Ofrenda 221 en mi frondoso árbol de vida 2020
1. Hoy vamos a practicar de manera diferente, y a pronunciarnos en
contra de nuestra ira de modo que nuestros temores puedan desaparecer y darle
cabida al amor. He aquí la salvación, en las simples palabras con las que
practicamos la idea de hoy. He aquí la respuesta a toda tentación, pues jamás
puede dejar de darle la bienvenida al Cristo allí donde antes imperaban la ira
y el miedo. Aquí se consuma la Expiación, el mundo se transpone sin riesgo alguno
y el Cielo queda restaurado. He aquí la respuesta que te da la Voz que habla
por Dios.
2. La condición natural de la mente es una de abstracción total. Mas
una parte de ella se ha vuelto antinatural. No ve todo como si fuese uno solo, sino
que ve únicamente fragmentos del todo, pues sólo de esa manera puede forjar el
mundo parcial que tú ves. El propósito de la vista es mostrarte aquello que
deseas ver. Todo lo que oyes le trae a la mente únicamente los sonidos que ésta
desea oír.
3. Así fue como surgió lo concreto. Y ahora son las cosas
concretas las que tenemos que usar en nuestras prácticas. Se las entregamos al
Espíritu Santo, de manera que Él las pueda utilizar para un propósito diferente
del que nosotros les conferimos. Él sólo se puede valer, para instruirnos, de
lo que nosotros hicimos, pero desde una perspectiva diferente, a fin de que
podamos ver otro propósito en todo.
4. Un hermano es todos los hermanos. Y en cada mente se encuentran
todas las mentes, pues todas las mentes son una. Ésta es la verdad. No
obstante, ¿aclaran estos pensamientos el significado de la creación? ¿Te
brindan estas palabras perfecta claridad? ¿Qué parecen ser sino sonidos huecos;
bellos tal vez, correctos en el sentimiento que expresan aunque
fundamentalmente incomprendidos e incomprensibles? La mente que se enseñó a sí
misma a pensar de manera concreta ya no puede aprehender la abstracción en el
sentido del abarcamiento total que ésta representa. Necesitamos poder ver un
poco para poder aprender mucho.
5. Nos parece que es el cuerpo el que coarta nuestra libertad, el
que nos hace sufrir y el que finalmente acaba con nuestras vidas. Sin embargo,
los cuerpos no son sino símbolos de una forma específica de miedo. El miedo
desprovisto de símbolos no suscita respuesta alguna, pues los símbolos pueden
representar lo que no tiene sentido. El amor, al ser verdad, no tiene necesidad
de símbolos. Pero el miedo, al ser falso, se aferra a lo concreto.
6. Los cuerpos atacan; las mentes no. Este pensamiento nos hace
pensar sin duda en el texto, en el que se subraya con frecuencia. Ésta es la
razón por la que los cuerpos se convierten tan fácilmente en símbolos del
miedo. Se te ha instado en innumerables ocasiones a que mires más allá del
cuerpo, pues lo que éste ve es el símbolo del "enemigo" del amor que
la visión de Cristo no ve. El cuerpo es el blanco del ataque, ya que nadie
piensa que lo que odia sea una mente. Sin embargo, ¿qué otra cosa sino la mente
le ordena al cuerpo a que ataque? ¿Qué otra cosa podría ser la sede del miedo
sino lo que piensa en el miedo?
7. El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco. Tiene que
percibir un enemigo de tal forma que éste se pueda tocar, ver, oír y finalmente
matar. Cuando el odio se posa sobre algo, exige su muerte tan inequívocamente
como la Voz de Dios proclama que la muerte no existe. El miedo es insaciable y
consume todo cuanto sus ojos contemplan, y al verse a sí mismo en todo, se
siente impulsado a volverse contra sí mismo y destruirse.
8. Quien ve a un hermano como un cuerpo lo está viendo como el
símbolo del miedo. Y lo atacará, pues lo que contempla es su propio miedo
proyectado fuera de sí mismo, listo para atacar, y pidiendo a gritos volver a
unirse a él otra vez: No subestimes la intensidad de la furia que puede producir
el miedo que ha sido proyectado. Chilla de rabia y da zarpazos en el aire
deseando frenéticamente echarle mano a su hacedor y devorarlo.
9. Esto es lo que contemplan los ojos del cuerpo en uno que el
Cielo tiene en gran estima, los ángeles aman y Dios creó perfecto. Ésta es su
realidad. Y en la visión de Cristo su hermosura se ve reflejada de una manera
tan santa y tan bella que apenas podrías contener el impulso de arrodillarte a
sus pies. Mas en lugar de ello tomarás su mano, pues tú eres semejante a él en
la visión que lo ve así. El ataque que lanzas contra él es lo que es tu
enemigo, pues te impide percibir que en sus manos está tu salvación. Pídele únicamente
eso y él te la dará. No le pidas que sea el símbolo de tu miedo. ¿Pedirías
acaso que el amor se destruyese a si a mismo? ¿O preferirías que te fuese
revelado y que te liberase?
10. Hoy vamos a practicar de una manera que ya hemos intentado antes.
Ya estás más preparado, y hoy te acercarás más a la visión de Cristo. Si te
propones alcanzarla, hoy lo lograrás. Y una vez que la hayas alcanzado, no
estarás dispuesto a aceptar los testigos que convocan los ojos del cuerpo. Lo
que verás te traerá con su cántico el recuerdo de melodías ancestrales. El
Cielo no se ha olvidado de ti. ¿No te gustaría acordarte de él?
11. Selecciona a un hermano para que sea el símbolo de los demás y
pídele la salvación. Visualízalo primero tan claramente como puedas, de la
misma manera en que estás acostumbrado a verlo. Observa su rostro, sus manos,
sus pies, su ropa. Obsérvalo sonreír, y ve los gestos que le has visto hacer
tan a menudo que ya te resultan familiares. Luego piensa en esto: lo que estás
viendo ahora te impide ver a aquel que te puede perdonar todos tus pecados,
arrancar con sus sagradas manos los clavos que atraviesan las tuyas y quitar de
tu ensangrentada frente la corona de espinas que tú mismo te pusiste. Pídele lo
siguiente para que él pueda liberarte: Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.
Quiero contemplarte con los ojos de Cristo, y ver en ti mi perfecta
impecabilidad.
12. Y Aquel a Quien has invocado te responderá. Pues oirá en ti la
Voz que habla por Dios y te responderá con la tuya. Contempla ahora a aquel que
tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti.
La idea de hoy es la manera de escaparte del miedo y de la ira. Cerciórate de
repetirla inmediatamente en caso de sentir la tentación de atacar a un hermano
y de percibir en él el símbolo de tu miedo. Y lo verás cambiar súbitamente de
enemigo a salvador; de demonio al Cristo.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario