace apenas unos años la mujer tiene voz, pero no palabras, muchas intimidadas creímos el embuste de nuestros ancestros: “usted se calla” ¡váyase para adentro! –“No sea anteponente ni antepoche.” 

Por eso ahora me dedico a enseñar a las mujeres a usar su voz y más aún en una tribuna, en una tarima y con un micrófono.

Solo hace falta mirar un poco hacia atrás para recordar la paradójica anécdota de la Revolución Francesa: los símbolos de las victorias por la defensa de los derechos ciudadanos eran femeninos. En cambio, cuando las mujeres reivindicaron sus derechos como ciudadanas fueron pasadas por la guillotina.
 
De mi autor favorito Eduardo Galeano. les comparto estas dos historias: 

Primera:
“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.


Segunda:
En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa. Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban a los hijos y curtían las pieles de abrigo.

Así era la vida entre los indios onas y los yaganes, en la Tierra del Fuego, hasta que un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron las máscaras que las mujeres habían inventado para darles terror.

Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras ellas crecían, los asesinos les decían y repetían que servir a los hombres era su destino. Ellas lo creyeron. También lo creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas.


En en 2014 mi lema fue: Mujer... ¡Despierta! “La mujer dormida debe dar a luz” pero aun no confiaba en mis palabras, por eso han han pasado 6 años para que entendiera y comprendiera que el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; que reconocer mis derechos es un grado más elevado de conciencia. Que el potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. Que a la luz de la verdad disipará las nubes de la necedad y la usurpación.

"El hombre esclavo" ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las femeninas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera.


¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! este es un canto a la libertad. Habla, declama, 
canta, escribe, enseña. El mundo necesita de tu luz.


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