Mi ofrenda 161 para mi árbol agradecido
1. Hoy continuaremos con el tema de la
felicidad. Esta idea es esencial para poder comprender el significado de la
salvación. Todavía crees que la salvación requiere que sufras como penitencia
por tus "pecados". Pero no es así. No obstante, no podrás evitar
pensar que lo es, mientras sigas creyendo que el pecado es real y que el Hijo
de Dios puede pecar.
2. Si el pecado es real, entonces el castigo
es justo e ineludible. La salvación, por lo tanto, sólo se puede obtener
mediante el sufrimiento. Si el pecado es real, la felicidad no puede sino ser
una ilusión, pues ambas cosas no pueden ser verdad. Los que pecan sólo merecen
muerte y dolor, y por eso es por lo que claman. Pues saben que eso es lo que
les espera, y que los buscará y que en algún punto y en algún lugar los
encontrará, de modo que puedan saldar la deuda que tienen con Dios. Debido a su
terror, tratan de escaparse de Él. Mas Él los seguirá persiguiendo y ellos no
podrán escapar.
3. Si el pecado es real, la salvación tiene
que ser el dolor. El dolor es el costo del pecado, y si el pecado es real el
sufrimiento es inevitable. La salvación no puede sino ser temible, pues mata,
aunque lentamente, y antes de otorgar el deseado favor de la muerte a las
víctimas que están casi en los huesos antes de haber sido apaciguada, los
despoja de todo. Su ira es insaciable e inclemente, aunque totalmente justa.
4. ¿Quién buscaría un castigo tan brutal? ¿Quién
no huiría de la salvación, intentando por todos los medios ahogar la Voz que se
la ofrece? ¿Por qué habría de tratar de escuchar y aceptar Su ofrecimiento? Si
el pecado es real, lo que le ofrece es la muerte, que le inflige cruelmente
para que esté a la par de los perversos deseos de donde nace el pecado. Si el
pecado es real, la salvación se ha vuelto tu enemigo acérrimo, la maldición de
Dios contra ti que crucificaste a Su Hijo.
5. Hoy necesitas las sesiones de práctica. Los
ejercicios te enseñan que el pecado no es real y que todo lo que crees que
inevitablemente ha de ocurrir como consecuencia de él jamás podrá suceder, pues
carece de causa. Acepta la Expiación con una mente receptiva que no abrigue la
creencia de que has hecho del Hijo de Dios un demonio. El pecado no existe. Practicaremos
hoy este pensamiento tan a menudo como nos sea posible, pues es la base de la
idea de hoy.
6. La Voluntad de Dios para ti es perfecta
felicidad, toda vez que el pecado no existe y el sufrimiento no tiene causa. La
dicha es justa, y el dolor no es sino señal de que te has equivocado con
respecto a ti mismo. No tengas miedo de la Voluntad de Dios. Por el contrario, ampárate en ella con la
absoluta confianza de que te liberará de todas las consecuencias que el pecado
ha forjado en tu febril imaginación.
Di: La Voluntad de Dios para mí es perfecta
felicidad.
El
pecado no existe ni tiene consecuencias. Así es como debes dar comienzo a tus
sesiones de práctica. Luego intenta otra vez encontrar la dicha que estos
pensamientos le brindarán a tu mente.
7. Da gustosamente estos cinco minutos, para
eliminar la pesada carga que te has echado encima al abrigar la demente creencia
de que el pecado es real. Escápate hoy de la locura. Ya estás firmemente
plantado en el camino que conduce a la libertad, y ahora la idea de hoy te da
alas para acelerar tu progreso y esperanza para que vayas aún más deprisa hacia
la meta de paz que te aguarda. El pecado no existe. Recuerda esto hoy, y repite
en silencio tan a menudo como puedas: La Voluntad de Dios para mí es perfecta
felicidad. Ésa es la verdad, pues el pecado no existe.


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